El 25 de junio de 1807, Napoleón y el zar ruso Alejandro I mantuvieron una cumbre insólita que se celebró en una balsa en medio del río Niemen. El objetivo del encuentro era negociar un tratado de paz.

 A las nueve de la noche del día 24, fue dada la orden de construir dos casas flotantes para la reunión de los soberanos, que sería llevada a cabo en el centro del río Niemen. De inmediato, ciento cincuenta carpinteros franceses comenzaron a trabajar en la construcción de las casas. La primera estuvo terminada y flotada para el mediodía del 25 de junio. Según algunos testigos presenciales, la construcción estaba bien amueblada e incluía un gran salón, finamente decorado con dos puertas enfrentadas, más allá de las cuales había dos antecámaras. Las paredes estaban cubiertas con guirnaldas de flores, ramas y hojas, y en el techo había dos veletas, una con un águila rusa y la otra con el águila francesa. Esta casa quedó anclada en medio del río Niemen, cerca del puente viejo. 

A las doce y media, Napoleón, acompañado por sus mariscales y cien guardias, llegó a la orilla del río y subió a un pequeño bote. La guardia rusa formó en la orilla opuesta. A una señal dada por las trompetas rusas, los dos barcos partieron simultáneamente, llegando ambos al mismo tiempo a la construcción fondeada en mitad del río, Napoleón en el lado sur y Alejandro en el norte. Los emperadores se abrazaron y entraron a la casa flotante. La conversación duró tres cuartos de hora. Fruto del encuentro, fue firmado el Tratado de Tilsit franco-ruso, que inició una alianza entre los dos imperios y dejó al resto de Europa continental casi sin poder. Las buenas migas duraron poco y la cooperación entre Rusia y Francia quedó hecha añicos en 1810, cuando el zar comenzó a permitir que los barcos neutrales desembarcaran en los puertos rusos. 

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Los siguientes años no trajeron buenas noticias al imperio francés. La miseria iba en aumento. No había comercio. Las madres lloraban a los hijos muertos en la guerra y las lágrimas cristalizaron en manifestaciones y quejas permanentes. La población estaba agotada y el viento arrastraba rumores de sedición. Napoleón era consciente de estos males y comprendía bien la gravedad que implicaban, pero contaba con emplear un remedio habitual, que consistía básicamente en ondear con brío nuevas victorias. Era evidente que, para salvar la situación, la siguiente conquista debería de ser bien importante y Napoleón decidió asestar un gran golpe en el norte, para subyugar a Rusia y, ya de paso, amilanar a Inglaterra, porque pretendía continuar abriéndose paso en dirección al sur de la India, para restaurar la antigua gloria de Francia y privar a los ingleses de su única posesión significativa.

El 10 de mayo de 1812, el periódico francés Le Moniteur Universel publicó que Napoleón había partido ese mismo día para inspeccionar el gran ejército reunido en el Vístula, uno de los principales ríos de la Europa oriental y el más importante de Polonia, que permanecía apostado en espera de órdenes para asaltar a la temible Rusia imperial. La Grande Armée napoleónica era un inmenso cuerpo de soldados, formado por más de seiscientos mil hombres que, con mucho, constituía la fuerza terrestre más poderosa jamás reunida, por lo que era de prever una sencilla victoria francesa, que apuntalaría la ambición de Napoleón por dominar Europa. Sin embargo, el fracaso fue estrepitoso.

Episode of the war of 1812 (1874), de Illarion Mikhailovich Pryanishnikov (1840-1894) representa la retirada de las tropas napoléonicas de Rusia en 1812, acuciadas por
las enfermedades y el frío.
ASC

Una dura travesía

Los soldados franceses marcharon, día y noche, sobre el arenoso suelo polaco. La travesía estuvo minada de dificultades. Calor tropical durante el día y temperaturas bajas una vez entrada la noche. Duras caminatas acompañadas con frecuencia de virulentas tormentas norteñas y de inmensas masas de polvo que despegaban al paso de los soldados y que quedaban colgadas, como nubes, sobre las columnas militares en marcha. Escasez de agua pura y de provisiones frescas. Obligación de acampar en terrenos desnudos y a menudo húmedos o de marchar a través de vastos y sombríos bosques. Era agotador. Las fuerzas flaqueaban, todo era melancolía, y muchos enfermaron antes de alcanzar el Niemen.

