En camino a la Luna, se produjo un extraño incidente que la NASA mantuvo en secreto durante años. ¿Qué opinas sobre el OVNI que creyeron haber visto?

Me sorprende que digas que vimos un OVNI y que lo ocultamos. No se ocultó nada. Miré por la ventana y vi una luz que se movía respecto a las estrellas. No queríamos decir nada que hiciera que la gente pensase: «¡Oh, Houston, hay una luz que nos sigue a la Luna!». Eso habría desconcertado a muchísima gente en la Tierra. Pero queríamos hacer una observación, así que preguntamos inocentemente al control en tierra a cuánta distancia se encontraba la etapa superior del cohete. Nos respondieron que a unos 9.600 kilómetros. A partir de mi experiencia, sabía que había cuatro objetos ahí fuera, que eran los paneles que se liberaron del cohete para exponer el aterrizador. Más adelante, cuando estábamos en cuarentena tras volver a la tierra, el alto mando vino a hablar con nosotros tras una ventana. Neil dijo: «Probablemente se hayan preguntado por qué nos preguntamos a qué distancia estaba la tercera etapa del cohete». Nos dijeron que les había parecido desconcertante. Neil les explicó que era porque habíamos visto una luz, que obviamente eran los paneles que se desprendieron.

Asumimos que era de dominio público y, durante una entrevista con la BBC, conté toda la historia. Los fanáticos de los ovnis de Estados Unidos se enfadaron conmigo por no habérselo dicho primero. [Se ríe] Sabíamos que no era un ovni. Pero eso no impidió que la historia se propagara entre la gente que buscaba algo a lo que poder tildar de encubrimiento de un OVNI.

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La famosa frase que usaste para describir la Luna fue «magnífica desolación». ¿Podrías hablarnos de eso?

Como comandante del vuelo, Neil iba a ser uno de los primeros en pisar la Luna y decir algo histórico, y así lo hizo. Después descendí yo y miré a mi alrededor, y no me había preparado nada. Si hubiera sido el primero en descender, habría consultado a filósofos o historiadores para que me ayudaran a pensar en algo que decir. Pero no fui el primero. Así que uní las palabras que se me ocurrieron para representar la magnificencia de aquel logro humano. Durante la historia, hemos soñado con la luna y nos hemos preguntado si los humanos viajarían allí algún día. La magnificencia de nuestro logro por la humanidad era que estábamos allí. Pero cuando miré a mi alrededor, lo que vi fue lo más desolado que te puedas imaginar. Sin oxígeno, sin vida, solo la superficie lunar que no ha cambiado durante miles de años y la oscuridad del cielo. Fue la cosa más desolada que se me podría ocurrir. Y por eso pronuncié esas palabras: la magnificencia del logro y la desolación de dónde estábamos.

Algo polémico es que comulgaste en la Luna con pan y vino que habías «colado» a bordo de la nave. Háblanos de aquel incidente y de si lo harías de nuevo.

No colé nada a bordo. [Se ríe] Cada recuerdo, cada bandera y cada moneda que llevamos se contó y documentó, y se almacenó cuidadosamente en la nave. Un par de semanas antes de despegar, pensé que sería buena idea decirle lo que iba a hacer al encargado de la tripulación de vuelo. Me dijo que no hablara de ello cuando estuviera en la Luna. Cuando la tripulación de la Apolo 8 leyó el Génesis en Nochebuena, algunas personas se quejaron porque, como institución financiada por el gobierno, la NASA no debería promocionar la religión. Por eso no me pareció bien hablar de ello hasta años después.

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Yo participaba en una iglesia en particular, como John Glenn y otros astronautas. Así que me pareció apropiado manifestar mi trasfondo cristiano. Hoy, mi filosofía es más como lo que Albert Einstein describía como una sensación cósmica de que un poder superior había participado en la creación del universo. Es bastante impreciso.

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