La campana estelar

Ahora bien, si queremos imaginarnos el tañido de estas inmensas campanas de gas, olvidémonos del golpe del badajo. Una imagen mucho más acertada es el de miles de granos de arena chocando contra la campana de una iglesia. Nuestro Sol se comporta, entonces, como la cavidad resonante de un violín o una guitarra, y en su superficie se producen lo que los físicos conocen como ondas estacionarias. Un nombre curioso para describir un tipo de ondas que aparecen cuando, por ejemplo, fijamos una cuerda por sus dos extremos y la punteamos esto es lo que sucede en todos los instrumentos de cuerda. En el caso del Sol, las ondas estacionarias resultantes son del mismo tipo de las producidas en el interior de los tubos de órgano.

Evidentemente, si el Sol es una estrella normal, el resto también debe presentar estas oscilaciones. El problema para observarlas es que son muy débiles y, por tanto, se necesita alcanzar una enorme precisión en las medidas. Fue en 2001, gracias la esfuerzo de los astrónomos suizos François Bouchy y Fabien Carrier del Observatorio de Ginebra, cuando se observó por primera vez el tañer de otra estrella, Alfa Centauri A, la componente principal del sistema estelar más cercano al Sol compuesto por tres estrellas. Alpha Centauri A es la componente principal del sistema, una enana amarilla muy parecida al Sol, tanto en su tamaño (su radio es 1.,23 veces el del Sol), su masa (un 10 % mayor) y su temperatura (entre 5.790 y 5.850 ºK, frente a los 5.780 del Sol). Tampoco su luminosidad es excesivamente mayor: sólo una vez y media más que la de nuestra estrella. Las observaciones de Alpha Centauri A las realizaron en mayo de 2001 durante cinco noches en el telescopio suizo Leonard Euler del Observatorio La Silla en Chile. Para ello utilizaron el espectrógrafo CORALIE de este telescopio, que se había revelado como tremendamente útil detectando exoplanetas: el espectrógrafo era capaz de identificar el casi imperceptible movimiento oscilante de la estrella provocado por el tirón gravitatorio del planeta. Así, se puede usar la misma técnica para estudiar las oscilaciones en la superficie de las estrellas provocadas por las ondas acústicas, que hacen que pulse periódicamente hacia adentro y hacia afuera. Las oscilaciones que detectaron los astrónomos suizos eran minúsculas, con velocidades de hasta 35 cm por segundo, lo que significa que la superficie de Alfa Centauri A sube y baja tan solo 40 metros. Teniendo en cuenta que el radio de la estrella es de 875 000 kilómetros, podemos comprender la exquisitez y finura de esa detección. Las medidas de Bouchy y Carrier demostraron que esta estrella, muy parecida a la nuestra, pulsa siguiendo un ciclo de 7 minutos.

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El paso del tiempo no sólo lo marca el reloj de la iglesia del pueblo…

 

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