SpaceX, la empresa aeroespacial de Elon Musk, líder indiscutible de la industria aeroespacial en la actualidad, lleva años desarrollando lo que ha acabado por conocerse como Starship, el cohete más potente y con mayor capacidad de carga jamás construido. Cohete que, por otro lado, aún no ha salido de la atmósfera ni ha alcanzado la baja órbita terrestre. Pero, ¿qué está retrasando el rápido avance de la compañía? ¿Eran las promesas de Elon Musk demasiado optimistas o había factores externos?

SpaceX fue fundada hace 20 años, en 2002, con el objetivo de reducir los costes de llevar carga al espacio para facilitar la colonización de Marte. Desde entonces ha llovido mucho y la compañía es actualmente la mayor empresa aeroespacial del mundo, con varios récords a sus espaldas. Ya en 2005, antes de que SpaceX lanzará su primer cohete, Elon Musk habló sobre su idea de construir un cohete capaz de llevar más de 100 toneladas de carga a la baja órbita terrestre. En los 17 años que han pasado esa idea ha ido evolucionando y a partir de 2016 empezó a tomar una forma más tangible el actual concepto de la nave Starship, que serviría además de para llevar grandes cantidades de carga a la órbita terrestre, como vehículo interplanetario. Por aquel entonces Elon Musk predijo que enviarían la primera Starship al planeta rojo para el año 2022 y que llevarían humanos a Marte para 2024.

Nadie llegó a pensar seriamente que esto fuera posible, pero el hecho de que el objetivo estuviera situado a años de distancia en vez de a décadas, sirvió para alentar a público e inversores por igual. Llegado 2022, la nave Starship ni siquiera ha completado su primer vuelo orbital, aunque se espera que lo haga antes de que termine el año. La Starship consiste realmente en dos fases que trabajan juntas. Por un lado tenemos al propulsor Super Heavy, que sería el encargado de sacar a todo el conjunto de la atmósfera terrestre, cargando con casi todo el combustible necesario para hacerlo. Por otro lado estaría la segunda fase, llamada también Starship, que sería el vehículo encargado de realizar el viaje interplanetario, serviría como módulo de aterrizaje (o alunizaje o amartizaje) y como cápsula donde el equipo de astronautas pasaría el tiempo necesario para completar el viaje al satélite o planeta de destino.

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