En medio de uno de los brotes de dengue más significativos en el último tiempo, la Anmat aprobó la vacuna elaborada por la firma japonesa Takeda y busca así prevenir la infección viral. Esta constituye una buena noticia si se tiene en cuenta que desde hace décadas la comunidad científica buscar dar con una fórmula capaz de combatir esta enfermedad, que afecta a 400 millones de personas al año en el mundo. La tecnología, que ya fue aprobada en la Unión Europea, Reino Unido y Brasil, podrá comenzar a aplicarse a nivel doméstico a partir de la primavera. A la fecha, según los datos presentados por el último reporte, más de 55 mil personas se infectaron y 39 fallecieron en Argentina.

La vacuna que pasó las instancias de evaluación y control del ente regulador es la TAK-003, más conocida como Qdenga. Diseñada por el laboratorio japonés Takeda, está destinada a los mayores de cuatro años, con independencia de si cursaron o no la enfermedad. Su composición tiene como base al serotipo 2 y se le agrega material genético de los restantes (1, 3 y 4) con el objetivo de ofrecer una protección integral contra todas las formas de dengue que circulan en el planeta. Contraindicada en embarazadas y en individuos inumunosuprimidos, son dos dosis que deben aplicarse con tres meses de diferencia.

“Su principal característica es que protege contra los cuatro serotipos del virus que circulan en todo el mundo. Fue probada en un ensayo clínico muy extenso en más de 20 mil personas durante cuatro años y medio, con lo cual parece muy promisoria”, destaca Mario Lozano, virólogo del Conicet y de la Universidad Nacional de Quilmes.

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Andrea Gamarnik, viróloga del Conicet en el Instituto Leloir, acuerda con la perspectiva de Lozano: “La aprobación de esta vacuna es una noticia alentadora ya que será una herramienta útil para limitar las infecciones y las hospitalizaciones causadas por el dengue. Los estudios realizados con esta vacuna muestran que es segura”. Y sostiene: “Si bien la vacuna tiene distinto nivel de eficacia para cada uno de los cuatro serotipos del virus, y esto requerirá más estudios, tener esta herramienta ya es de gran utilidad”, comenta Gamarnik.

En los ensayos clínicos realizados en años previos, la vacuna confirmó un 84 por ciento de eficacia en la prevención de casos de hospitalización y en un 61 por ciento la enfermedad sintomática. “De 100 casos que antes requerirían hospitalización, si están vacunados, solo 16 terminarán hospitalizados”, expresa Lozano. Luego agrega, sin embargo, que “no es tan eficiente para evitar la circulación. Por eso, las medidas no farmacológicas de evitar la transmisión viral seguirán siendo claves”.

A partir de septiembre, según se prevé, Argentina estaría en condiciones de recibir el primer lote de vacunas para su posterior distribución y comercialización por el territorio local.

Sola no alcanza

Vale destacar que –como indica Lozano– aunque la aplicación de una vacuna contribuirá a mejorar la situación sanitaria, será difícil bloquear un brote como el que hoy afronta el país. Desde el Ministerio de Salud, en esta línea, advirtieron que “la mejor estrategia de prevención sigue siendo la participación de la comunidad en relación al control y eliminación de criaderos de mosquitos”, así como “el empleo de métodos de aislamiento vectorial”.

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Una de las lecciones que también dejó la pandemia del coronavirus es que aunque sin la vacuna no se puede, con la vacuna sola no alcanza. Con lo cual, deben continuar las medidas de prevención recomendadas hasta el momento: revisar los recipientes con agua estancada, las macetas, las piletas y hasta los floreros; así como también utilizar repelente abundante puede resultar decisivo.

El desafío de cubrir contra los cuatro

Desarrollar una vacuna para dengue siempre resultó una tarea difícil. Una de las premisas que explican este problema se relaciona con los cuatro serotipos del virus: 1, 2, 3 y 4. Si una persona se enferma con uno, obtendrá inmunidad para ese y no para el resto. Si, además, se infectara con otro más de los restantes podría aumentar el riesgo de afrontar cuadros clínicos más riesgosos, con problemas respiratorios y la chance de órganos comprometidos.

Así lo narra Lozano: “Hay que tener en cuenta que la primera vez que nos infectamos, nos toca afrontar una enfermedad molesta, dolorosa, que dura unos diez días más o menos, pero que no reviste de importancia. Por lo general, ni siquiera requiere de hospitalización. Sin embargo, cuando en otra oportunidad nos volvemos a infectar con un serotipo distinto al de la vez anterior, tenemos muchas chances de soportar una enfermedad más grave, con alteraciones hemorrágicas o neurológicas. En estos casos, puede llevar a la hospitalización y algunas veces a la muerte”.

Afortunadamente, no suelen convivir los cuatro serotipos en un mismo territorio. En Argentina, por ejemplo, no hay prácticamente circulación del serotipo 4, que circula en el vecino Paraguay, mientras que sí hay del 1 y el 2. Su letalidad, según la OMS, es del orden del 1 por ciento.

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Otras en carrera

Más allá de que la tecnología japonesa sea la que finalmente se apruebe y tenga las mejores perspectivas de aplicación, hay otras que pueden servir como antecedente y dan cuenta de que la lucha por combatir este virus no se inició este año.

Un ejemplo de ello es Dengvaxia, fórmula vacunal diseñada por el laboratorio Sanofi Pasteur, y aprobada para su aplicación en 2017 en Argentina. Aunque podía ser empleada en personas de 9 a 45 años, la realización de estudios posteriores obligó a una marcha atrás. Según se advirtió en una serie de investigaciones, se halló un mayor riesgo de dengue grave en personas previamente vacunadas. Así es como, en efecto, la Organización Mundial de la Salud recomendó frenar las inoculaciones masivas. En el presente, el país no la aplica.

Asimismo, hay que destacar la vacuna brasileña desarrollada por el Instituto Butantan de Brasil, el laboratorio MSD y los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos. Su principal ventaja es que se trata de una vacuna que consiste en una sola dosis y que en las fases preliminares arrojó un 79 por ciento de efectividad para prevenir la enfermedad. Aunque va bien, todavía falta.

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