El Presidente no dijo esta vez que los berretísimos audios sexuales supuestamente con su consejera de imagen fueran falsos, pero se investiga si hubo una filtración, lo que parecería confirmar su autenticidad. Al parecer, le interesa que se comenten como verdaderos. Hubo antes comentarios sobre el olor corporal presidencial que fue explicado por el propio Javier Milei, por su padecimiento de anosmia. Y hasta hay una feroz interna de poder en el oficialismo con ese tono. Ya es difícil discriminar si el nivel de ordinariez es real o se usa para desviar la atención o es la única lógica que admiten las redes o, lo que es peor, la que debemos usar los argentinos para comunicar.

No se trata de un problema de moralina, porque cada quien puede hacer lo que le parezca mientras no lastime a nadie. Pero las ideas y las palabras son parte de la riqueza que atesora el ser humano. Dan cuenta de su calidad y capacidad, de su solidez y coherencia.

Toda esta basura surgió cuando el vocero y jefe de gabinete Manuel Adorni quedó arrinconado por las acusaciones de corrupción; cuando los testigos de la causa Cuadernos contra Cristina Kirchner afirmaron en los tribunales que fueron extorsionados para declarar contra ella y sus funcionarios. Y cuando se produjo una desesperada y masiva movilización de pacientes, médicos, enfermeros y técnicos de los hospitales nacionales en defensa de la salud pública.

Si se usa la basura para desviar la atención es como si prefirieran revolcarse en la mugre antes que aportar ideas o tomar medidas para afrontar y responder a esas situaciones.

El tema Adorni, –un caso de corrupción grotesca–, se convirtió en la caída fulminante de la imagen presidencial y en una secuela de internas carniceras en el oficialismo entre Patricia Bullrich y los demás, y entre los Menem y Santiago Caputo.

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La causa Cuadernos se convirtió en la evidencia concreta del armado judicial para la persecución política del kirchnerismo. Además de los 27 empresarios y ex funcionarios que declararon que habían sido amenazados con ir a la cárcel si no testimoniaban contra Cristina y otros funcionarios, ahora se sumó un testigo convocado por la fiscalía. El encargado del edificio de Juncal y Uruguay ratificó que había sido amenazado por el juez y el fiscal para declarar que había visto que se introducían bolsos cargados de dinero en el domicilio de Cristina Kirchner.

Ya no alcanza con anular el juicio. Es mucho más que un juicio amañado. Es la evidencia de que se trata de un sistema judicial manipulable, porque distintos recursos planteados por las defensas, recorrieron antes el tribunal de Apelaciones, el de Casación y hasta la Corte, y siempre para favorecer a la acusación.

Adorni no termina nunca de presentar su declaración jurada. Hay miles de argumentos para explicar su demora. Y no hay ninguno que lo salve, todas parten de que le resulta difícil explicar los gastos millonarios desde que asumió en el gobierno. Y son pocos los que todavía se preguntan por qué Milei lo protege a un costo altísimo.

El caso Adorni y la situación económica derrumbaron la imagen presidencial. En teoría, la debilidad del gobierno se tradujo en fugas e internas. En el primer caso, Patricia Bullrich se desmarcó, habló sin permiso con la prensa y fue excluida de las reuniones de gabinete. Su mano derecha, Federico Angelini, renunció al Ministerio de Seguridad y pasaría a colaborar con el gobernador santafesino Maximiliano Pullaro,

Al mismo tiempo explotó la cuenta de X, “periodistaRufus”, que desató una guerra abierta entre Lule y Martín Menem con Santiago Caputo y el Gordo Dan, jefe de la patota digital. La munición pesada consistió en el cruce de acusaciones de negociados y actos de corrupción. Tanto denuncismo contra el kirchnerismo naturalizó la corrupción en los gobiernos de derecha.

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La guerra se mantiene en el frente interno y Milei no la pudo frenar. En la Casa Rosada apuntan a la intransigencia de su hermana Karina con Bullrich y Santiago Caputo a quien fue despojando de influencia. Con tantos frentes internos, tuvo dos buenas: logró que el Congreso diera media sanción a dos proyectos de ley. La más lesiva propone la modificación de la Ley de Zonas Frías, con lo cual en las provincias afectadas habrá un aumento de hasta el 50 por ciento en la tarifa del gas.

Hay un debilitamiento de hecho del Gobierno. Está en duda su reelección y el Círculo Rojo ya busca reemplazo. Sin embargo, logró la media sanción de estas leyes gracias a sus aliados circunstanciales, los gobernadores, a pesar, incluso, que incumplió las promesas con las que había comprado sus votos en el Congreso. Con el último ajuste frenó obras en rutas que había prometido. Esos gobernadores sacaron boleto de ida, tienen poco margen de retorno y ahora están obligados a todo, a cambio de que no les metan candidatos libertarios competitivos en sus provincias.

El respaldo de origen al Gobierno ha sido transversal. En el mundo de la medicina, lo tuvo más que nada entre los médicos. Por eso, la masividad que tuvo la marcha en defensa de la salud, que se realizó el miércoles, fue un llamado de atención. Estuvieron los pacientes junto a los médicos, los enfermeros y los trabajadores de los hospitales, además de los jubilados que perdieron los medicamentos del Plan Remediar que promovió el sanitarista Ginés González García.

En un país donde aumentó la mortandad infantil y la de mayores de 65 años y donde la cantidad de suicidios sobrepasó a las muertes sumadas tanto en accidentes como en homicidios, la marcha se sintió más como el pedido de auxilio de un moribundo. El gobierno precarizó los hospitales públicos y fomentó el aumento de las prepagas. Por lo tanto, los hospitales públicos precarizados tienen ahora 30 o 35 por ciento más pacientes. Sin hablar de la salud mental en la que se multiplicaron las consultas. Más la situación de abandono de los discapacitados.

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Hasta ahora el malestar se expresó en las encuestas y en marchas multitudinarias a las que el Gobierno no les da importancia. Pero el panorama en educación y salud constituye el resultado de respaldar un discurso que ve a los pobres como el enemigo. A la salud hay que pagarla y a la educación también. Si los pobres no tienen plata, tendrán que morir sin medicinas, sin atención ni educación.

Esta visión, donde el pobre es el enemigo, inspiró al jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, para lanzar el operativo antinarco “Tormenta Negra”, con el despliegue de 1500 policías en 15 villas populares. No desmantelaron ninguna organización ni detuvieron a ningún jefe narco, solamente le amargaron la vida a los vecinos de las villas. El magro resultado demostró que no hubo inteligencia previa sin la cual no tiene sentido realizar semejante despliegue. Fue un acto de campaña para decirle al electorado porteño que los pobres son el enemigo.

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