Una estructura cósmica jabonosa

La Vía Láctea pertenece a un pequeño cúmulo de nombre poco inspirado, el Grupo Local, que consta de unas 30 galaxias dispersas a lo largo, ancho y alto de una región de 3 a 4 millones de años-luz. Uno de los lados está anclado por la Vía Láctea, rodeada de una bandada de galaxias enanas; la majestuosa Andrómeda ―la única galaxia espiral que puede contemplarse a simple vista y cuyo esplendor puede entreverse en el cielo de otoño― domina el otro extremo. El censo todavía no se ha completado y no es arriesgado suponer que se seguirán descubriendo nuevas galaxias en nuestra vecindad cósmica. Dentro de los estándares de los cúmulos, nuestro Grupo Local no pasa de ser una pequeña ciudad en el campo, un lugar bonito para vivir lejos del bullicio de la gran ciudad.

Entre las verdaderas megalópolis del universo se encuentran los cúmulos de Virgo y de Coma Berenices ―que se pueden comparar a las ciudades de Nueva York o Tokio―. El de Virgo es el más cercano a nuestra pequeña ciudad. Situado a 50 millones de años-luz y con una población del orden de varios millares de galaxias, sus miembros más grandes se pueden ver con un modesto telescopio de aficionado. Por su parte Coma es uno de los más densamente poblados, con un censo de 3 a 5 veces más que el de Virgo e incontables miríadas de galaxias débiles.

Pero no todo acaba aquí. Las ciudades cósmicas no tienen sus lindes bien definidos y se conectan mediante “puentes” de galaxias. Los mapas en tres dimensiones del universo han revelado que el cúmulo de Virgo no es otra cosa que un “chichón” en un larguísimo filamento formado por otros grupos de galaxias que, como las cuentas de un collar, se extiende casi directamente en dirección contraria a nosotros a lo largo de 300 millones de años-luz rumbo a otro cúmulo rico en galaxias, Abell 1367, en la constelación de Leo.

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Esos mapas también han revelado cómo son los “dedos de Dios”: filamentos de galaxias parecen señalar hacia nosotros, como los radios de una bicicleta. Incluso hay uno que parece el dibujo con palotes de un ser humano. En el interior del cúmulo de Virgo sus galaxias más brillantes están dispuestas a lo largo de una larga y estrecha línea de un tamaño de 20 millones de años-luz que nos apunta como un dedo, pero con una pequeña desviación de 10 a 15º de nuestra línea de visión. También se ha descubierto otro filamento que señala hacia nosotros: el supercúmulo de Acuario, una hebra de 14 cúmulos ricos en galaxias que se extiende de 1.000 a 1.400 millones de años-luz de nosotros.

Todas estas observaciones de nuestro universo cercano, el que podemos observar en un radio de 500 millones de años-luz, lo muestran con una innegable estructura espumosa. «El universo local se parece a un fregadero lleno de agua de lavar los platos», declaró a la revista Time Margaret Geller, una astrofísica de Harvard. La pregunta que queda para las nuevas generaciones de astrofísicos extragalácticos es ¿hasta dónde llega el orden en el universo?

Referencias:

Croswell, K. (2001) The universe at midnight, The Free Press

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