Fue un anónimo el que introdujo en la historia a un misterioso y escurridizo personaje que terminaría por tener un rol determinante en el esclarecimiento y la resolución judicial de la desaparición del estudiante de Periodismo Miguel Bru, ocurrida el 17 de agosto de 1993: Celia Noemí Giménez, una mujer a la que todos conocen como «La Negra» y que en aquellos días ejercía la prostitución en la zona roja platense, cerca de la casa en la que vivía Miguel con un grupo de amigos.

Aquella misiva develaba una sorda y cruenta interna policial y mencionaba varios casos ocurridos en La Plata en los que se investigaba a la fuerza. Según el texto, los efectivos de la comisaría Novena no soportaban la actitud altiva de Miguel y habían decidido «darle un escarmiento, tratando de incriminarlo en algún hecho delictivo» luego de que el joven los denunciara ante la Justicia por un allanamiento ilegal de la vivienda que ocupaba. «Comenzaron a seguirlo las 24 horas y como no le pudieron comprobar nada, un día decidieron levantarlo en la ruta 11», aseguraba la carta. Según la secuencia relatada, Miguel intentó resistirse y a uno de los numerarios «se le escapó» un disparo del arma reglamentaria que impactó en «el parietal izquierdo de Bru, a la altura de la sien, ocasionándole inmediatamente la muerte», por lo que el cuerpo fue llevado a una cantera de cal viva en la localidad de Arditi cerca del balneario Punta Piedras.

En la nota sin firma se señalaba a Celia como la «entregadora» de Bru y «amante» de Justo López quien se ocupaba de brindarle protección para sus actividades en la zona roja. Además, se indicaba que «López le encargó que se relacionara con los habitantes de la casa de la calle 69 donde vivía Miguel y ella comenzó a frecuentarlos para informar sobre las actividades y personas que allí se reunían». Siempre según ese texto, «López le pidió también que controlase especialmente los movimientos de Miguel después de su denuncia por abuso de autoridad contra el Servicio de Calle de la comisaría Novena; así averiguó que Miguel viajaría a Bavio y que allí estaría solo; y se lo comunicó a López».

En el escrito señalaba que tras la desaparición de Miguel, Celia se había ausentado de los lugares que solía frecuentar y que la Brigada de Investigaciones había detenido a su esposo, Luis Motín, a quien «se lo obligó a declarar que Celia le había comentado que en la casa de 69 se consumían drogas».

La Negra fue una de las primeras personas que se enteró del crimen de Miguel. En la mañana del 18 de agosto de 1993, cuando Giménez fue a visitar a uno de sus siete hermanos, Luis Horacio «El Negro» Zuaso, detenido en la Novena, éste le contó que esa noche habían metido a un pibe al que le habían dado una paliza y que en medio de gritos y convulsiones, el muchacho se había muerto. Zuaso señaló a López como el autor del hecho y también relató que al sacarlo por el portón del fondo, los policías llevaban dos bidones con combustible que, según estimó, iban a usar para quemar el cuerpo.

Tras enterarse de lo ocurrido y siguiendo un consejo que habría emanado de los propios tribunales penales de La Plata la mujer recaló durante un tiempo en Mar del Plata con un nombre y documento falsos.

A mediados de enero de 1994 el juez Guillermo Atencio, a cargo del Juzgado en lo Criminal y Correccional N° 6, informó a la prensa que el dictamen de las pericias hechas sobre el anónimo determinaba que había sido confeccionado en una máquina de escribir que pertenecía al inventario de la Brigada de Investigaciones platense. El revuelo fue muy grande. No obstante, nunca hubo procesados ni detenidos por semejante anomalía.

Al cumplirse un año de la desaparición, el juez Amilcar Vara declaró: «No hay elementos para pensar que hubo un delito. Hemos hecho de todo. Normalmente una averiguación de paradero se resuelve en ochenta fojas y nosotros ya llevamos mil doscientas», sostuvo. Por entonces, los instructores del caso habían convencido al magistrado de que el trasfondo del hecho estaba vinculado con un asunto de drogas, lo que transformaba a la víctima, al menos, en sospechoso.

CAREO SIN REGISTRO

Celia reapareció en el caso la mañana del 27 de octubre de 1994, cuando el juez Vara la recibió en su despacho junto al sargento López. Aquel encuentro, que en principio iba a presentarse como un careo, no terminó como se esperaba. O, al menos, como lo esperaba el juez. Nada de lo sustancial que allí ocurrió quedó asentado en la causa, aunque las alternativas de la reunión fueron grabadas por la Dirección de Inteligencia de la Bonaerense.

