“Un grupo de buques de guerra chinos y rusos navegaron uno al lado de los otros a traves del extremo sur de la zona económica exclusiva de Japón el 19 de julio. Los marineros japoneses observaron las embarcaciones fotografiándolas realizando ejercicios (…) Fue la primera vez que Japón capturó y publicó un verdadero simulacro de disparos dentro de su zona económica exclusiva. Las imágenes como tales fueron poco nítidas, pero el mensaje quedó claro: la presion de China esta creciendo. El incidente fue sólo el último de una serie de provocaciones recientes contra los aliado asiáticos de América (…) Mister Trump está enredado en Iran, sacando recursos y atención del Pacífico (…) Los líderes de Asia deben explicarle la situacion directamente a Trump de que China está desafiando la posición de los EE.UU. como superpotencia dirigente -y que sus ambiciones militares van de la mano de sus ambiciones industriales, tecnológicas y económicas”

(“China is testing America’s defence lines in Asia”, The Economist, agosto 1/7 de 2026)

Texto editado del informe sobre la situación interncional del autor de esta nota para la reunion de mitad de año realizada por zoom y con la participación de delegaciones de varios países de nuestra Corriente Internacional Socialismo o Barbarie.

Hay una enorme complejidad en la situación internacional; el mundo es un rompecabezas con demasiados elementos superpuestos imposibles de abordar en un solo texto. La realidad mundial es hoy “caleidoscópica” y no es fácil ubicarse dentro de dicha totalidad. Además, nuestra corriente tiene como centro la Argentina, que es, en este momento, un lugar de mirada demasiado periférico de los desarrollos internacionales (para colmo, acelerados) que están más concentrados en el hemisferio norte: EEUU, China, la guerra de Ucrania, Golfo Pérsico, Gaza, etcétera.

Hay una explosión de temáticas muy complejas como la IA y su impacto en la sociedad humana y el mundo del trabajo, catástrofes climáticas a repetición en momentos donde domina el negacionismo climático, procesos como las guerras y la remilitarizacion acelerada del mundo, etc.[1]

Y, por otro lado, como bipolo, vivimos la emergencia de una nueva clase trabajadora en materia del trabajo por aplicación, peleas obreras en Corea del Sur alrededor de la problemática de la robotización de la industria, la inmensa solidaridad humana desarrollada por abajo en Venezuela cuando el trágico terremoto, marchas en Bolonia contra el asesinato de un migrante marroquí, la juventud en la India, Albania, etc.

Daremos entonces una serie de definiciones sobre alguna de estas temáticas en el contexto general de nuestro texto “La era de la combustión” de agosto del año pasado, que pensamos que tiene completa vigencia.[2]

1- 

El primer elemento a tener en cuenta sobre la situación mundial es que hay un quiebre del orden internacional. Estamos en un momento de transición bastante caótico. Los elementos clásicos que componen el análisis de la situación mundial son la lucha de clases, la economía y la geopolítica (Trotsky). Pero en los últimos años la mayoría de los desarrollos han estado dominados, sobredeterminados por la geopolítica, aunque ésta siempre está entrelazada con la lucha de clases y la economía (existe un hilo invisible que unifica guerra y revolución, amén de que la economía es siempre el sustrato material de los desarrollos).

Alex Callinicos, en una obra de cuatro años atras que nos parece unilateral porque se le pierde el hilo entre catastrofe y revolución, aporta sin embargo elementos valiosos de análisis de la situación mundial. Subraya algo evidente en estos momentos: la rivalidad entre EE.UU. y China es hoy el elemento estructurante de la (geo) política internacional. Afirma que antes de la primera presidencia de Trump esta era todavía una tendencia, pero que a partir de la ella (2016), Trump la transformó en real al lanzar la guerra comercial contra China en marzo de 2018. Y que Joe Biden no hizo más que confirmar dicha centralidad (Callinicos, The New Age of Catastrophe, 2023, 86).[3]

