Comenzó una nueva crisis diplomática entre Brasil y Argentina, que podría ser peor que la de hace dos años. En un domingo ajetreado en Brasilia, donde el canciller Mauro Vieira determinó, siguiendo instrucciones del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, convocar al embajador en Buenos Aires. En principio, el viaje de Julio Bitelli, previsto entre la noche de este domingo y el lunes, sería más prolongado que el de 2024, cuando la entonces performance de Javier Milei en Brasil fue menos provocadora que la de este sábado, pero generó un conflicto bilateral.

De acuerdo con fuentes del oficialista Partido de los Trabajadores (PT)  el diplomático debiera permanecer por tiempo indeterminado en la capital brasileña, donde está previsto un encuentro con Lula, que divide su agenda entre compromisos oficiales y actos proselitistas con vistas a las elecciones del 4 de octubre, en las que busca su cuarto mandato. Según las mismas fuentes, Itamaraty (Cancillería) va a citar de un momento a otro al embajador argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, para una reunión en la que se aborden las agresiones del mandatario argentino y su injerencismo.

En 2024, Bitelli había sido convocado en Brasilia luego de que Milei participara en una reunión del grupo derechista CPAC, en Camboriú. El presidente argentino había tenido como anfitriones al jefe del clan Bolsonaro, el expresidente Jair, y al entonces diputado Eduardo Bolsonaro, actualmente radicado en Estados Unidos.

Diplomáticos y políticos abordados por medios brasileños coincidieron en considerar a este nuevo episodio como el más grave de la relación bilateral desde 1985, cuando José Sarney asumió como primer presidente civil luego de 21 años de dictadura. Desde entonces hubo mandatarios de diverso signo político, como lo fueron Lula y Carlos Menem, o Dilma Rousseff y Mauricio Macri, entre quienes predominaban las discrepancias.

Pero no se tiene memoria de una crisis como la desatada por Milei al presentarse en San Pablo junto a un Flávio Bolsonaro, necesitado de generar algún hecho de impacto capaz de eclipsar su difícil momento electoral. Está 8 puntos debajo de Lula según la última encuesta de Datafolha y no logró el apoyo de los partidos conservadores que respaldaron la candidatura de su padre, Jair Bolsonaro, en su intento fallido de ser reelecto hace cuatro años.

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Para Flávio sería beneficioso hacer unos pases de baile con una tijera gigante, emulando el corte de gastos argentino, durante la convención del Partido Liberal (PL), vacía de dirigentes importantes. Incluso su madrastra, la poderosa referente evangélica Michelle Bolsonaro, de quien recibió un saludo grabado. Señal de las divisiones en el clan Bolsonaro.

“Ser retirado de Brasil”

El malestar causado por el mandatario libertario comenzó a revelarse el sábado, poco después de finalizada la convención en la que se formalizó la candidatura de Flávio Bolsonaro, hijo del exmandatario Jair Bolsonaro, preso por golpe de Estado.

El Partido de los Trabajadores (PT) sostuvo, en nota, que el visitante demostró no estar a la altura del cargo de presidente de la república.

Este domingo José Dirceu, un petista histórico con indiscutido liderazgo en esa formación política, fue más tajante: defendía la “expulsión” del argentino. La participación de un jefe de Estado extranjero en evento proselitista y los insultos contra Lula constituyen un “delito, una agresión y una ofensa” frente a los cuales correspondía la aplicación de una respuesta severa como “ser retirado de Brasil”, dijo Dirceu.

Referentes del Partido Democrático Trabalhista y del Partido Socialismo y Libertad, ambos del campo democrático popular, también cargaron contra Milei. Repulsa a la que no fue ajeno el Supremo.

La Corte “deploró” el agravio contra el juez Moraes, instructor de la causa por el alzamiento de 2023, la primera de la historia en que generales fueron condenados junto al presidente de entonces, el capitán Jair Bolsonaro.

