Hace más de diez años se descubrió un fósil en Madagascar. Los restos quedaron en el olvido porque ningún especialista supo identificar exactamente qué especie tenían delante. Con apenas el tamaño de un perrito, fue depositado en los almacenes de la Universidad de Stony Brook, en Nueva York. Allí permaneció a la espera de que algún investigador volviera a atreverse a resolver su puzle. La ocasión llegó en 2012, cuando la paleontóloga Kristina Curry Rogers rescató del olvido al misterioso fósil. Rogers, del Departamento de Biología y Geología de Macalester College, en el estado de Minnesota, es experta en titanosaurios y cuando observó el fósil, veía un esqueleto de titanosaurio pero en miniatura. Fue entonces cuando descubrieron que el fósil pertenecía a una cría de Rapetosaurus krausei

La importancia del fósil está en que, a pesar de su corta edad, guarda las mismas proporciones que los esqueletos de sus parientes adultos solo que en tamaño mini. A partir de esta evidencia, el equipo de investigación liderado por Kristina Rogers determinó que los bebés de estos dinosaurios gigantes nacían con la capacidad de andar y, seguramente, de comer por sí solos

“Este patrón difiere del observado en muchos grupos de dinosaurios contemporáneos, como los terópodos y los ornitisquios, para los cuales las evidencias sugieren que el cuidado de los padres era importante”.

Rapetosaurus fosil dinosaurio

Fósil de Rapetosaurus krausei en el Museo Field de Chicago | Wikimedia.

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