Debido a un verano ártico fresco y nublado, el mínimo anual de este año fue el más alto desde 2014: el hielo cubrió casi 1 millón de kilómetros cuadrados más que la extensión del año pasado. “Incluso con el calentamiento global y la tendencia general a la baja en el hielo marino, todavía existe una variabilidad natural”, explica Walt Meier, científico investigador principal de NSIDC, que tiene su sede en la Universidad de Colorado Boulder, en una nota que acaba de publicar la revista Nature.

El verano de 2021 ha sido más frío y nublado de lo normal, debido en parte a patrones de baja presión atmosférica en el hemisferio norte.

En junio y julio, la baja presión débil en el Ártico central impidió que vientos más cálidos del sur entraran en la zona. Esto mantuvo el aire frío y evitó que parte del hielo se derritiera. La baja presión también provoca la formación de nubes que bloquean la luz solar. Esto puede ralentizar aún más la fusión.

Los investigadores recuerdan que, aunque en determinados años puede haber más hielo de lo que es habitual en la época de mínimos tras el verano, la tendencia es a la baja. “Incluyendo este año, los últimos 15 años han tenido las 15 extensiones árticas mínimas más bajas registradas”, ha recordado Meier.

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