El 24 de junio de 1812, el ejército imperial francés, dirigido por el emperador Napoleón I, llegó al río Niemen, dispuesto a enfilar rumbo a Moscú para invadir Rusia. El sol radiaba, resplandeciendo en las bayonetas y en los cascos. Los gritos de ¡viva el emperador! pululaban a diestro y siniestro. El escenario era magnífico. Napoleón salió de su tienda, rodeado de oficiales, y contempló el espectáculo prodigioso de la fuerza militar que comandaba. Cientos de miles de soldados unidos en un solo lugar. La tropa recibió una breve y enérgica proclama, inspirada por la presencia del emperador. La margen derecha del río estaba cubierta de tropas, magníficas y poderosas, que desparramaron multitud de soldados sobre los puentes, para crear varias corrientes humanas. Parecían incontenibles pero, contra todo pronóstico, cayeron derrotadas.

Recreación 3D de Bartonella quintana, bacteria causante del tifusShutterstock

Foco de enfermedades

Entre las causas que favorecieron el descalabro de las tropas napoleónicas se sugieren la falta de comida, el clima extremadamente frío y la aparición de enfermedades durante la incursión en Rusia. La mayoría de los soldados que comenzaron la campaña rusa murieron de disentería, neumonía y fiebres de diversa índole. De todas las descripciones de los informes de la campaña rusa puede deducirse que muchos de los casos enumerados eran de tifus epidémico, sin perjuicio de que la sintomatología dada es muy incompleta, por no hablar de la anatomía patológica.

Napoleón había sido advertido repetidamente de que Polonia tenía grandes focos endémicos de tifus en todo el país, y que el campesinado estaba plagado de enfermedades. En consecuencia, fueron emitidas varias órdenes que prohibían a los soldados, bajo pena de muerte, fraternizar con la ciudadanía polaca. Sin embargo, las órdenes fueron en gran medida ignoradas, ya que el ejército, que rápidamente se quedó sin alimentos y suministros, comenzó a atacar las aldeas cercanas, en busca de comida para las tropas hambrientas. Estas incursiones ocasionaron el inevitable contacto de los soldados con el campesinado polaco, dando como resultado un brote de tifus epidémico en los campamentos napoleónicos

Las endemias más comunes. Fuente: iStock / Lacheev

Eugenio M. Fernández Aguilar

Además, la poca agua disponible era empleada para beber, siendo casi imposible bañarse y lavar la ropa. Por otro lado, las noches crudas invitaban a los soldados, que iban mal preparados, a dormir juntos y acurrucados para guardar el calor. En tal ambiente, las fuertes infestaciones de piojos del cuerpo eran inevitables. Las consecuencias fueron desastrosas. Más de ochenta mil soldados franceses murieron el primer mes de la epidemia. La retirada de la contienda originó una reducción diaria de las tropas francesas, consecuencia de las luchas constantes, las privaciones y las enfermedades persistentes. Las estimaciones apuntan a que, de los veinticinco mil soldados replegados a la localidad lituana de Vilna, solo tres mil sobrevivieron.

Relacionado con este suceso, a finales del otoño del año 2001, durante unos trabajos de construcción, fueron descubiertas diversas fosas comunes en un antiguo cuartel soviético ubicado en unos suburbios al norte de Vilna (Lituania). Las fosas contenían miles de cadáveres. Al principio creyeron que se trataba de disidentes políticos ajusticiados por el régimen soviético, pero el análisis detallado de fragmentos de uniformes y botones reveló que en realidad eran soldados y oficiales napoleónicos de cuarenta regimientos diferentes. Los registros en los archivos locales confirmaron que las tumbas contenían tropas francesas, que estaban guarnecidas en Vilna desde diciembre de 1812, durante la retirada de la Grande Armée napoleónica de Moscú.

La densidad del enterramiento era muy alta, de siete cadáveres por metro cuadrado, y no estaban en posición asociada al rigor mortis, lo que sugiere que los soldados habían sido enterrados masivamente poco después de la muerte, y que el intenso frío los había congelado en la posición en la que habían sido colocados.

Desde luego que hubo soldados que murieron por las heridas, otros por la miseria, pero muchos fueron arrastrados por el tifus epidémico. Vilna quedó convertida en el epicentro de un brote masivo de la enfermedad. Un hedor pestilente a muerte llenó la ciudad. Montones de cadáveres fueron quemados y, cuando quedó claro que la práctica era demasiado cara, los muertos fueron arrojados sin miramientos a fosas comunes.

