Sin embargo, y cerebros al margen, las plantas siguen siendo seres vivos, y como tales siguen siendo susceptibles de que un patógeno se apodere de su organismo y lo use para su propio beneficio. Eso es precisamente lo que pueden hacer algunas bacterias del género Phytoplasma. Cuando una planta es infectada, la bacteria secuestra y reprograma sus sistemas de desarrollo, y desencadena un crecimiento anómalo que deforma completamente la arquitectura de la víctima. Allí donde aparece la infección, comienza a crecer de forma masiva y descontrolada, causando con frecuencia el fenómeno de “escoba de bruja” —aunque también puede estar causado por otros patógenos—. Esta estructura anómala, esta planta zombificada, crea un ambiente óptimo para el patógeno, y aunque suele mantenerse mientras la planta sigue viva y generalmente no reduce su esperanza de vida, sí la hace incapaz de reproducirse.

Referencias
Evans, H.C., Elliot, S.L. and Hughes, D.P. (2011) ‘Hidden Diversity Behind the Zombie-Ant Fungus Ophiocordyceps unilateralis: Four New Species Described from Carpenter Ants in Minas Gerais, Brazil’, PLOS ONE, 6(3), p. e17024. doi:10.1371/journal.pone.0017024.

Huang, W. et al. (2021) ‘Parasitic modulation of host development by ubiquitin-independent protein degradation’, Cell, 184(20), pp. 5201-5214.e12. doi:10.1016/j.cell.2021.08.029.

Lafferty, K.D. and Morris, A.K. (1996) ‘Altered Behavior of Parasitized Killifish Increases Susceptibility to Predation by Bird Final Hosts’, Ecology, 77(5), pp. 1390–1397. doi:10.2307/2265536.

Takasuka, K. et al. (2015) ‘Host manipulation by an ichneumonid spider ectoparasitoid that takes advantage of preprogrammed web-building behaviour for its cocoon protection’, Journal of Experimental Biology, 218(15), pp. 2326–2332. doi:10.1242/jeb.122739.

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