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Durante la singular audiencia, Giménez acusó al suboficial de haber matado a Bru, algo que supo por su hermano, que ese día la había acompañado a tribunales. López amenazó a Giménez delante del juez:

–Dejame de joder, Negrita, porque esto no termina bien –advirtió el suboficial.

–Vos dejate de joder, sacalo de donde lo tenés enterrado y terminá con todo esto –disparó Celia abalanzándose sobre López.

–¡No digas estupideces, acá no hay cuerpo ni delito! –dijo el sargento subiendo el tono.

Vara, que asistía en silencio al altercado, pidió que se calmaran y largó una carcajada.

–¡Pará! ¡Pará!, no es joda, que a esta le tengo miedo, es capaz de cualquier cosa –dijo el suboficial.

El Negro Zuaso esperaba que su hermana terminara el trámite en el pasillo cuando vio salir a López del juzgado. Se le paró delante. Los hombres se amenazaron mutuamente. Al día siguiente Zuaso murió bajo las balas policiales en un hecho que nunca fue aclarado.

Como se dijo, el acta de comparecencia de Giménez y López ante Vara, rubricada por el secretario del Juzgado, Ricardo Fuente, no incluyó ninguna de las revelaciones y acusaciones vertidas delante del juez.

Aquel día Celia admitió conocer a Miguel Bru y dijo que era un amigo con el que solía charlar en la plaza Matheu. «Era un pibe bueno, un poco bohemio, que me hablaba y me transmitía paz y tranquilidad. Me aconsejaba, quería que buscara otro trabajo, que tuviera otra vida», sostuvo. La Negra aseguró que Vara quiso hacerle firmar una declaración en la que ella revelaba que había estado con Miguel en «una quinta de Bavio» la noche de su desaparición. «Yo me negué porque eso era mentira», dijo.

ENCUENTRO EN LA PLAZA

Rosa Schonfeld, mamá de de Miguel, llevaba 2 años lidiando con una Justicia que no había conseguido ningún avance en la investigación. Hacía tiempo intentaba, sin suerte, ubicar a Celia Giménez.

Un día Néstor, el marido de Rosa que era sargento de policía en la comisaría Cuarta de Berisso, volvió del trabajo y le preguntó:

–¿A que no sabés quién estuvo hoy en la comisaría? –sin esperar respuesta agregó–. La Negra Celia, tiene al novio preso acá.

–No te lo puedo creer; ¿vos le dijiste algo? La voy a ver. Me tenés que avisar cuando vuelva –se atropelló Rosa.

Durante tres semanas la mamá de Miguel se sentó en un banco de la plaza frente a la seccional a esperar que Celia volviera a ver a su pareja. Los amigos de Miguel le sugirieron que si lograba hablar con ella grabara la conversación. Entonces, Rosa le pidió a Pablo Tulían, uno de los compañeros de Miguel en la Facultad de Periodismo, que le consiguiera un reporter. Le explicaron cómo utilizarlo. La idea era hacer el registro sin que la mujer se diera cuenta. Rosa puso el aparato dentro de una bolsa de compras y practicó prenderlo sin mirar. Tenía terror de que el mecanismo saltara y echara a perder el plan.

Al tercer jueves Celia apareció y Rosa le salió al cruce.

–Hola, yo soy la mamá de Miguel Bru –se presentó.

–¿Qué tal, señora?

–¿Podremos charlar un ratito? ¿Sabés hace cuánto tiempo que yo quería charlar con vos…? Se dijeron tantas cosas.

–Sí…. yo vivo amenazada.

–¿Y por qué te amenazan?

–Tienen miedo a lo que yo diga.

–¿Pero de qué tienen miedo? ¿Qué tenés para decir?

Lo que me dijo mi hermano: que a Miguel lo mataron dentro de la comisaría. No querían matarlo, pero se les fue de palos y lo sacaron por una puerta de atrás.

–¿De la comisaría Novena?

–Sí.

–¿Y tu hermano dónde está ahora?

–Lo mataron hace dos meses, pero cuando lo llevaron a Miguel estaba preso en la Novena. Yo pagaba para que lo tuvieran ahí.

–¿Y qué apellido era?

