Malo para los animales y malo para las personas

Cuando un virus salta a una especie nueva a veces muta para infectar, replicarse y transmitirse de forma más eficaz dentro del nuevo animal. Este proceso se denomina “adaptación al huésped”. Cuando un virus salta a un nuevo huésped y empieza este proceso de adaptación, los resultados son impredecibles.

A finales de 2020, cuando el SARS-CoV-2 llegó a una granja de visones de Dinamarca, este experimentó una serie de mutaciones que son poco comunes cuando el virus ataca a humanos. Algunas de estas mutaciones se produjeron en partes del virus que la mayor parte de las vacunas están diseñadas para localizar. Y esto no ocurrió una sola vez, sino que las mutaciones se produjeron muchas veces y de forma independiente en brotes producidos en otras granjas de visones. A pesar de que aún no está claro cuál es el impacto que tienen estas mutaciones (si es que tienen alguno) en el desarrollo de la enfermedad en humanos, o incluso en las vacunas, se trata de señales de adaptación al huésped que podrían dar lugar a nuevas variantes del virus; variantes que podrían permanecer en huéspedes animales y volver a surgir en el futuro.

Otro riesgo es que el que el SARS-CoV-2 pueda hacer enfermar a los animales. Los ecologistas están especialmente preocupados por las especies en peligro como el hurón patinegro, un animal similar al visón y que se cree podría ser muy vulnerable al virus.

Los desbordamientos de personas a animales salvajes ya han ocurrido en el pasado. A finales del siglo XX el virus del ébola saltó de los humanos a los grandes simios y tuvo consecuencias devastadoras para estas especies en peligro. Y más recientemente se ha detectado un virus respiratorio humano que afecta a las amenazadas poblaciones de gorilas de montaña, y que también ha causado numerosas muertes.

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Pero quizá el mayor riesgo para los humanos sea que el desbordamiento pueda provocar que el coronavirus quede almacenado en nuevas especies animales y en regiones que hasta ahora no se han visto afectadas. Esto podría hacer que en el futuro pudieran volver a surgir nuevos brotes de covid-19.

Este mes se ha publicado un artículo en el que se muestra que esto ya ha ocurrido a pequeña escala en granjas de visones de Dinamarca, donde el virus pasó de humanos a animales y luego volvió otra vez a humanos.

A pesar de que nuestro equipo no ha encontrado pruebas de casos de covid-19 en animales salvajes en Estados Unidos, sí que hay evidencias concluyentes de desbordamientos frecuentes en perros, gatos y algunos animales que viven en zoológicos. El hallazgo de visones salvajes infectados confirmó nuestros temores. Detectar el primer caso en un animal salvaje con covid-19 resultó alarmante, pero no sorprendente.

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