“Planeamos utilizar un globo a gran altitud para elevar un paquete de instrumentos aproximadamente 20 km a la atmósfera. Una vez en su lugar, se liberará una cantidad muy pequeña de material (100 g 2 kg) para crear una masa de aire perturbado de aproximadamente un kilómetro de largo y cien metros de diámetro. Luego, usaremos el mismo globo para medir los cambios resultantes en la masa de aire perturbada, incluidos los cambios en la densidad del aerosol, la química atmosférica y la dispersión de la luz ”, explican los científicos.

Se trata de una extraña e ingeniosa solución para intentar ralentizar la cantidad de radiación que llega a la superficie terrestre y enfriar el planeta, que podría reparar la capa de ozono, ya que reaccionaría con las moléculas que la destruyen y se cerrarían los agujeros existentes.

 

El principal obstáculo

El proyecto no está exento de polémica porque nadie sabe qué pasará exactamente si se libera todo ese carbonato de calcio pues la reacción en la atmósfera puede ser distinta a los experimentos hechos en laboratorio. Es más, muchos científicos se muestran críticos ante esta idea ante la posibilidad de tener que hacer frente a riesgos impredecibles por realizar este cambio de manera artificial en nuestro planeta. ¿Podría dañar la capa de ozono en vez de restaurarla?

Los ambientalistas también temen que un cambio “dramático” en la estrategia de mitigación se convierta en una “luz verde” para que se sigan emitiendo gases de efecto invernadero sin ninguna variación en los patrones de consumo actuales.

 

Referencia: Universidad de Harvard

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