–Zuaso, Luis Horacio Zuaso. El Negro.

–¿Él lo vio a Miguel adentro?

–Él lo ve una noche cuando lo entran y le pegan: de ahí dijo mi hermano que no salió vivo.

–…pero vos buchoneabas a la Novena…

–Eso es mentira. Todo mentira. Lo que pasa es que el Negro López es padrino de mi hijo.

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–Yo en tribunales te miraba porque no te conocía. Cuando vos me mirabas de repente dije «es Celia Giménez» y entonces traté de ubicarlo al juez y él me decía que no te encontraba, que no te encontraba y que no te encontraba…

–Mentira que Vara no me encontraba; es el único que tiene mi dirección.

–Él ese día me dijo: «¿Vio que tenemos una pequeña puntita y esa puntita está en el pasillo?». Ese día me contó que vos decías que López fue el que lo mató a mi hijo.

–Sí. Yo se lo dije en la cara a López delante del juez: «Vos lo mataste, hacete cargo». Vara me miró y no dijo nada… y me buscaba él y no me olvido más que en 1 y 69 estaban el Negro López y Cacho Tellería todas las noches parados antes de que desapareciera Miguel… no me olvido, eso me quedó acá y el Renault 12 y la Chevy parados en la esquina continuamente. La Policía no sabía lo que me dijo mi hermano, no lo sabía el juez, no lo sabía nadie porque yo me lo guardaba para mí porque mi hermano estaba vivo. ¿Ahora qué? ¿Me lo van a amenazar? ¿Qué? ¿Me lo van a matar?

–Si yo te pido que vos declares, ¿vos declararías o tenés miedo todavía?

–Sí. Estoy cagada, pero… pero yo declaro igual, ya estoy cansada.

Rosa volvió a su casa sobresaltada; le transpiraban las manos. Sabía de la importancia crucial que el testimonio de Celia tenía para desanudar la causa de Miguel. Guardó la cinta y esperó que la mujer cumpliera con su promesa de presentarse ante la Justicia.

«Yo la busqué mucho tiempo hasta que la encontré y fue la primera persona que me dijo que a Miguel lo habían llevado a la Novena y se les fue de palos. Ella habló después de que le mataron al hermano», recuerda Rosa. Celia no supo que había sido grabada: «Igual yo no tenía problemas, porque iba con la verdad», dijo la Negra al enterarse.

El 8 de abril, el diario Hoy publicó un extracto de una conversación entre Rosa y Celia. El artículo, firmado por el periodista Carlos Festa, reproducía el pasaje de la grabación en la que Celia contaba que su hermano, le había dicho que Miguel «no salió vivo» de la Novena la madrugada del 18 de agosto, pero, además la revelación de aquel insólito episodio en el despacho de Vara donde dijo, delante del magistrado, que López era el asesino de Bru, sin que esto fuera incorporado al expediente.

Festa, que había accedido a la información gracias a sus buenos contactos en la fuerza, convenció a Rosa de que nada protegería más a Celia que dar a conocer el diálogo. La madre de Miguel aceptó que el revelador diálogo se publicara porque, entre otras cosas, hacía un tiempo que no podía dar con el paradero de Celia y temía por su integridad.

El martes 11 de abril, Giménez se presentó ante la jueza Elba Demaría Massey, que estaba de turno: ratificó el contenido de la cinta y denunció que recibía constantes amenazas de policías y hasta de personas allegadas al juez Vara. Lo mismo repitió al día siguiente ante el juez Braulio Fonseca, encargado de subrogar en el juzgado de Vara, quien gozaba de una licencia médica. Horas después Rosa aportó a la Justicia una copia de la grabación de su charla con Celia.