“Basura” y “pelado”, le dijo el argentino a Moraes, por no permitirle una reunión con su “gran amigo” Jair Bolsonaro, arrestado en Brasilia.

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Comparación

Durante el acto del sábado y en los días previos al evento, Flávio Bolsonaro criticó la supuesta arbitrariedad del Supremo por haber impedido que su padre, Jair, reciba visitas políticas en la residencia donde cumple prisión domiciliaria, como la de Milei.

Comparó esta resolución con la que hace siete años autorizó al entonces preso Lula reunirse con el argentino Alberto Fernández.

El paralelismo se basa en inexactitudes. Cuando Lula conversó con Fernández en julio de 2019, este era candidato a la presidencia y no un jefe de Estado como es Milei y, lo más importante, el encuentro no ocurrió en período preelectoral.

Los comicios presidenciales se habían celebrado en octubre de 2018, cuando a Lula se le prohibió grabar mensajes proselitistas, pese a que contra él no había una sentencia firme del Supremo.

Las diferencias no terminan allí. El jefe petista cumplió toda su prisión en régimen cerrado, alojado en una celda solitaria de la Policía Federal de la sureña Curitiba. Su conducta fue intachable, hasta noviembre de 2019, cuando se descubrió que su proceso estaba viciado de nulidad.

En cambio, Jair Bolsonaro, que purga una condena firme del Supremo, y debido a problemas de salud (a veces sobreactuados), pasó gran parte de la misma en domiciliaria, ha sido objeto de medidas disciplinarias debido a su inconducta.

En noviembre del año pasado, la policía lo descubrió destruyendo la tobillera electrónica con una soldadora. La Corte entendió que había incurrido en una falta “grave”, pues sin ese dispositivo las autoridades ignorarían su paradero, y ordenó la inmediata suspensión del arresto domiciliario.

En otro operativo, la Policía Federal descubrió un aparente plan de fuga, dado que entre los archivos del expresidente apareció el borrador de un pedido de asilo dirigido a Milei.

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La lista de las irregularidades de Bolsonaro es extensa. Para abreviarla, citemos una de las últimas, ocurrida el mes pasado al detectarse que el recluso estaba en poder de una pistola calibre 9 milímetros, a raíz de lo cual fue nuevamente apercibido.

Debido a ese prontuario, sumado a otra transgresión sucedida hace diez días, que envolvía a su hijo Flávio, el Supremo suspendió las visitas políticas al líder de extrema derecha. Todo lo cual no parece configurar un abuso de autoridad, sino la aplicación de lo previsto en el Código de Procedimiento Penal, ante reclusos de alta peligrosidad.

Donald Trump y Javier Milei

El antes citado José Dirceu atribuyó la presencia de Milei en San Pablo a la estrategia bolsonarista de apoyarse en gobiernos de extrema derecha para contaminar la campaña electoral.

Para el experimentado petista, los movimientos de Trump y Milei responden a una misma lógica, y no debieran ser leídos por separado.

Dentro de ese plan, además de generar hechos aparatosos como los del sábado pasado, se busca crear un clima de opinión sobre una irreversible “onda azul” derechista aproximándose a Brasil, luego de haberse implantado en Argentina, Chile, Bolivia, Perú y Colombia.

Si estas opciones fracasaran, la estrategia contempla el cuestionamiento del resultado. Siguiendo ese supuesto guion, hace diez días Flávio Bolsonaro convocó a diplomáticos de Estados Unidos y otros países para alertarlos sobre los presuntos problemas de las urnas electrónicas, y convidándolos al envío de observadores en la votación de octubre.

Al mismo tiempo que el hijo de Jair Bolsonaro sembraba el fantasma de la “falta de transparencia”, el Departamento de Estado anunciaba el envío de funcionarios para recoger informaciones sobre las urnas electrónicas. Advertida de que ese viaje podría ocultar una jugada malintencionada, el gobierno le negó las visas a los enviados de Trump.

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