Ya se sabe que los restos de huevos pertenecieron a Genyornis newtoni. Los resultados, que no ofrecen duda y han sido publicados en Proceedings of the National Academy of Sciences, son fruto de un nuevo análisis llevado a cabo con sofisticada tecnología de secuenciación de proteínas e inteligencia artificial.

Esta criatura, con aspecto de pato, tenía una colosal altura y es que podía llegar a los 2 metros y pesar más de 200 kilos. Como es de esperar, estos megapatos ponían unos huevos acordes con su tamaño. Más o menos cada huevo pesaba más de kilo y medio. Se cree que estos enormes huevos habrían sido una excelente fuente de proteínas de los humanos primitivos, siempre que fueran capaces de robarlos de los nidos. Los científicos apuntan a que precisamente el consumo de huevos por parte de los prehistóricos pudo haber ayudado a la extinción del ave.

Los investigadores reexaminaron los trozos de cáscara descubiertos en los 80 movidos por la curiosidad de saber más acerca del entorno de la época. Para ello utilizaron la secuenciación de proteínas, no la de ADN, que es la que se suele emplear cuando se trata de identificar una especie concreta. Las proteínas tienen la peculiaridad de que no mutan con tanta rapidez ni al azar como el ADN, lo que significa que sus firmas genéticas son más difíciles de detectar. «Sin embargo, duran unas 10 veces más que el ADN», lo que significa que podría haber amplias proteínas conservadas en material antiguo en el que gran parte del ADN se ha erosionado con el tiempo, dijo la autora del estudio Beatrice Demarchi a Live Science.

Dada la edad y la temperatura de enterramiento de los trozos de cáscara de huevo, que habían sido cocinados a fuego abierto, la mayor parte del ADN de las muestras estaba demasiado degradada como para ser útil. Las proteínas, sin embargo, seguían estando en relativo buen estado.

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Tras secuenciar estas moléculas y determinar qué genes las habrían producido, los investigadores utilizaron un algoritmo especial para comparar sus hallazgos con los genomas de más de 350 especies vivas de aves. Los resultados revelaron que los huevos no fueron puestos por un grupo de aves de patas grandes parecidas a las gallinas, llamadas megápodos y, por tanto, no pertenecían al género Progura, dijo en un comunicado Josefin Stiller, coautora del estudio y bióloga evolutiva de la Universidad de Copenhague (Dinamarca).

Investigaciones como esta ofrecen valiosos conocimientos sobre el impacto que tenemos los seres humanos en la naturaleza y sus habitantes, mostrando que el lugar donde vivían nuestros antepasados y lo que comían pudo haber contribuido a la extinción de ciertas especies. Aunque Genyornis newtoni ya no existe, podemos aprender de nuestras interacciones pasadas para no cometer determinados errores.

Demarchi y su equipo esperan continuar su trabajo «observando otras grandes aves del pasado y analizando sus relaciones con las personas en diferentes momentos», dijo la científica.

 

Referencia: Demarchi, B. et al. 2022. Ancient proteins resolve controversy over the identity of Genyornis eggshell. Proceedings of the National Academy of Sciences. DOI: https://doi.org/10.1073/pnas.2109326119

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