Según Axios, el memorando también incluiría el compromiso iraní de no desarrollar armas nucleares.
Sin embargo, el futuro de las reservas iraníes de uranio enriquecido continúa siendo uno de los principales puntos de fricción y sería objeto de negociaciones posteriores.
Pese al optimismo mostrado por responsables estadounidenses, desde Irán han surgido mensajes más cautelosos.
La agencia de noticias Tasnim, citando una fuente cercana a los negociadores iraníes, aseguró que el texto aún no ha sido finalizado y que Pakistán, mediador de las conversaciones, será informado únicamente cuando exista un acuerdo definitivo.
Fuentes iraníes citadas por medios locales también insistieron en que cualquier anuncio oficial deberá proceder de Teherán y no únicamente de la Casa Blanca.
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Irán busca asegurar el suministro de bienes esenciales
Mientras continúan las negociaciones diplomáticas, las autoridades iraníes intentan contener las consecuencias económicas del conflicto.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, aseguró el viernes que está dispuesto a implicarse personalmente en los esfuerzos para garantizar la llegada de bienes básicos y medicamentos al país.
«Si es necesario, consultaré personalmente con los líderes de los países vecinos y socios regionales para que cualquier obstáculo al suministro y transporte de bienes esenciales y medicamentos pueda resolverse lo antes posible», afirmó, según un comunicado de la presidencia iraní.
Las declaraciones se produjeron durante una reunión con ministros económicos, el gobernador del banco central y otros altos funcionarios centrada en acelerar las importaciones de productos básicos, medicamentos y nuevas rutas comerciales alternativas.
Pezeshkian pidió ampliar el uso de corredores de transporte alternativos y aprovechar mejor las capacidades logísticas de los países vecinos para evitar interrupciones en el suministro.
También instó a reforzar la cooperación con Pakistán, Rusia y Azerbaiyán, así como a aumentar el uso de los puertos iraníes del norte del país.
Durante la reunión se estudiaron además mecanismos para incrementar las importaciones a través de pasos fronterizos terrestres y evaluar la viabilidad de importar medicamentos y otros productos esenciales desde China mediante conexiones ferroviarias.
El mandatario también reclamó una mayor implicación del ministerio de Relaciones Exteriores en la búsqueda de soluciones económicas.
«Todas las capacidades políticas, económicas y regionales del país deben utilizarse para facilitar la adquisición, el transporte, el despacho y la entrada de bienes básicos y medicamentos», afirmó.
Según la presidencia iraní, las consultas mantenidas con países vecinos ya han permitido ampliar la capacidad operativa de varios pasos fronterizos y rutas alternativas de transporte.
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Una economía bajo presión
Detrás de los esfuerzos del Gobierno iraní por abrir nuevas rutas comerciales y asegurar el suministro de productos básicos se encuentra una economía cada vez más golpeada por los efectos de la guerra.
Desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, el rial iraní ha perdido cerca del 25% de su valor frente al dólar estadounidense, pasando de alrededor de 1,4 millones a casi 1,75 millones de riales por dólar. La depreciación de la moneda ha encarecido los bienes esenciales y los medicamentos, aumentando la presión sobre millones de familias iraníes.
A las dificultades derivadas de la caída de la moneda se suma el bloqueo naval impuesto por Estados Unidos. Washington aseguró esta semana que había desviado 100 buques comerciales para impedir su entrada o salida de puertos iraníes, una medida que ha dificultado aún más el comercio exterior del país y ha obligado a Teherán a buscar rutas alternativas para mantener el flujo de importaciones y exportaciones.
En este contexto, garantizar el abastecimiento de alimentos, medicamentos y otros productos esenciales se ha convertido en una prioridad para las autoridades iraníes, que intentan evitar que el deterioro económico termine agravando aún más el impacto social de la guerra.
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Meses de guerra y mediación
La guerra comenzó el 28 de febrero, cuando Estados Unidos se sumó a la ofensiva israelí contra Irán. Los bombardeos alteraron rápidamente el equilibrio de poder en Teherán y acabaron con la vida del líder supremo de Irán, Ali Jamenei, además de otros altos mandos militares y cientos de civiles.
La respuesta iraní no tardó en llegar. Teherán consolidó un control de facto sobre el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más sensibles del planeta y paso obligado para una parte significativa del comercio mundial de petróleo. Al mismo tiempo, lanzó misiles y drones contra varios países árabes del Golfo aliados de Washington, ampliando el conflicto más allá de las fronteras iraníes y sembrando incertidumbre en una región que durante años había intentado proyectar estabilidad.
Tras semanas de enfrentamientos y una creciente preocupación internacional por el riesgo de una escalada mayor, Pakistán logró mediar un alto el fuego que entró en vigor el 7 de abril. Aunque la tregua ha resistido hasta ahora, sigue siendo frágil y periódicamente se ve puesta a prueba por incidentes y acusaciones cruzadas entre las partes.
Desde entonces, Islamabad ha intensificado sus esfuerzos diplomáticos para transformar ese cese de hostilidades en un acuerdo más amplio y duradero. El objetivo es no solo evitar una nueva guerra, sino también garantizar la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz y sentar las bases para una solución política a las disputas que siguen enfrentando a Washington y Teherán, especialmente en torno al programa nuclear iraní.
Las negociaciones actuales son consideradas por muchos observadores como la oportunidad más seria hasta la fecha para convertir una tregua precaria en un acuerdo capaz de reducir las tensiones regionales y alejar el riesgo de una nueva confrontación.







