Los ataques estadounidenses contra infraestructura civil en Irán volvieron a generar una fuerte condena de la ONU, que los calificó de «inaceptables» y alertó por la creciente escalada militar entre Washington y Teherán. La advertencia coincidió con un ataque contra una planta desalinizadora que dejó a unas 10.000 personas sin agua potable.
El secretario general de la ONU, António Guterres, «sigue profundamente preocupado por la continua escalada militar entre Irán y los Estados Unidos de América. Está particularmente preocupado por los ataques contra infraestructura civil en Irán y en toda la región”, declaró el viernes a la prensa el portavoz adjunto Farhan Ha.
Las declaraciones se produjeron después de que fuerzas estadounidenses atacaran cinco puentes y varios puntos del sur y sureste de Irán el jueves por la noche.
Luego, el viernes, un ataque estadounidense contra una planta desalinizadora de agua en la aldea costera de Bunji, en la provincia de Hormozgan, dejó a miles de personas sin suministro de agua, informó el sábado un funcionario provincial.
El ataque «interrumpió por completo el suministro de agua potable a 20 aldeas con una población de unas 10.000 personas», citó la agencia semioficial iraní Tasnim al director ejecutivo de la Compañía de Agua y Aguas Residuales de Hormozgan. «Estas aldeas enfrentan una crisis por la escasez de agua», añadió el funcionario iraní.
En paralelo, medios iraníes informaron que al menos ocho personas murieron y varias más resultaron heridas en ataques contra Bandar Abbas, Bandar Khamir, la isla de Qeshm, Sirik e Iranshahr.
Según esos reportes, un ataque estadounidense alcanzó el aeropuerto de Iranshahr, dejó un herido y dañó instalaciones eléctricas y un tanque de combustible. Además, la torre de control marítimo del puerto Shahid Kalantari, en la ciudad de Chabahar, colapsó tras un tercer ataque contra esas instalaciones.
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