Saltaron a la agenda mediática al anunciar que acompañarán la gran marcha federal educativa del 23 de abril, bajo la bandera común de la defensa de la educación púbica, aunque hayan optado por la gestión privada para este tramo formativo. Las y los integrantes del centro de estudiantes de la Uade (Universidad Argentina de la Empresa) tienen, sin embargo, luchas previas que los convocan: denuncian persecución y hostigamiento por parte de las autoridades de su facultad, que se niegan a reconocer este espacio de organización estudiantil que la ley contempla -y alienta- para las instituciones educativas de todo tipo, incluidas las privadas.

«Esta es una marcha que nos tiene que interpelar a toda la sociedad. La educación pública es una bandera argentina histórica y es de todos, es lo que nos distingue en el mundo. Hoy está siendo atacada y hay que salir a defenderla», dicen Luciana Salas Marzzan, Tomás Passamonti y Valentina Iriel, tres de los impulsores del centro de estudiantes de la Uade. Aseguran que llegan a unos doscientos los estudiantes que acompañarán la columna de la marcha para la que ya están preparando la bandera que llevarán.

El lugar de encuentro para eso es la vecina Facultad de Ciencias Sociales de la UBA -que queda a unas cuadras, también en el barrio de Constitución-, porque su universidad les niega el espacio para reunirse a hacerlo.

No sólo eso: por las dudas, la casa de estudios emitió un comunicado en el que aclara que «frente a los trascendidos sobre la convocatoria en apoyo a una movilización prevista para el 23 de abril por parte de un pequeño grupo de personas autoidentificadas como estudiantes de nuestra universidad, informamos que Uade no está de ningún modo involucrada. Cualquier participación de alumnos en actividades de esta ínbdole corresponde al ámbito individual y no representa de ninguna manera a la universidad ni a su comunidad».

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Lo nuevo y lo de siempre

Con el único antecedente de organización estudiantil de una experiencia en los 70, liderada por el entonces estudiante Guillermo Moreno, más un par de intentos recientes que no se concretaron, en la Uade hay poca tradición de la cual agarrarse para conformar un centro de estudiantes. Más bien está todo por hacer. Las formas son novedosas: «Todo surge cuando Uade a principio de año empieza a lanzar publicaciones en su Instagram, y los comentarios eran todos negativos, todos los estudiantes quejándose. Ahí fue que dijimos: bueno, si queremos cambiar esto, con las redes solas no alcanza, habrá que organizarse», repasan Luciana, Tomás y Valentina.

Las demandas no son tan diferentes de los de aquella única experiencia de Moreno como presidente: los aumentos excesivos y poco transparentes de las cuotas; la falta de vacantes en el turno noche, al que asisten la mayoría de los estudiantes que trabajan; el cambio de promoción directa de las materias con 8 puntos en lugar del histórico 7 («debido a las pocas horas que en general disponen las personas que trabajan y estudian, parece imposible poder seguir el ritmo académico de esta nueva imposición», expresan en una carta al rector).

Hace unas semanas presentaron una carta que lleva la firma de más de 300 estudiantes, dirigida al rector Ricardo Orozco, en la que se expusieron algunos de estos reclamos. Pero, sobre todo, en cumplimiento de la ley 26.877, pidieron que la universidad reconociera al centro de estudiantes. Lejos de abrir una instancia de diálogo con el estudiantado, la respuesta institucional fue citar a grupos de alumnos para reprenderlos por haber elevado la carta.

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«Los directivos de carrera fueron citando a los que habían firmado y algunos otros que no, fue una clara forma de amedrentamiento. Mencionaron que fue una ‘carta ofensiva’, que ‘causó malestar’ en las autoridades, que haber firmado puede conllevar algún tipo de sanción. Cuando es un texto respetuoso que lo único que hace es plantear una problemática, pedir diálogo, pedir que nos reconozcan como organización estudiantil. Lo lógico y lo que corresponde es que respondan la carta y ofrezcan una reunión, no que nos amenacen», denuncian los estudiantes.

Así las cosas, estos estudiantes no pueden repartir volantes a sus compañeros, ni pegar carteles, ni convocar a una reunión dentro de su universidad, sin pedir un permiso que, aseguran, les es denegado. Algo que no ocurre en otras universidades privadas como la UCA, la Di Tella o la San Andrés, que tienen desde hace años centros de estudiantes conformados. Sin embargo sí reciben, cuentan también, gran apoyo entre sus compañeros -sobre todo los que afrontan el pago del arancel sin apoyo familiar- y de muchos más profesores y profesoras de los que hubiesen imaginado. «Charlando con ellos nos enteramos que hace unos años hubo un intento de sindicalización docente, que se frenó porque echaron a los profesores que lo iniciaron. En ese punto nuestra lucha se une con la de los docentes, también», analizan.

«Muchos de nosotros nos bancamos la carrera, pero nuestro sueldo no aumenta, y acá cada mes es una incertidumbre. Estaría bueno que Uade notifique en qué meses va a haber aumentos y en qué porcentaje. Un estudiante que no puede predecir lo que va a pagar de aquí a fin de año es un estudiante claramente está desampardo», denuncian. Una cuota en esta universidad hoy ronda los 200 mil pesos, mientras que en enero el promedio era de 150 mil, dependiendo de las carreras y los turnos. La más cara es gastronomía, que de 240 mil pesos en enero fue ascendiendo hasta llegar a los actuales 300 mil. «Para los directivos Uade es simplemente una empresa que proporciona un servicio de educación, no es una comunidad educativa. Como estudiantes estamos dispuestos a dar la disputa por otra identidad colectiva», aseguran los jóvenes.

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Educación para todes

Mientras Passamonti e Iriel se definen como «apartidarios», Salas Marzzan milita en la agrupación de Leandro Santoro Lxs Irrompibles, que tiene su núcleo estudiantil «La Efervescente». Marchar el 23, asegura, va mucho más allá de la militancia partidaria, es en este momento «un deber ciudadano».

«Como estudiantes, compartiendo una identidad conjunta, nos parece correcto solidarizarnos y acompañar la marcha. Porque nuestros docentes son graduados de la universidad pública, nuestros padres son hijos de la educación pública, tenemos amigos en las faucltades nacionales. Es difícil no empatizar cuando se te acerca un amigo y te dice que de repente puede quedarse con la carrera a mitad de camino porque no sabe si tendrá segundo cuatrimestre. Eso te interpela, pensar que quieren terminar con la educación pública, laica y de calidad, de la que siempre nos enorgullecimos, te interprela», reflexiona. Y concluye: «Seguramente no seremos los únicos. Llamamos a los estudiantes de todas las universidades privadas argentinas a que se sumen a nuestra convocatoria. La marcha tiene que ser masiva y el mensaje estudiantil tiene que ser contundente».

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