Mohammed Hamid tenía 15 años cuando su salud se desplomó en una prisión israelí. Contrajo sarna, desarrolló infecciones que afectaron a órganos vitales, tuvo que someterse a varias operaciones cardíacas y acabó en cuidados intensivos. Finalmente, los médicos tuvieron que amputarle una pierna. Las autoridades israelíes lo liberaron cuando su estado se agravó, pero salir de prisión no significó recuperar la salud: el adolescente continúa necesitando tratamiento médico.
Su historia forma parte de las decenas de denuncias sobre el cruel trato que reciben los niños palestinos bajo custodia israelí. Desde octubre de 2023, Israel ha detenido a más de 2.000 menores palestinos y al menos 350 continúan encarcelados en condiciones extremas, según un informe publicado el miércoles por la Sociedad de Prisioneros Palestinos. La organización denuncia prácticas que incluyen torturas, intimidación, aislamiento, privación de alimentos y denegación de atención médica.
Las cifras retratan una realidad especialmente preocupante: niños que pierden su libertad, quedan separados de sus familias y se enfrentan a condiciones que, según las denuncias recogidas por la organización, ponen en peligro su salud y su bienestar. Sin embargo, ni siquiera los datos disponibles permiten conocer toda la dimensión del problema.
Las detenciones, además, continúan. Durante la noche anterior a la publicación del informe, el ejército israelí arrestó a otros seis menores en las localidades de Sa’ir y Al-Shuyukh, en la gobernación de Hebrón, en la Cisjordania ocupada.
Encarcelados sin saber cuándo volverán a casa
Uno de los mecanismos denunciados por la Sociedad de Prisioneros Palestinos es la detención administrativa, que permite a las autoridades israelíes mantener a personas encarceladas sin presentar cargos ni fijar una fecha clara para su liberación.
Para un niño, esto significa quedar atrapado en un sistema en el que puede desconocer cuánto tiempo permanecerá entre rejas. La incertidumbre prolonga la separación de sus padres, hermanos y amigos, al tiempo que interrumpe su educación y dificulta la recuperación de una vida cotidiana.
A esa situación se suman las denuncias de interrogatorios coercitivos, intimidación y aislamiento. La organización también alerta de torturas, privación de alimentos y denegación de asistencia sanitaria. No se trata únicamente de la pérdida de libertad: las prácticas denunciadas pueden dejar secuelas físicas y psicológicas que acompañen a los menores mucho después de su liberación.
La responsabilidad institucional es otro de los puntos centrales del informe. La entidad acusa a los tribunales israelíes de contribuir a la continuidad de estas vulneraciones y denuncia la falta de mecanismos efectivos para exigir responsabilidades. En este contexto, advierte de que las denuncias de abusos no se traducen en una protección suficiente para los niños ni en garantías de que las prácticas señaladas vayan a terminar.
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El caso de Mohammed Hamid concentra algunas de las denuncias más graves del informe. Según la Sociedad de Prisioneros Palestinos, el adolescente contrajo sarna durante su detención en la prisión israelí de Ofer. Su salud se deterioró y desarrolló infecciones graves que afectaron a órganos vitales.
Su estado llegó a ser crítico. Necesitó varias operaciones cardíacas y fue ingresado en cuidados intensivos. Finalmente, los médicos tuvieron que amputarle una pierna.
Las autoridades israelíes lo pusieron en libertad cuando su salud empeoró gravemente. Pero la liberación llegó después de que el adolescente sufriera un deterioro físico devastador y no puso fin a sus necesidades médicas. La organización señala que Hamid lleva alrededor de tres meses recibiendo tratamiento desde que salió de prisión.
La Sociedad de Prisioneros Palestinos describió su liberación como «una forma de eludir la responsabilidad de su atención médica». La denuncia apunta a una cuestión fundamental: qué ocurre con los menores que salen de prisión en un estado de salud crítico y quién responde por las consecuencias de las condiciones en las que permanecieron encarcelados.