A partir de la caótica segunda presidencia de Trump (desde comienzos del 2024), grosso modo, terminó de estallar el orden de la posguerra, con Trump peleándose con los aliados tradicionales de los EE.UU. (el último “incidente” de esta pelea es la guerra comercial con Canadá), y se ingresó en una situación de indeterminación, regionalización y/o desorden internacional. Esto coloca como horizonte algo que no estaba realmente en el viejo orden (que varios autores describieron como una suerte de “conflicto pautado” entre EE.UU. y la ex URSS): la tendencia a un enfrentamiento militar internacional interimperialista, aunque nadie sepa en qué plazo.

Es evidente que el foco principal de dicho enfrentamiento -ya no proxi como es en parte en Ucrania, sino directo- entre potencias imperialistas (viejas y nuevas) está en el Asia-Pacífico y es Taiwán: “La TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company) es el más importante productor de chips avanzados en el mundo, responsable de casi el 90% de los más avanzados nodos de producción. La mayoría de las plantas de TSMC están concentradas en el propio Taiwán, al que Pekin se reserva el derecho a invadirlo si considera necesaria dicha acción con el objetivo de reunificar la isla con el continente chino” (Callinicos, idem, pp. 88).[4]

Los conflictos no se están pudiendo resolver con negociaciones (amén de que emergen acuerdos regionales como el de Turquía, Pakistán, Arabia Saudi y muchos otros); domina la fractura en el desarrollo de los acontecimientos, y eso hace prever que para dirimir las relaciones de fuerzas se den choques físicos. Es evidente que el otro foco de conflicto militar que se desprende de la guerra en Ucrania, es la tensión existente y creciente entre Rusia y la UE.

A la vez, existe una clima de creciente polarización en la lucha de clases porque hay demasiada presión desde la extrema derecha, y a pesar de la contencion que ejercen las organizaciones centristas, las direcciones tradicionales, las confrontaciones pueden salirse de los palacios y tomar las calles, desbordarse. De hecho, es lo que está ocurriendo en muchos casos.

El orden internacional que dominó el mundo desde la segunda posguerra está cuestionado y no se sabe bien cómo se va a terminar de forjar uno nuevo y por qué medios. De momento conviven los elementos “caóticos”, por asi llamarlos, junto con las instituciones tradicionales forjadas en la posguerra. Hay una competencia exacerbada entre Estados y empresas vinculadas a dichos Estados que hace pensar que la sangre puede llegar al río: “(…) el orden mundial está en flujo, está en crisis, y se tiende a rediseñar un nuevo orden mundial que todavía no tiene forma y que no se sabe si podrá tenerlo sin un previo paso por un choque de fuerzas materiales. Dicho concretamente, guerras de mayor intensidad. Es en este último sentido que predomina un «caos sin orden a la vista», donde el orden anterior está en completa crisis y no se sabe qué nuevo orden viene” (“La era de la combustión”, izquierda web).

2- 

Esa crisis convive con una situación económica en la que no se terminó de romper la globalización. No se pasó a un dominio de economías autárquicas tipo la entreguerra del siglo pasado, pero hay fracturas en los circuitos del capital, rediseños de esos circuitos, etc. El eje geopolítico que vertebra todo es el ya señalado: la competencia entre EEUU y China, que se ha agravado en el último periodo. La idea de que China podía ser absorbida y contenida por la globalización entró en crisis ya desde la presidencia de Obama (2008/2016), cuando EE.UU. definió algo que aun no pudo realizar: el giro estratégico de la atención al Asia-Pacífico. Pasamos de un mundo regido por el neoliberalismo y la globalización a uno donde tienen mucho peso las esferas de influencia; cada imperialismo tiende a dominar un área y trata de sacar de allí a la competencia (un ejemplo es lo que intenta hacer Trump en Centro y Latinoamérica).

