Ceguera por falta de atención

Chabris y Simons llevaban estudiando la llamada ceguera por falta de atención desde hacía más de una década. Su trabajo se hizo famoso cuando en 1999 hicieron el experimento del gorila: pidieron a un grupo de voluntarios que miraran un vídeo en el que había un grupo de personas, la mitad vistiendo una camiseta blanca y la otra mitad, negra. Los de blanco se pasaban una pelota de baloncesto entre ellos y los de negro también hacían lo propio. Para introducir un punto de complicación añadido, los jugadores no se estaban quietos, sino que estaban en continuo movimiento. La tarea que tenían por delante los voluntarios era contar el número de pases que se hacían los de la camiseta blanca.

Al terminar el vídeo los psicólogos preguntaban cuál había sido el número de pases (15) y si habían visto algo inusual. Sorprendentemente, la mitad de los que participaron en el experimento no vieron a una persona disfrazada de gorila entrar por el lado derecho, meterse entre los jugadores, golpearse el pecho en el centro de la escena el pecho y salir por el lado izquierdo de la pantalla; todo ello en 9 segundos. Un resultado similar encontraron al sustituir el gorila por una mujer con un paraguas abierto.

Al parecer de estos psicólogos, no ver al gorila es debido a un fallo de atención: los sujetos estaban ocupados realizando una tarea compleja -contar los pases de balón- que el gorila fue literalmente invisible a sus ojos. Una de las implicaciones más sorprendente de este trabajo es que una cosa es lo que hay en nuestro campo visual y otra muy distinta que seamos conscientes de percibir lo que allí se encuentra: depende a qué estemos prestando atención percibiremos unas cosas y no otras.

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Esto sucede en todo tipo de situaciones, incluso en el trabajo. Así, en julio de 2013 la revista Psychological Science publicaba un artículo de un grupo de psicólogos que habían puesto a prueba las dotes de observación de los 24 radiólogos del prestigioso Brigham and Women Hospital de Boston. Les habían entregado cinco escáneres, cada uno con cinco imágenes cada uno, de los pulmones de unos pacientes y tenían que buscar en ellos indicios de un posible cáncer. Pero lo que no sabían es en algunas imágenes de uno de los cinco pacientes habían añadido la figura de un gorila bailarín. ¿Cuántos vieron a ese gorila insertado en las imágenes de un pulmón? Muy pocos: el 83% de esos médicos especialistas no lo vieron. No es porque no pudieran verlos sino porque sus cerebros estaban ocupados en lo que estaban haciendo: buscaban nódulos cancerígenos, no gorilas.

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