Y es que, una vez que el cohete completó la entrada del módulo espacial comenzó un descenso descontrolado hacia la atmósfera de la Tierra y no está claro dónde aterrizará. Es la tercera vez que pasa y en la que se denuncia a China por no controlar adecuadamente los desechos espaciales. Siendo una construcción tan grande, son unas 21 toneladas de metal, que se romperá en cuanto entre en la atmósfera, hay posibilidades de que algunas piezas, las de mayor tamaño, sí alcancen la superficie. Es poco probable que golpee a alguien en la Tierra, pero las posibilidades son mucho mayores de lo que muchos especialistas espaciales consideran tolerables. Las dos últimas misiones tuvieron reingresos caóticos en la atmósfera, de ahí la preocupación de qué es lo que podría suceder esta vez. Aunque el riesgo de que caiga sobre un área densamente poblada es muy pequeño, sigue existiendo la posibilidad de que esto suceda.

 

El problema de los desechos espaciales

La basura espacial, como los viejos satélites, entran en la atmósfera terrestre a diario, aunque la mayor parte pasa desapercibida porque se quema mucho antes de tocar el suelo. Solo los desechos espaciales más grandes, como naves espaciales y piezas de cohetes, representan un riesgo -aunque pequeño- para los humanos y la infraestructura en tierra.

El enorme cohete fue creado especialmente para desplegar componentes en la estación espacial Tiangong de China y este último módulo de laboratorio añadido aumentará la capacidad de estudio científico de la estación.

China aspira a convertirse en una potencia espacial importante para 2030 para mantenerse al día con sus rivales, incluidos EE. UU., Rusia y la Agencia Espacial Europea, y crear la estación espacial más avanzada que orbite la Tierra. Tiangong 3 se encuentra en órbita baja terrestre a unos 425 kilómetros sobre la superficie.

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