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Lo que se vive, en suma, es una dramática crisis de “gobernanza internacional” entre la vieja configuración del mundo y una nueva. Y parece inevitable que surja de un choque militar entre potencias imperialistas (viejas y nuevas): el grado de polarización y de competencia acérrima en todos los terrenos es tan grande que no se ve, al menos por ahora, como ese curso podría evitarse.

3- 

La centralidad de la geopolítica se agravó geométricamente con la segunda presidencia de Trump, que tiene una lógica territorial y transaccional (es decir, tiene una lógica territorial y no globalista más allá de sus idas y venidas permanentes que cada día lo desprestigian más). Hay una división en la burguesía yanqui entre la lógica de Trump de enfrentamiento, crisis, choques, territorialización, etc., a pesar de no tener la fuerza para imponerla, y otro sector de la burguesía que preferiría volver al viejo orden atlantista-globalista consensual (la división no es alrededor del enfrentamiento con China, pero sí con los elementos de ruptura con los aliados históricos de EE.UU.).

Esto genera indeterminación, sobre todo porque no se sabe bien cuál es el diseño del mundo de Trump, mientras que el otro diseño -al que de todas maneras es muy dificil de volver- estaba claro: “El arte negociador del presidente de Estados Unidos se está volviendo contra Washington. Al igual que tras su fallida guerra comercial contra China, su conflicto con Teherán termina con beneficios para la República Islamica. Lo que divide al bando republicano. Esto ya se notaba en Washington a principios de junio. Ni siquiera los republicanos más cercanos al gobierno, que al inicio defendían la guerra contra Irán, encontraban ya argumentos para justificar los cambios de rumbo de Trump sobre los objetivos de la guerra, sus declaraciones contradictorias («Nunca prometí no empezar nuevas guerras») o absurdas («Me encanta la inflación»). Tampoco había nadie que desmintiera que Irán cuenta ahora con un medio de disuación enorme gracias al control de Ormuz” (“El «rey Trump» está desnudo y sus rivales están sacando conclusiones”, Sin permiso, 26/06/26).

En estos momentos hay una competencia extrema, exacerbada, por territorios, recursos naturales, petroleo, gas, tierras raras, semiconductores, etc., que lleva a una suerte de “militarización de la geografía”. Parte de esta dinámica es la remilitarización de los Estados europeos que, de repente, se encuentran que parten de demasiado atrás en la carrera armamentística: “La guerra en Ucrania ha demostrado que incluso el equipamiento militar estadounidense más sofisticado está entrando en obsolescencia debido a la llegada de la guerra con drones asistidos por IA (…) el gasto de interceptores de misiles en Medio Oriente significa que ahora quedan pocos disponibles para Ucrania” (La Nación, “Estamos en el comienzo de la Tercera Guerra Mundial? Hay cinco razones para preocuparse”, Bret Stephens, 28/08/26).[5]

Bajo la presión de Putin y la de Trump, la UE está metida en una carrera por la remilitarización aumentando sus presupuestos militares porque desconfía que los EE.UU. trumpistas la vayan a proteger.

Tienen mucho peso las guerras en la coyuntura internacional, guerras que se alargan en el tiempo y son pesadas: todo el mundo señala que las guerras en Ucrania y en Medio Oriente están convergiendo en una suerte de un único conflicto que agudiza la militarización de los desarrollos: “Mi argumento se basa en los orígenes de la II Guerra Mundial, que no comenzó simplemente con la invasión alemana de Polonia, el 1 de septiembre de 1939. Más bien, fue una acumulación de guerras regionales y crisis, iniciada con la invasión japonesa de Manchuria, en 1931, que poco a poco se transformó en un único conflicto global” (Bret Stephens, La Nación, 28/08/26).

4- 

Da la impresión de que se está entrando -en realidad, ya entramos- en una nueva era de los extremos, en la que las relaciones de fuerzas se resuelven de manera física, militar y no consensual, como estábamos acostumbrados en el periodo anterior. Como ya señalamos, hay un hilo invisible que une guerra y revolución. Al llevar a las sociedades a situaciones tan extremas, se preparan cataclismos sociales, rebeliones, revoluciones.

