La iniciativa permitió mejorar las condiciones habitacionales de seis familias y reunió a unos 80 voluntarios, convocados por el Hogar de Cristo, dependiente del Obispado de Chascomús.
Este fin de semana, el barrio San Cayetano fue escenario de una jornada marcada por la solidaridad y el trabajo colectivo. Allí se concretó la construcción de seis módulos sanitarios destinados a familias que atravesaban una situación de especial necesidad, a partir de una iniciativa que logró articular el esfuerzo de organizaciones sociales, instituciones, trabajadores municipales y vecinos.
El proyecto nació de una propuesta impulsada por el Obispado de Chascomús, la Fundación Horizonte de Máxima y el Hogar de Cristo del San Cayetano. Sin embargo, para llegar a las familias destinatarias fue necesario realizar previamente un relevamiento y un acompañamiento sostenido que permitiera conocer las situaciones más urgentes.
“La propuesta comenzó con un trabajo previo, ya hace algunos meses, de sondeo y de ver qué familias eran las que estaban necesitando con más urgencia la construcción de un baño”, explicó Marcelo Mayer, integrante del Hogar de Cristo Chascomús.
A partir de ese diagnóstico, la iniciativa fue llevada a la Mesa Barrial, un espacio de articulación que reúne a distintas organizaciones que trabajan cotidianamente en el barrio San Cayetano. De esta manera, el proceso de selección de las familias se realizó de manera conjunta con el Hogar de Cristo y las trabajadoras sociales del municipio.
En este entramado comunitario también tuvo un rol activo la Municipalidad. La directora de Políticas Comunitarias, Romina Fontana, explicó que el municipio acompañó la iniciativa tanto desde el aspecto económico como mediante el trabajo territorial previo y durante las jornadas de construcción.
“La iniciativa fue de Hogares de Cristo, quienes participan de la mesa barrial impulsada por la dirección de Políticas Comunitarias en el barrio San Cayetano. En esta ocasión, la Municipalidad adquirió dos de los seis módulos sanitarios con un monto de $7.800.000”, detalló Fontana.
Asimismo, destacó el trabajo realizado por las profesionales del área para acompañar a las familias seleccionadas. “Sumado a este aporte, las trabajadoras sociales de esta dirección realizaron la evaluación y acompañamiento a las familias destinatarias de los módulos. Durante la jornada de construcción, también participamos. A su vez, llevamos galletitas para compartir la merienda, agua y entregamos el kit de limpieza para cada familia”, agregó.
De los módulos sanitarios a construir comunidad
Más allá de la obra concreta, ambas jornadas tuvieron un fuerte componente comunitario. La convocatoria permitió que alrededor de 80 voluntarios se involucraran activamente en el proyecto y aportaran su tiempo y sus capacidades en distintas tareas.
“Fueron jornadas de mucha participación, se abrió a la comunidad la posibilidad de que se sumen como voluntarios, entre los que construían propiamente el baño, pero también estaban los que cocinaban, los que repartían la comida, los que bajaron los materiales, que se hizo un día previo ahí en el centro barrial”, contó Mayer.
Para el integrante del Hogar de Cristo, esa participación colectiva constituye uno de los aspectos más valiosos de la experiencia: “Es muy enriquecedora para todos los que pudieron o pueden sumarse como voluntarios en una acción de estas características. Más allá de la acción solidaria en sí, es también una forma de comprometerse y de ser consciente de la realidad que vive el otro y no ser indiferente”.
También, remarcó que el objetivo trascendió la construcción de los módulos sanitarios. “Mucha participación de la comunidad, que era un poco la idea de este proyecto, no solamente solucionar un problema concreto de una familia que está necesitada, sino también poder participar comunitariamente y activamente de estas acciones que ponen foco en la participación de todos para solucionar problemas concretos”, afirmó.
Mayer vinculó esa mirada con una metáfora utilizada en distintas oportunidades por el Papa Francisco, refiriéndose a la del poliedro: “Es una figura geométrica que está formada por distintas caras, todas diferentes, pero que todas forman una unidad. Todos tenemos algo que aportar, todos tenemos algo para sumar. Es un poco la unidad en la diversidad”, reflexionó.
Y resumió el espíritu de la iniciativa con una frase que sintetiza el sentido de toda la experiencia: “Te hace pasar de algo hay que hacer, a algo vamos a hacer”.







