¿Qué nos convierte en conspiranoico?

No está muy claro salvo que un conspiranoico no nace, se hace; se va convirtiendo poco a poco a la teoría hasta llegar a ver la vida a través de ella: es lo que se llama mentalidad de la mano escondida. Todo suele empezar con la creencia en una teoría de la conspiración cualquiera y se termina con una visión de la historia que depende fuertemente de complots.

Por otro lado, el conspiranoico es compulsivo y autodidacta, dedicando horas y horas en las que aprende hasta el más mínimo detalle de todos y cada uno de los elementos de su conspiración; además, no suele cambiar de opinión respecto a sus creencias más firmes y siempre encuentra pruebas de que su creencia tiene visos de realidad. Ahora bien, ser conspiranoico no implica convertirse en paranoico, como el personaje de Mel Gibson en la película de Richard Donner Conspiración, pero puede suceder. Una de las grandes conspiranoicas británicas del siglo XIX, Nesta Webster, ideóloga de los complots judeomasónicos y de los Illuminati, estaba tan obsesionada que cuando llamaban al timbre de la puerta de la calle no abría si no iba con una pistola en la mano. El líder chino Mao era otro paranoico de las conspiraciones: siendo anciano se negó a recibir tratamiento médico porque pensaba que sus enemigos usarían ese método para matarlo. Mao veía conspiraciones por todos lados: incluso se negó a bañarse en su piscina privada porque creía que habían envenenado el agua.

Referencias:

Prooijen, J-W (2018) Psychology of Conspiracy Theories, Routledge

Brotherton, R. (2017) Suspicious Minds: Why We Believe Conspiracy Theories, Bloomsbury Sigma

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