Hay en curso dos grandes guerras -cada vez más vinculadas- y un genocidio. La de Ucrania ya entró en su quinto año, e introdujo nuevos elementos como la guerra de drones, además de provocar la remilitarización en Europa. El conflicto ucraniando se ha complejizado enormemente. La oligarquía ucraniana esta dividida en dos bandos, ha habido recientemente un proceso de movilización popular alrededor del mando del ejército, Zelensky resiste pero está siendo cuestionado, los elementos de guerra proxi interimperialista se han intensificado aun si el elemento de autodeterminación nacional sigue presente.

“Ucrania, en su quinto año de guerra total, ha desarrollado una economía de defensa sin precedentes antes de 2022. En 2025, la capacidad de producción de la industria de defensa ucraniana se ha multiplicado por 35 desde el inicio de la invasión -pasando de 1000 millones de dólares (900 millones de euros) a 35.000 millones de dólares (31.600 millones de euros)-, y la fabricación nacional representa el 76% del total de la contratación pública en materia de defensa, frente al 44% de 2024 (…) En cuanto a drones interceptores, la robótica terrestre y los drones navales, Ucrania no tiene ningún competidor a su altura -aunque Rusia está recuperando terreno en la producción de drones FPV y mantiene una superioridad tecnológica en ciertos sistemas de guerra electrónica y de interferencia-. En ninguno de estos ámbitos la industria de defensa occidental ofrece un equivalente probado en combate. Es esta base tecnologica acumulada –construida desde abajo, gracias a iniciativa ciudadana y a la producción distribuida, sin equivalencias en las industrias armamentísticas occidentales– las que estas industrias buscan ahora absorber [es decir, las industrias capitalistas occidentales].

 

Dos facciones de la clase capitalista se disputan el control de esta economía, las condiciones de ese control y los intereses a los que servirá”

 

(Adam Novak, “Ucrania. Tras las protestas: poder, capital y economía de defensa”, Sin permiso, 25/07/26).[6]

La guerra entre EEUU e Irán parece no tener fin (está estancada en una situación de ni paz ni guerra marcada por rondas de amenazas, disparos, reuniones infructuosas, etc.). Ya es consensual que ha sido el peor error de la administracion Trump meterse en ese conflicto de manera improvisada, haciéndole seguidismo a Netanyahu, creyendo que podría ganarse fácilmente, haciendo declaraciones rimbombantes sin efecto, mostrando a cielo abierto la debilidad de los Estados Unidos, aún a pesar de los daños bien reales infligidos a la población, la economía y la infraestructura iraní (y ni hablar de la economía mundial con el estrecho de Ormuz aún cerrado). Y el genocidio palestino es dramático, histórico; es el mayor genocidio político después de la Segunda Guerra Mundial.

5- 

Parte de este mismo proceso es el desarrollo de la extrema derecha, con elementos ultra reaccionarios, de asalto a la razón, de cuestionamiento a las conquistas del movimiento de masas y de trabajadores de las últimas décadas, y que está en un proceso de radicalización, aunque también con muchos signos de debilidad.

La gran pregunta es de dónde salió semejante escalada ascendente de la extrema derecha. La mayoría de los análisis marxistas serios señalan que es un error la idea de la repeticion mecánica de la secuencia luego de la Revolución Rusa: primero la revolucion y luego la contrarrevolucion. Esto hoy no es así: en el contexto marcado por el neoliberalismo extremo de los últimos 40 años, la precarización de las condiciones de vida de amplios sectores de masas, el estancamiento económico en Occidente que viene desde la crisis del 2008, la deslocalización industrial, etc., así como en la subsecuente crisis del sistema de partidos tradicionales y la crisis de alternativa socialista tras la caida del muro de Berlín aun no resuelta -aunque crecen las pulsiones anticapitalistas, sobre todo entre la juventud- ese ha sido y es el caldo de cultivo del crecimiento de la extrema derecha en los EE.UU., Europa y Latinoamérica.

