La oposición israelí ha conseguido reunir los apoyos parlamentarios necesarios para intentar poner fin al mandato del primer ministro Benjamin Netanyahu, después de que las principales formaciones políticas árabes anunciaran su respaldo a Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor del Ejército. El dirigente opositor podría reunir 67 recomendaciones de los 120 diputados de la Knéset, frente a los 46 apoyos declarados a Netanyahu. Sin embargo, las profundas divisiones sobre la participación de los partidos árabes en el futuro Ejecutivo mantienen abiertas las negociaciones.

En este contexto, la Lista Conjunta Árabe anunció este jueves que recomendará formalmente a Eisenkot para formar el próximo Gobierno durante las consultas con el presidente israelí, Isaac Herzog. La decisión fue adoptada por unanimidad entre los partidos que integran la alianza, que cuenta con 11 escaños en el Parlamento, y responde, según explicó la formación, a la necesidad de impedir que Netanyahu y su Gobierno vuelvan a mantenerse en el poder.

«Hemos decidido respaldar a Gadi Eisenkot», señaló la alianza en un comunicado, en el que reconoció que no había sido una decisión sencilla. No obstante, también advirtió de que el bloque opositor todavía no ha demostrado suficiente disposición para combatir las políticas del actual Gobierno, frenar la incitación contra los ciudadanos árabes y defender la legitimidad de sus opciones políticas.

Este respaldo se suma al anunciado previamente por el partido Ra’am, liderado por Mansour Abbas y con ocho diputados. «Tendemos la mano para apoyar los esfuerzos de Gadi Eisenkot y haremos todo lo posible para apartar del poder al Gobierno de Benjamin Netanyahu», declaró Abbas tras reunirse con Herzog. De esta manera, las dos principales formaciones árabes han contribuido a que el exjefe militar reúna una mayoría de recomendaciones parlamentarias, aunque todavía quedan por resolver las condiciones para materializar esos apoyos en un acuerdo de Gobierno.

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Unas elecciones sin mayorías claras

Para entender el actual escenario político hay que remontarse a las elecciones celebradas el 27 de octubre, las primeras en Israel desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y el consecuente genocidio sobre Gaza. Los resultados dejaron un Parlamento fragmentado, en el que ningún bloque consiguió por sí solo los 61 escaños necesarios para alcanzar la mayoría absoluta. En concreto, la alianza de Netanyahu obtuvo 53 diputados, de los cuales 27 corresponden a su partido, Likud. Por su parte, los partidos de la oposición judía consiguieron 48 escaños, mientras que las formaciones árabes sumaron otros 19.

Ante la falta de una mayoría clara, los cinco principales dirigentes de la oposición acordaron coordinar sus esfuerzos para intentar formar un Gobierno y evitar la convocatoria de nuevos comicios. Durante su primera reunión tras las elecciones, celebrada en un hotel de Herzliya, al norte de Tel Aviv, reiteraron su apoyo a Eisenkot. Sin embargo, el acuerdo para respaldar su candidatura no logró resolver las discrepancias sobre la posible incorporación de los partidos árabes a la coalición.

A esta fragmentación se añadió posteriormente la pérdida de apoyos de Netanyahu. El partido ultraortodoxo Judaísmo Unido de la Torá (JUT), aliado del primer ministro durante aproximadamente tres décadas, decidió abstenerse en las consultas presidenciales debido a sus desacuerdos con el Gobierno sobre el servicio militar obligatorio para los estudiantes de las escuelas religiosas. Como consecuencia, los apoyos declarados a favor de Netanyahu se redujeron a 46 recomendaciones, aunque la decisión no supone necesariamente una ruptura definitiva entre ambas formaciones.

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Qué puede pasar ahora y cuáles son los escenarios

Con este reparto de apoyos, la decisión pasa ahora a manos del presidente Isaac Herzog, que tiene hasta el 11 de noviembre para determinar a quién encarga la formación del próximo Gobierno, después de reunirse con los dirigentes de los partidos. En este procedimiento, las recomendaciones parlamentarias desempeñan un papel fundamental, pero no equivalen a una coalición de Gobierno. Su objetivo es mostrar al presidente qué candidato cuenta con mayores posibilidades de conseguir los apoyos necesarios para gobernar.

Una vez designado, el candidato dispone de 28 días para negociar con las distintas formaciones y presentar un Ejecutivo, un plazo que puede ampliarse otros 14 días. Si no consigue cerrar un acuerdo, Herzog puede encargar la tarea a otro dirigente. En caso de que tampoco este logre formar una coalición, el bloqueo político podría desembocar en nuevas elecciones. Por tanto, aunque Eisenkot reúne actualmente más recomendaciones que Netanyahu, todavía necesita transformar esos apoyos en un acuerdo político capaz de garantizar la confianza de la Knéset.

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