Los investigadores analizaron dos kilogramos de tierra de las fosas y encontraron
restos de piojos
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Agente transmisor

Los investigadores analizaron dos kilogramos de tierra de las fosas y encontraron restos de Pediculus humanus humanus, el piojo del cuerpo. Además, fue testado el ADN dental de decenas de esqueletos, confirmándose la presencia de Rickettsia prowazekii y de Bartonella quintana, los agentes etiológicos responsables de causar el tifus epidémico y la fiebre de las trincheras, respectivamente. Las bacterias Bartonella quintana y Rickettsia prowazekii son transmitidas por el piojo del cuerpo cuando las heces del insecto, que portan el patógeno, ingresan en el organismo a través de arañazos, mordeduras u otras heridas, incluso a veces a través de las mucosas de los ojos o la boca.

Las manifestaciones clínicas de Rickettsia prowazekii transmitida por piojos incluyen dolor de cabeza intenso, fiebre alta, malestar general, estreñimiento, tos y erupción cutánea. Las manifestaciones del sistema nervioso central, como delirio, coma y convulsiones, están presentes hasta en el 80 % de los casos. En brotes modernos, a gran escala, de tifus epidémico han sido notificadas tasas de letalidad de entre el 10 % y el 15 %. En 1975, Rickettsia prowazekii fue aislada de la ardilla voladora del sur (Glaucomys volans). En Estados Unidos, pueden ocurrir casos raros de tifus epidémico, llamado tifus selvático. Estos casos ocurren cuando las personas están expuestas a las ardillas voladoras y sus nidos. Los pacientes expuestos a Rickettsia prowazekii de las ardillas voladoras tienen síntomas clínicos similares a los de la forma transmitida por piojos, pero un curso clínico menos grave.

Los campos de refugiados, como este de Etiopía con motivo de la hambruna de 1984, son un
campo de cultivo para la propagación del tifus epidémico.
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La sanidad moderna

En 1830, el médico alemán August Hirsch dijo que la crónica del tifus está escrita en esas páginas oscuras de la historia del mundo que hablan de las dolorosas visitas de la humanidad por la guerra, el hambre y la miseria de todo tipo. Es cierto, el tifus epidémico ha causado estragos a lo largo de la historia humana, particularmente antes del advenimiento de las prácticas sanitarias modernas y de la disponibilidad de medicamentos antimicrobianos. La mortalidad aumenta con la edad y puede alcanzar un 60 % en pacientes no tratados con una edad superior a los cincuenta años. El colapso vascular, la insuficiencia renal, los signos encefalíticos, la equimosis con gangrena y la neumonía son signos de mal pronóstico. Resulta evidente que la erradicación del tifus epidémico no es sencilla. Si una persona con infección por Rickettsia prowazekii está infestada simultáneamente de piojos, puede resurgir un foco de tifus epidémico. 

De hecho, la enfermedad sigue siendo un riesgo entre las poblaciones de refugiados de todo el mundo, incluso en los países de altos ingresos. El tifus se propaga en condiciones de hacinamiento e insalubridad, y las epidemias históricas de la enfermedad a menudo siguieron a guerras, climas extremos, hambrunas y agitación social. El tifus epidémico sigue siendo una constante amenaza en zonas rurales de Sudamérica, África y Asia y en los campos de refugiados repartidos por diferentes continentes. Como resultado, el tifus epidémico podría resurgir como una enfermedad infecciosa grave en áreas del mundo donde persisten los conflictos sociales y los programas de salud pública subdesarrollados. De hecho, en los últimos treinta años, áreas de Rusia, Burundi, Ruanda, Etiopía, Argelia y el Perú andino, por citar algunas, han experimentado brotes de tifus. En 1997, durante la guerra civil de Burundi, las extensas infestaciones por piojos del cuerpo precedieron a serios brotes de tifus epidémico y de fiebre de las trincheras. Consecuencia de ello hubo más de cien mil casos de tifus epidémico en el país, con una letalidad del 15 %.

Los datos científicos sugieren que los soldados de Napoleón estuvieron afectados por una plaga de piojos que les transmitieron, sin saberlo, tifus epidémico y la fiebre de las trincheras, lo que sin duda diezmó la capacidad del ejército francés en combate, allanó la victoria rusa y cambió la historia de Europa. La derrota ante los rusos marcó el comienzo de la caída del imperio francés y condujo a la derrota definitiva de Napoleón, en junio de 1815, en la batalla de Waterloo.

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