La extrema derecha está actuando de manera preventiva y como ariete frente a la presión capitalista incremental y sin limites de hacerle pagar a las y los trabajadores y la juventud los costos de la crisis estructural del capitalismo (el estancamiento económico no superado de la crisis del 2008).

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Referido específicamente a Francia, y aunque diferimos de su perpectiva frente populista, Ugo Palheta señala algo correcto:

“Una de las coordenadas centrales de la situacion politica en Francia se desarrolla entre estos dos elementos: de un lado los gobiernos impusieron una serie de regresiones sociales sin poder llegar hasta el final en su proyecto de reconfiguración neoliberal, del otro lado, la izquierda radical y los movimientos sociales, suficientemente poderosos para retardar la puesta en práctica de este proyecto [pero negandose a cuestionar de manera sistematica la gobernabilidad, agregamos nosotros], no han sido capaces de construir una verdadera alternativa de poder. Es en parte en esta falla que RN (Ressemblement National) ha construido su éxito, sin olvidarnos que su presencia en la segunda ronda de las elecciones presidenciales en tres oportunidades de los últimos cinco escrutinios le han dado credibilidad como principal opositor”

 

(Palheta, «Comment le fascisme gagne la France»; Éditions La Découverte; 2025: 120).

6- 

Al mismo tiempo, hay contrapesos que señalamos cuando decimos que hay que mirar el mundo con los dos ojos, que los medios y la intelectualidad no ven, que son los elementos de bipolaridad, de reversibilidad dialéctica de los desarrollos. A EEUU le resultó bastante “fácil” el secuestro de Maduro y dominar Venezuela (luego del dramático terremoto en Venezuela, crece el descontento con el régimen entreguista de Delcy Rodriguez y también con los mismos EE.UU.), pero vive una derrota militar indisimulable en Irán. Esta derrota no es emancipatoria porque la conducción de Irán es súper reaccionaria, y no tiene comparación con Vietnam, que además provocó movilizaciones de masas en EEUU. Hoy en EEUU hay movilizaciones de vanguardia por Gaza, hay repudio masivo a la guerra con Irán (aunque sin movilizaciones), pero en las masas iraníes no está ese elemento emancipatorio:

“Es totalmente posible describir esta guerra como un acto de agresión imperialista sin respalsar así [por ello] a la República Islámica. La posición correcta es reconocer que incluso un estado capitalista reaccionario [independiente, agregamos nosotros] tiene derecho a resistir el ataque militar de Israel y los Estados Unidos, sin crear ilusiones políticas o estratégicas sobre ese Estado en sí.

 

“La defensa de los pueblos iraní y palestino requiere una movilización masiva, no solo contra la agresion extranjera, sino tambien contra las fuerzas nacionalistas y religiosas dentro de sus propias sociedades. En última instancia, tales fuerzas se acomodan al imperialismo o persiguen una estrategia catastrófica de «victoria» a toda costa [es decir, no basada en una movilización emancipatoria de las masas, agregamos nosotros], mientras en realidad apoyan regímenes cuya corrupción, desigualdad y represión genera el mismo descontento social que ayuda a desestabilizarlos”

 

(Yassamine Mather, “Guerra EE.UU.-Israel contra Irán: punto muerto y peligro de escalada”, Sin permiso, 24/07/26). Sin embargo, desde el punto de vista objetivo EEUU recibió un cachetazo tremendo en Iran.[7]

7- 

Afirmamos que estamos en una coyuntura internacional marcada entre elementos de un interregno y una reacción de la extrema derecha, porque, al mismo tiempo, hay elecciones pautadas para los próximos meses que van a ser muy importantes para apreciar la dinámica de las cosas. Las de EEUU, aunque son de medio término, son claves para la región y el mundo todo: no es lo mismo si Trump gana o pierde las elecciones, da perspectivas y potencialidades muy distintas. Hay una batalla de encuestas, pero si pierde queda muy golpeado. En estos momentos, a pesar de las maniobras que intenta hacer en el sistema electoral, Trump estaría quedando en minoría en ambas cámaras -el régimen electoral yanqui se basa en los Estados con lo cual el gobierno federal tiene poca injerencia en el mismo.

