La muerte de Alí Jamenei, líder Supremo de Irán, por cuenta de uno de los ataques conjuntos que EE.UU. e Israel ejecutaron este sábado, marca un momento crucial para Teherán, pues se enfrenta a la ausencia de quien durante casi cuatro décadas fue la máxima autoridad política, militar e ideológica del país.

De 86 años, Jamenei ejercía un poder que se extendía a las fuerzas armadas, el poder judicial y el aparato de política exterior de Irán: sus decisiones prevalecían sobre las de los presidentes y el parlamento.

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Desde que asumió el liderazgo en 1989, tras la muerte del fundador de la República Islámica de Irán, Ruhollah Jomeini, Jamenei dirigió el país durante las secuelas de la guerra con Iraq, las severas sanciones occidentales, el aislamiento diplomático, los recurrentes disturbios internos y la intensificación de la confrontación con Washington y Tel Aviv.

Para sus partidarios, fue el firme defensor de la soberanía de Irán frente a la presión extranjera. Para sus críticos, simbolizaba un sistema político inflexible, resistente a las reformas y la disidencia.

Como líder supremo, se desempeñó como jefe de Estado y comandante en jefe, manteniendo la autoridad final sobre las fuerzas armadas y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán (CGRI).

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Infancia, fe y sus primeros años de política

Jamenei nació el 19 de abril de 1939 en Mashhad, este de Irán, en el seno de una modesta familia religiosa. Tras completar la educación primaria, cursó estudios de islam en el seminario de Mashhad, antes de continuar su formación teológica avanzada en Qom. También era conocido por su profundo interés por la poesía y la literatura.

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A principios de la década de 1960, se unió al movimiento de Jomeini contra el sha Mohammad Reza Pahlavi. A partir de 1963, fue arrestado repetidamente por la SAVAK, el servicio de inteligencia del sha, por organizar protestas y distribuir literatura contraria al régimen. También pasó varios periodos en el exilio.

A medida que las protestas masivas se extendieron por Irán en 1978-1979, debilitando la monarquía, los detenidos políticos y los exiliados regresaron a la vida pública. Jamenei resurgió en Mashhad y otras ciudades, ayudando a organizar manifestaciones y a movilizar apoyo para la agenda revolucionaria de Jomeini.

Ascenso y rol como líder Supremo

Tras la Revolución Islámica iraní de 1979, Jamenei se unió al Consejo Revolucionario y ascendió rápidamente dentro del nuevo orden político. Se desempeñó como viceministro de Defensa, líder de la oración del viernes en Teherán y miembro del parlamento.

En 1981, tras el asesinato del presidente Mohammad Ali Rajai, Jamenei fue elegido presidente, ejerciendo dos mandatos consecutivos hasta 1989. Ese mismo año, sobrevivió a un intento de asesinato cuando una bomba oculta en una grabadora explotó durante un discurso en una mezquita, dejándole el brazo derecho con una discapacidad permanente. Tras la muerte de Jomeini en junio de 1989, la Asamblea de Expertos de Irán nombró a Jamenei como líder supremo, y posteriormente, mediante revisiones constitucionales, formalizó el cargo en la cúspide del sistema político.

Aunque inicialmente se consideró una opción compleja, gradualmente consolidó su autoridad, fortaleciendo el poder del líder Supremo sobre los poderes Ejecutivo y Legislativo. Bajo su supervisión, Irán implementó una política exterior centrada en resistir la influencia estadounidense, expandir las alianzas regionales y mantener la disuasión estratégica.

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En el ámbito nacional, la política iraní osciló entre corrientes reformistas y conservadoras. La victoria del presidente reformista Mohamed Jatamí en 1997 generó optimismo público, pero Jamenei limitó los esfuerzos por abrir Irán a Occidente. La presidencia de Mahmud Ahmadineyad se alineó más estrechamente con las prioridades conservadoras, aunque las controvertidas elecciones de 2009 desencadenaron protestas masivas.

Las administraciones posteriores se desenvolvieron en un complejo equilibrio entre el pragmatismo y la rigidez ideológica. El presidente Hassan Rouhani impulsó la diplomacia, incluyendo negociaciones nucleares, mientras que el presidente conservador Ebrahim Raisi se alineó estrechamente con las políticas de Jamenei.

El mandato de Jamenei también estuvo marcado por repetidas oleadas de agitación. En 2022, la muerte de Mahsa Amini bajo custodia policial desató protestas a nivel nacional que expusieron descontentos sociales.

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