En 2003 se produjo una terrible epidemia que se propagó por 29 países causando más de 8 000 infecciones y al menos 774 muertes. Bautizado como Síndrome Respiratorio Agudo Severo, era tremendamente infeccioso: alrededor del 5 por ciento de los pacientes con SARS eran «superpropagadores», capaces de infectar a más de ocho personas. Así, un paciente transmitió el SARS directamente a otros 33 (lo que refleja una tasa de infección del 45 por ciento) durante una hospitalización, lo que finalmente provocó la infección de 77 personas, incluidos tres superpropagadores secundarios. Un superpropagador podría convertir incluso una sola infección de laboratorio en una posible pandemia.

Pues bien, durante la pandemia de 2003-2004 el SARS-CoV se escapó seis veces de diferentes laboratorios de virología: uno en Singapur, otro eny Taiwán, y cuatro veces del mismo laboratorio en Beijing.

El de Singapur fue en agosto de 2003, usando a un estudiante de posgrado en virología de la Universidad Nacional de Singapur. No había trabajado directamente con el SARS, pero estaba en el laboratorio donde trabajaba.El segundo fue en Taiwán en diciembre de 2003, cuando un investigador del SARS enfermó en un vuelo de regreso después de asistir a una reunión médica en Singapur. La investigación reveló que había manejado desechos de riesgo biológico sin la protección adecuada. En abril de 2004, China notificó un caso de SARS en una enfermera que había cuidado a un investigador del Instituto Nacional Chino de Virología. La investigación posterior descubrió otras tres fugas de laboratorio debido a deficiencias en la bioseguridad en el Instituto: la causa específica del brote se atribuyó a una preparación mal inactivada del virus del SARS que se usó en áreas de laboratorio no bioseguras, incluida una donde trabajaron los casos primarios. 

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