El camino hacia un nuevo gobierno en Israel sigue sin estar claro tras unas elecciones parlamentarias marcadas por el genocidio en Gaza. El partido Likud del primer ministro, Benjamín Netanyahu, encabeza este miércoles el recuento de votos de los comicios celebrados el día previo. Sin embargo, los resultados preliminares muestran que, aunque su formación sería la más votada, el bloque que lidera no alcanzaría la mayoría necesaria para gobernar.

Con el 84% de los votos escrutados, la coalición de Netanyahu obtendría 54 de los 120 escaños de la Knéset, el Parlamento israelí, siete menos de los 61 necesarios para alcanzar la mayoría absoluta, según informaron medios israelíes.

En conjunto, los partidos de la oposición y las formaciones árabes sumarían 66 escaños. De acuerdo con el diario Times of Israel, que cita datos del Comité Electoral Central, el bloque opositor encabezado por Gadi Eisenkot conseguiría 49 bancas, mientras que los partidos de mayoría árabe alcanzarían otras 17.

No obstante, ninguno de los dos principales bloques políticos lograría por sí solo la mayoría parlamentaria, lo que abre la puerta a negociaciones para formar una coalición de gobierno.

Por su parte, los partidos Shas, Judaísmo Unido de la Torá y Otzma Yehudit conseguirían siete escaños cada uno, mientras que Sionismo Religioso obtendría seis.

Entre las formaciones árabes, la Lista Conjunta alcanzaría 12 bancas y la Lista Árabe Unida (Ra’am), otras seis.

Los resultados siguen siendo provisionales y podrían modificarse a medida que avance el escrutinio.

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La participación electoral más alta desde 1999

Las elecciones registraron una participación excepcional del electorado israelí. El 77,7% de los ciudadanos habilitados acudió a las urnas, la cifra más alta en unas elecciones nacionales desde 1999, según confirmó el Comité Electoral Central.

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Unos 7,3 millones de personas estaban habilitadas para votar y se estima que decenas de miles de israelíes viajaron desde el extranjero, principalmente desde Estados Unidos, para participar en unos comicios considerados decisivos para el futuro político del país.

La elevada participación también se reflejó entre los ciudadanos palestinos de Israel, cuya movilización alcanzó niveles históricos y se convirtió en uno de los factores determinantes de la jornada electoral.

Netanyahu promete gobierno de derecha

Pese a no alcanzar la mayoría parlamentaria en los primeros resultados, Netanyahu se mostró decidido a continuar al frente del Gobierno.

En un breve discurso pronunciado después de las 3 a.m. del miércoles, hora local, el primer ministro evitó proclamarse vencedor, pero destacó que el Likud se perfilaba como la fuerza política más votada y prometió impulsar una administración integrada exclusivamente por partidos de derecha.

«Debemos establecer un gobierno fuerte de derecha», afirmó Netanyahu. «La mayoría judía y sionista debe unirse. Es impensable tener un gobierno respaldado por partidos árabes», añadió.

Sus declaraciones llegaron después de una jornada en la que tanto Netanyahu como sus socios de coalición de extrema derecha realizaron un último esfuerzo para movilizar a sus simpatizantes, utilizando el aumento de la participación electoral palestina como argumento de campaña.

«No podemos dejar esta batalla en manos de la izquierda y los partidos árabes que quieren acabar con el Estado judío», había declarado Netanyahu ante sus seguidores durante una visita a un bastión electoral del Likud. «Así que nada de barbacoas, no vayan a la playa; vayan al colegio electoral y voten por el Likud», insistió.

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La estrategia provocó acusaciones de racismo e incitación por parte de dirigentes políticos palestinos, que denunciaron los mensajes del primer ministro como un intento de presentar el voto árabe como una amenaza.

Mansour Abbas, líder de la Lista Árabe Unida y una figura que podría resultar clave en las negociaciones posteriores a las elecciones, acusó al primer ministro de estar «mintiendo e incitando» a la violencia para movilizar a sus votantes.

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La oposición promete poner fin al Gobierno de Netanyahu

Ante la falta de una mayoría clara en los resultados preliminares, los principales dirigentes opositores comenzaron a reclamar un cambio de Gobierno y a explorar posibles alianzas.

Gadi Eisenkot, líder del partido Yashar y principal referente de la oposición, pidió a Netanyahu que abandone la política y sostuvo que los resultados representan un rechazo a su liderazgo. «Los resultados indican una falta total de confianza en Netanyahu y en el ‘Gobierno del 7 de octubre'», declaró Eisenkot al Canal 12 israelí.

«Si estos son los resultados definitivos, es una victoria para la mayoría sionista moderada de Israel. Actuaré inmediatamente para cumplir la voluntad del pueblo, reemplazar al Gobierno de Netanyahu y formar cuanto antes un gobierno sionista de movilización nacional», afirmó.

También dirigió una advertencia a Netanyahu: «No se atreva a utilizar la seguridad de Israel para sus necesidades políticas».

Eisenkot recordó además a los responsables de seguridad que Netanyahu encabeza una administración provisional y les pidió tener presente que sirven únicamente a los intereses de los ciudadanos israelíes.

Las críticas se extendieron a otros referentes opositores. El ex primer ministro Yair Lapid, líder de Yesh Atid, afirmó en la red social X que el bloque de Netanyahu había sufrido una contundente derrota.

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«No dejen que los confundan: el bloque de Netanyahu sufrió una dura derrota. Esto es un colapso total y el público les dijo que se fueran a casa», escribió.

Por su parte, el exministro de Defensa Benny Gantz, quien retiró a su partido Azul y Blanco de la contienda después de que las encuestas anticiparan que no superaría el umbral electoral, consideró que los votantes habían expresado su deseo de renovación.

«Los israelíes eligieron el ‘cambio’; debe ser el tipo correcto de cambio», sostuvo Gantz, quien llamó a las fuerzas sionistas moderadas a formar un gobierno amplio de unidad que permita superar la división entre bloques y evitar nuevas elecciones.

En la misma línea, Yair Golan, líder de Los Demócratas, aseguró que la ciudadanía había destituido políticamente a Netanyahu. «Se nos ha concedido una oportunidad histórica de formar un gobierno de verdadero cambio en Israel, y no tenemos intención de dejarla escapar», afirmó.

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