La causa dio un vuelco. Acorralado, Vara terminó por ordenar la detención de López a quien el 3 de agosto dictó la prisión preventiva. Ese mismo día el suboficial decidió hablar por primera vez, pero no ante la Justicia, sino con el diario El Día, que publicó una entrevista en exclusiva donde López afirmó no conocer a Bru y ser víctima de una confabulación de delincuentes a los que había encarcelado. Según la nota, el suboficial atendió al periodista en el calabozo de la comisaría de Abasto compungido y con lágrimas en los ojos. Y se lamentó de haber perdido el trabajo y la familia: «Me tuve que separar por esto de mi esposa y mis hijos no van más a la escuela porque les dicen que su papá es un asesino», aseguró. Por último, admitió haber estado en uno de los allanamientos a la casa de 69 y reconoció su vínculo con Celia Giménez, de quien dijo: «Fue comadre mía, venía a comer a mi casa y soy padrino de sus hijos. Hace un tiempo se relacionó con un delincuente de apellido Alé al que metí preso y luego de eso ella se presentó a declarar en mi contra». La pareja de Celia de aquel momento, César Alé, había sido derivada a la Unidad Penal N° 9, donde también estaba alojado el sargento López. A los pocos días de estar allí, acusó al policía y a su abogada, Augusta Salinas Roberts, de haberle hecho «un apriete de aquellos». La Justicia ordenó el pase del detenido a la Unidad N° 24 de Florencio Varela, donde, apenas llegó sufrió una golpiza que según informes médicos le provocó lesiones graves y motivó un nuevo traslado esta vez a la Unidad Penal de Dolores.

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Al cumplirse el cuarto aniversario de la desaparición de Bru, el juez Vara fue apartado y el exediente quedó en manos de Ricardo Szelagowski. La Negra Celia, que había vuelto lentamente a las calles esperanzada por la actitud del nuevo juez del caso, decidió participar de la movilización para reclamar el esclarecimiento. Ese mismo día, un coche intentó atropellarla en la esquina de 1 y 67. Desde el vehículo le gritaron: «Dejate de joder con Bru, porque la próxima sos boleta», según consta en la presentación efectuada ante la Justicia. La mujer recibió el impacto pero alcanzó a arrojarse detrás de una columna y salvó el pellejo; de todas formas, los golpes en el abdomen obligaron a su internación en el Hospital Gutiérrez. Casi pierde el embarazo de Mohamed, su décimo hijo. Desde entonces, y durante mucho tiempo, vivió con custodia policial.

En mayo de 1998 Giménez tuvo un gran protagonismo en el jury que terminó con la destitución de Vara. La columna vertebral de ese proceso fue el caso Bru. Entre los testigos que convalidaron las irregularidades imputadas a Vara, la Negra ratificó haber participado de un careo ante el juez y en la sede del juzgado que el magistrado no incorporó a la causa. Aquel día, ante los conjueces, la mujer dijo que temía por su vida y rompió en llanto; en la sala se hizo un silencio denso hasta que el procurador de la Corte bonaerense, Eduardo Matías de la Cruz, tomó la palabra:

–Señora, yo soy el procurador general de la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires, si luego de esta declaración usted tiene algún problema, puede contar conmigo. Usted no debe temer, le ruego que cualquier inconveniente formalice la denuncia ante mí, que me ocuparé personalmente –dijo.

Celia salió escoltada por tres custodios que la condujeron por una puerta lateral para evitar el contacto con la prensa. Mientras se retiraba, con esa voz sibilante corroída por el asma que contrajo en tantas madrugadas a la intemperie soltó:

Si le pasa esto no debe ser buen juez, ¿no?

Afuera la esperaba un auto con el motor encendido que se marchó a toda velocidad.

Al año siguiente, en mayo de 1999, Celia volvió a presentarse como testigo en el juicio oral por la desaparición de Miguel Bru. «A mi hermano lo mataron por este caso y eso me decidió a hablar. Él me contó que había visto todo, que a Miguel le habían dado bolsa y se les había quedado. Mencionó a López y también me dijo que los vio meter el cuerpo en un auto. Llevaban dos bidones. A Bru lo quemaron, nunca lo van a encontrar. Eso me dijo mi hermano antes de que lo mataran», sentenció Celia camuflada bajo un sombrero que le cubría parte del rostro. Luego, en un acto que pareció estudiado, giró y quedó frente a frente con López a quien reprochó: «Mi hermano mencionó tu nombre, hacete cargo».

Tras aquel paso rutilante, que provocó interés y los comentarios de la prensa, Celia Giménez volvió a su mundo, alejado de las luces de las cámaras. Lo último que se supo de ella fue en febrero de 2016 cuando en un operativo con cinco patrulleros la detuvieron en su casa por un pedido hecho en 1994 cuando se intentaba dar con su paradero para que declarara en la causa de Bru. Al parecer la solicitud quedó traspapelada y se reactivó por error, según explicaron entonces voceros judiciales. En estos días la Negra decidió mantener su perfil bajo y no responder a los mensajes de la prensa.

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