Alguna vez tenía que ser y ahora fue. Pero no por esperada, casi por descontada, la noticia del retiro de Lionel Messi de la Selección Argentina deja de conmover a nuestro fútbol y acaso al de todo el mundo. Quien da este paso al costado es, en la misma línea que Diego Maradona, uno de los dos jugadores más importantes de su historia: Messi defendió con orgullo, altura, coraje e inagotable dignidad deportiva los colores argentinos durante 21 años.
Tanto en el éxito arrasador que conquistó en los últimos siete años ganando una Copa del Mundo en Qatar (2022), dos subcampeonatos en Brasil (2014) y el reciente en los Estados Unidos y las Copas América de Brasil (2021) y Estados Unidos (2025) como en los tres lustros anteriores en los que debió morder demasiadas veces, el fruto amargo de la derrota y la maledicencia. En muchos casos, de los mismos que después se olvidaron de todo lo que le dijeron y pasaron de ser sus principales críticos a sus hinchas más grandes.
Messi se va siendo el ídolo de todos. Y sobre todo de los más jóvenes, de los que eran demasiado chicos o ni siquiera habían nacido cuando Diego escribió su propìa gloria con la camiseta celeste y blanca. Las pibas y los pibes, las madres y los padres, las familias argentinas lo eligieron por mucho más que sus excepcionales condiciones con la pelota en los pies. Sus dotes de líder positivo, su compromiso vital con los colores argentinos y su pasión por el juego limpio convencieron a millones de compatriotas que valía la pena durante los Mundiales vestirse de celeste y blanco. Messi representó y seguirá representando lo mejor de lo mejor de las esencias argentinas. Aun en sus silencios, una manera de ser y de estar en las canchas y en la vida.
Ahora que empieza a irse del fútbol, una sensación de vacío empieza a invadirnos a todos, seamos futboleros o no tanto. Ya no lo veremos más bordando maravillas en la cancha con la camiseta celeste y blanca y conduciendo a la Selección Argentina rumbo a la victoria siempre. No dejó record por batir: fue quien más partidos jugó (205 sólo en la Mayor), el más goles marcó (124), el que más Mundiales jugó (6) y más goles hizo en la máxima competencia (21). Pero su grandeza abarca mucho más que un par de estadísticas afortunadas.
Messi lo intentó todo y lo logró todo. Siempre de la mejor manera y con las armas más nobles, jugando a veces para el asombro y en otras, simplemente con la normalidad de los superdotados. Sólo le quedó pendiente una tarea: repetir en 2026, la gloria eterna de 2022. No le faltó mucho, pero al decir suyo, se quedó “sin piernas”. Y por eso, por no poder hacerle a su padre, el último regalo de su vida, la última Copa del Mundo, derramó esas lágrimas que fueron tan suyas y tan nuestras también.
Una historia extraordinaria se acaba de cerrar y quizás, otra se esté abriendo en este mismo momento, en algún club de barrio como el Abanderado Grandoli de Rosario, donde hizo sus primeros palotes futboleros. Messi se ha ido de la Selección, pero su legado sigue vigente e intacto. Millones de pibas y pibes en las canchas del país seguirán levantando su nombre y llevándolo como bandera a las próximas victorias.