En Brasil también las encuestas van y vienen entre Lula y Flavio Bolsonaro; se juega la consolidación de la extrema derecha (reacción) o que reciba un cachetazo que la haga retroceder (interregno). En Argentina es igual: la movilización del 6 de agosto le dio un golpe tremendo al gobierno y lo dejó a la defensiva abriendo una coyuntura más favorable para las masas trabajadoras. La dinámica es incierta, pero muestra que hay polaridad en la lucha de clases, que no se puede hablar solamente de Trump: hay que hablar también del movimiento No Kings, de Minneapolis, etc. Hay una desconexión entre la superestructura y la sociedad civil, que se modernizó en muchos aspectos a pesar del crecimiento de la extrema derecha.

En Brasil, no ha habido grandes luchas del movimiento sindical tradicional, pero hay un nuevo metabolismo de la lucha de clases donde entran nuevos actores: para el 1° de septiembre hay una nueva huelga de repartidores (Breque) que puede ser enorme. Entonces, por un lado la extrema derecha se radicalizó, y por otro hay desarrollos a izquierda desde el punto de vista social. Y también políticos: dentro de EEUU, por ejemplo, con el DSA –aunque el DSA sea, como organización, un frente único de tendencias muy fragmentarias- moviliza sobre todo electoralmente sentimientos progresivos de reforma y transformación social.

En la Argentina se dio vuelta la opinión pública. Hay una ruptura mayoritaria de la población con el gobierno y venimos de una jornada histórica como la del 6 de agosto. El gobierno de Milei se viene apoyando en el régimen y en la burguesía, pero no ha logrado poder de movilización.

8- 

Hay una dialéctica entre etapa y coyuntura. La coyuntura aparece dominada por la extrema derecha con elementos de “bipolaridad intermitentes” por la izquierda, y la etapa está cocinando a fuego lento algo grueso, en lo militar pero también en la lucha de clases: se están cocinando las rebeliones y revoluciones del siglo XXI. Las presiones que están ejerciendo la economía capitalista y la extrema derecha sobre las sociedades son insoportables, y plantean un reinicio de la experiencia histórica en la respuesta -desde abajo- a estas condiciones extremas.[8]

Por otra parte, hay varios temas nuevos que requieren una elaboración específica. Uno es la IA, a la que se procesa muy distópicamente pero tiene su reversibilidad: puede ser una fuerza productiva o destructiva, puede significar la emancipación de la explotación del trabajo aplicada en un cuadro no capitalista, autenticamente socialista. Otro tema es que se están viviendo todas las consecuencias del cambio climático: los incendios en Europa, el Súper Niño, etc. Hay que abordar estas temáticas, siempre sin perder de vista los elementos de bipolaridad, de lucha de clases, los elementos abiertos en la coyuntura internacional que van hacia la izquierda.

También hay una serie de discusiones estratégicas, por ejemplo, entre antiimperialismo y campismo, que tiene mucha importancia porque un sector de la izquierda es campista pro rusa y no internacionalista y otro cede al imperialismo tradicional. En el enfrentamiento entre China y EEUU nuestra corriente no elige ningún campo porque es un enfrentamiento interimperialista; nuestra posición es independiente, desde el punto de vista de la clase trabajadora, internacionalista. Hay otra discusión estratégica entre independencia de clase y conciliación de clases, como en Brasil con la capitulación del PSoL a Lula. Y otra es la del problema de la soberanía nacional (que se expresó en la Argentina), entre el justo derecho de autodeterminación nacional o los movimientos de emancipación nacional como el de Palestina versus el nacionalismo en sentido lato, que es otra cosa, es una bandera de unidad nacional que separa la lucha antiimperialista de la lucha anticapitalista.

