Las fuerzas israelíes se han visto obligadas una vez más a confirmar lo que preferirían dejar pasar desapercibido. Una fotografía difundida en redes sociales el 6 de mayo mostraba a un soldado israelí sosteniendo un cigarrillo en la boca de una estatua de la Virgen María en Debel, una aldea del sur del Líbano.

El portavoz del Ejército declaró que la institución “considera el incidente con la máxima gravedad” y que la conducta del soldado “se aparta completamente de los valores esperados de su personal”.

Fue, palabra por palabra, el mismo comunicado que Israel emitió menos de tres semanas antes, cuando otro soldado fue filmado destruyendo una estatua de Jesús, también en el Líbano.

El lenguaje de condena oficial se ha convertido en un ritual: predecible, vacío y cada vez menos convincente para las comunidades cristianas que observan cómo se configura un patrón en todo el Líbano y más allá.

Para algunos expertos, la profanación reiterada de símbolos y lugares sagrados cristianos no puede separarse de los fundamentos ideológicos que sustentan la conducta de Israel en la región.

“El sionismo es una expresión del supremacismo colonial y colonizador, que se manifiesta en el apartheid: separación, segregación, secuestro. Solo puede expandirse mediante la limpieza étnica y, cuando es necesario, el genocidio”, afirma Stephen Sizer, experto en sionismo cristiano y exvicario de la Iglesia de Inglaterra.

“La presencia de pueblos indígenas, considerados inferiores, resulta problemática. Denigrar su etnia va de la mano con profanar todo lo que ellos valoran, como su fe”, le dice Sizer a TRT World.

“Por eso no sorprende que, mientras Israel afirma proteger y respetar la libertad religiosa, en realidad lleva más de un siglo profanando y destruyendo lugares de culto musulmanes y cristianos”, añade.

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El último video de profanación de las fuerzas israelíes surgió menos de un mes después de que otro soldado israelí fuera filmado destrozando una estatua de Jesús en Debel, una aldea cristiana del sur del Líbano.

Tras el incidente anterior con la estatua de Jesús, el soldado que la destruyó y el que lo filmó fueron retirados de funciones de combate y condenados a 30 días de prisión militar. Otros seis soldados que lo presenciaron sin intervenir enfrentaron únicamente conversaciones disciplinarias, una respuesta que los críticos calificaron de absolutamente inadecuada para un acto que generó indignación mundial.

En un comunicado firmado por el cardenal Pierbattista Pizzaballa, la Asamblea de los Ordinarios Católicos de Tierra Santa expresó su “profunda indignación y condena sin reservas”, describiendo el acto como una “grave afrenta a la fe cristiana que se suma a otros incidentes reportados de profanación de símbolos cristianos por parte de soldados de las fuerzas israelíes en el sur del Líbano”.

La asamblea señaló que el incidente refleja un “perturbador fracaso en la formación moral y humana, en el que incluso la más elemental reverencia hacia lo sagrado y la dignidad del otro ha quedado gravemente comprometida”.

Más de 150 líderes judíos de múltiples denominaciones de todo el mundo también firmaron una carta abierta condenando el acto, calificándolo de “chillul Hashem, una profanación del nombre de Dios”, y pidiendo disculpas a la comunidad cristiana mundial.

“En las guerras sectarias y religiosas en curso en la región de Oriente Medio y el norte de África, son las minúsculas y extremadamente vulnerables comunidades cristianas las que han sufrido la mayor parte de los ataques”, señala el profesor Amalendu Misra, especialista en Política Internacional de la Universidad de Lancaster y experto en radicalismo religioso.

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“Es particularmente irónico dado que el cristianismo nació aquí y que la mayor parte de las civilizaciones y vestigios culturales de esta fe, otrora poderosa, han sido tratados con extrema intransigencia”, le dice Misra a TRT World.

“La mayor pérdida para la comunidad mundial es la destrucción de muchos lugares de culto antiguos del cristianismo y símbolos fundamentales en la tierra donde esta religión se desarrolló hace más de dos milenios”, añade.

Un patrón evidente

Entre los dos incidentes con estatuas, otro episodio agravó el panorama.

Las fuerzas israelíes confesaron haber causado daños a un edificio dentro del recinto de un convento católico cerca de la aldea de Yaroun, en el sur del Líbano, aunque cuestionaron la magnitud, alegando que la estructura no presentaba «ninguna señal exterior que indicara que era un edificio religioso”. 

Pero la Iglesia Católica en el Líbano hizo un llamado la atención. “Estos no son bases militares. Son lugares para difundir la paz, el amor y la educación”, afirmó Abdo Abou Kassm, director del Centro Católico de Información.

Los incidentes anticristianos ocurridos en las últimas semanas fueron muy graves y son obra de una minoría fanática, según William Shomali, Vicario Patriarcal para Jerusalén y Palestina.

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