Estas discusiones clásicas reaparecen en este marco internacional complejo, en el que todavía falta una irrupción política de la clase trabajadora que ordene las discusiones y les ponga un sello anticapitalista.

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9- 

Estamos en un momento de gran densidad histórica, donde se combinan aspectos de gran profundidad que significan quiebres con la dinámica anterior. Que EEUU esté perdiendo en cierta medida la hegemonía internacional es un hecho de gran importancia. El pasaje de un orden que se vino abajo, un momento de irresolución hacia un nuevo orden, y que eso no pueda ocurrir sin un enfrentamiento sangriento aunque no ocurra de un día para el otro, es un hecho de gran densidad histórica. También lo son la IA con las incertidumbres que despierta de que se salga del control humano, el calentamiento global que esta provocando cada vez mas catástrofes, etc.

La dialéctica entre etapa y coyuntura -o etapa y situación- tiene otro aspecto: ¿cómo se pasa de la catástrofe a la revolución? Ocurre que todas estas cosas ocurren sobre el cuerpo vivo de la sociedad y eso significa que el péndulo político puede ir de extrema derecha a extrema izquierda cuando la sociedad reaccione.

El aspecto estructural no va a cambiar porque ganen Lula o Trump, pero en la coyuntura los resultados electorales tienen enorme importancia. La incertidumbre se termina canalizando por la vía electoral, y eso es un elemento de peso. El espectro político está muy corrido a la derecha, pero hay mucha polarización social, política y electoral, que hace que un resultado u otro no den lo mismo, aunque no resuelvan el problema estructural.

En Brasil todos los días se modifican las encuestas, la elección aparece muy polarizada entre Lula y Flavio Bolsonaro. Pero eso convive con el breque del 1° de septiembre, con el tema de la Amazonía y la lucha de las poblaciones originarias. También en la Argentina se ve la bipolaridad, en el cambio de coyuntura que produjo el cachetazo a Milei del 6 de agosto. Se superpone la “épica de la dramaticidad” de los acontecimientos con la épica de la lucha de clases. Trump recibió un cachetazo en Minneapolis y no pudo volver a asediar ciudades, aunque el ICE cambió de estrategia y mantiene su cuota estalinista de detenciones de migrantes.

Entonces, ver el mundo con los dos ojos significa poder delimitar un poco los elementos de la etapa de los de la coyuntura para ver todo el cuadro de situación, porque si no se hace demasiado agobiante.

Los elementos de la etapa son de mucha incertidumbre, se juegan cosas pesadas y es difícil prever el rumbo. Los de la coyuntura también traen incertidumbre pero aparecen momentos de resolución, como las elecciones en determinadas fechas. Y los elementos de bipolaridad conviven y significan límites a la extrema derecha. La extrema derecha no es lo mismo que el fascismo: se desarrolla en las redes sociales y ese tipo de mediaciones. Salvo cuando hablamos del Estado sionista, hablar de “fascismo” sirve propagandísticamente pero no es lo mismo que la extrema derecha, que no logra movilizar mayormente multitudes ni organizar mas alla de grupusculos fasistoides.

Esa delimitación entre etapa, coyuntura y bipolaridad sirve para el análisis y para delimitar las temáticas, que son profundas, “pesadas” y una exigencia para que la corriente no se quede atrás. Son presentadas por los medios de manera distópica porque con el dominio de las redes sociales, lo que habría que separar aparece todo junto, aunque no tenga la misma dinámica ni el mismo peso.


[1] El verano europeo ha sido de los más calurosos que se tenga memoria y Europa es el continente que se calienta más rápidamente en todo el mundo: “El año pasado la UE vio más de 1 millón de hectáreas quemándose; este año puede quebrarse dicho récord. Y no es solo un verano. El continente se está calentando más rápido que cualquier otro. Debido a que tiene décadas por delante de empeoramiento, necesita prepararse” (TE, agosto 1/7 de 2026).

[2] Remitimos también a los textos de nuestro compañero Marcelo Yunes “Trump se empantana en Irán” y “La crisis de la Unión Europea”, que aportan sólidos elementos de análisis geopolítico.

[3] Callinicos resume las distintas etapas del imperialismo (imperialismo abordado, correctamente, como un constructo de economía y política): a) la fase clásica del imperialismo (1870-1945), dominado por la partición del mundo entre grandes potencias; b) la segunda fase, la de dos “imperialismos súper poderosos” [en realidad, a nuestro modo de ver, entre el imperialismo yanqui y la ex URSS, estado burocrático], la era de la guerra fría (1945/1991); c) la tercera fase del imperialismo -a partir de los años 90- definida por el intento de EE.UU. de mantener su hegemonía y hacerla global, que tiene varias subfases: unipolaridad en los 90, luego del atentado a las Torres Gemelas la “guerra contra el terrorismo”; posteriormente Obama tratando de restaurar la normalidad neoliberal al tiempo que buscando facilitar el “pivote a Asia”, y, finalmente, el momento actual de competencia exacerbada entre China y EE.UU.: “La dirección china no necesariamente está a la búsqueda de reemplazar a los EE.UU. como el Estado capitalista hegemónico globalmente, al menos no en el corto plazo. Pero sí busca sacar a los Estados Unidos de la región Indo-Pacífica (…) Dado que esta región es hoy el principal centro (hub) del capitalismo global, representando alrededor del 40% del PBI global, semejante retroceso sin duda alguna significaría reducir el poder y el estatus de Estados Unidos de manera dramática, y no hay duda que su clase dominante no aceptaría semejante degradación pacíficamente” (Callinicos, ídem, 92).

[4] Hay que tener presente que Xi Jinping colocó como fecha eventual para dicha acción el 2027… justo en momentos donde EE.UU. parece debilitado militarmente por la sobre extensión de dos guerras simultaneas en Ucrania y el desastre iraní.

[5] La carencia estadounidense de misiles de defensa antiaérea Patriots ha estado en todos los medios durante las últimas semanas.

[6] En relación a Ucrania también hay polémica desde el comienzo del conflicto entre las corriente de la izquierda trotskista. Hay corriente que perdieron el elemento proxi del enfrentamiento y se alinearon prácticamente con el imperialismo occidental como la llamada “IV Internacional” y otras como el SWP ingles que rechazando la invasión de Rusia a Ucrania la ven casi meramente como un conflicto proxi Inter imperialista. Revolución Permanente tiene posiciones diversas entre la Argentina y Francia al respecto mientras que nuestra corriente siempre defendió el carácter dual del conflicto: elementos proxi que se han agravado en el transcurso de la guerra pero también elementos justos de autodeterminación nacional que tienen bases muy reales expresadas en la opresión nacional que ejerció el estalinismo en Ucrania.

[7] Corrientes como Revolución Permanente, ex Fracción Trotskista, definen al régimen iraní como “inconsecuentemente antiimperialista” y no como lo que es: un podrido régimen antiobrero y antipopular. Las “virtudes” de su antiimperialismo sin anticapitalismo se ven con claridad en definiciones de este tipo que se da de patadas de la cita que hemos colocado de una socialista iraní exilada en el Reino Unido, profesora de la Universidad de Glasgow y directora de la campaña “Fuera las manos del Pueblo de Irán”.

[8] En la Argentina, por ejemplo, la crisis de la morosidad abarca a 25.000.000 de personas, la mitad de la población del país, al tiempo que 6 millones ya tienen atrasos de más de 3 meses en los pagos. La bola de las deudas ya abarca 50.000 millones de dólares, una décima parte del PBI del país.

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