Casi tres años después del inicio de la empresa genocida contra Gaza, y 9 meses después del supuesto alto al fuego, el Estado de Israel continúa el asedio de la Franja y avanza sobre Cisjordania. Además, sigue perpetrando masacres a diario, matando sin piedad palestinos todos los días.
El «cese al fuego» auspiciado por Trump dio paso a una ocupación sostenida sobre la mayor parte del territorio. La población palestina resiste y lucha por sobrevivir en condiciones post apocalípticas.
La ocupación sionista continúa y se expande
El acuerdo de cese al fuego establecido en octubre del año pasado estipulaba que Israel conserve bajo control temporal un 52% del territorio, demarcado por la llamada línea amarilla. Pero las imágenes satelitales demuestran que, en realidad, las tropas sionistas están ocupando al menos el 65% de la Franja. En mayo, el genocida Netanyahu había dicho, entre risas, que dió ordenes para ocupar al menos el 70%. Incluso insinuó la posibilidad de ocupar el 100% del territorio gazatí. Esta flagrante violación a los términos del “acuerdo de paz” no mereció ningún comentario de la “Junta de Paz”, conformada por títeres de Trump y Netanyahu.
Israel está en su momento de mayor expansión territorial desde 1982. En los últimos tres años añadió 1.000 kilómetros cuadrados a su territorio. Fue un raid de genocidio, ocupación y bombardeos. El expansionismo israelí no encuentra mesura ni medida en la región.

A casi nueve meses de la firma del cese al fuego, la situación humanitaria en la Franja de Gaza sigue siendo acuciante. No sólo por los estragos derivados de los bombardeos, sino porque la ocupación y los ataques israelíes nunca se detuvieron, sólo menguaron su intensidad. Desde el anuncio de la “tregua” en octubre de 2025, Israel asesinó a (por lo menos) unos 1.100 civiles palestinos. Los bombardeos de las IDF (Fuerzas de Defensa Israelíes) son diarios.
Israel combina distintos métodos de asedio y exterminio. A los bombardeos a discreción, el bloqueo de servicios básicos, la ocupación territorial y el hacinamiento, se suman los atentados y asesinatos selectivos contra civiles palestinos o incluso funcionarios humanitarios presentes en Gaza. Sólo en la última semana, estos ataques asesinaron a 26 civiles.
Según la cifra tomada por la ONU, son al menos 73.221 los palestinos asesinados por Israel desde octubre de 2023. Se calculo que un tercio de las víctimas fueron niños. Pero medidas alternativas estiman que el cálculo total podría ser casi diez veces mayor, en torno a las 680.000 víctimas.
La hambruna que azotó Gaza el año pasado dejó al menos 400 muertos por inanición. Un testimonio brutal de la magnitud que adquiere el plan de exterminio sionista. Oficialmente, la hambruna terminó tras la “tregua”. Pero la inseguridad alimenticia persiste e interactúa con interminables problemas habitacionales y sanitarios
Un paisaje post apocalíptico
Las condiciones de vida en la Franja son post – apocalípticas. El 85% de los civiles palestinos reporta dificultades para acceder siquiera a un baño o una letrina, según un reporte de la ONU. El 70% de las ambulancias están fuera de servicio. Los dos millones de palestinos asediados por Israel viven rodeados de escombros, desperdicios y plagas.
Las redes de agua potable no fueron restauradas, a pesar de que el acuerdo firmado en octubre pasado así lo estipulaba. Más aún, la eficiencia de la red de suministro de agua potable se redujo del 60% al 25%. Y el desastre sanitario está contribuyendo a contaminar grandes acuíferos con aguas residuales.
Solo en las últimas dos semanas se registraron 9.300 casos de varicela. La vacuna para esta enfermedad circula normalmente en Israel, pero no existe en Gaza. Ni siquiera antes de la guerra era suministrada a los niños palestinos. Y las condiciones de absoluta insalubridad hicieron estallar la cantidad de contagios diarios. También aumentaron la cantidad de casos de asma, bronquitis crónica y otras enfermedades pulmonares. Se debe a la quema de plásticos u otros elementos tóxicos para cocinar y calefaccionarse.
Pero también puede haber contribuido la altísima contaminación atmosférica generada por las operaciones militares israelíes. Los explosivos, fragmentos de misiles y municiones apilados juntos a toneladas de escombros liberan continuamente elementos tóxicos al aire. “Hay contaminación radiológica y química debido a la enorme cantidad de explosivos, bombas y municiones. Nadie conoce el alcance total de lo que se utilizó ni cuáles serán las consecuencias para la salud”.
El ecocidio como instrumento genocida
En Gaza se apilan 61 millones de toneladas de escombros. Entre ellas, unas 100.000 toneladas de explosivos. Y una cantidad indeterminada de residuos médicos, que se acumulan con la basura común ante el bloqueo humanitario israelí. Los efectos destructivos sobre el suelo cultivable son catastróficos. Casi el 99% de las tierras cultivables están dañadas, según organismos de la ONU. El restante 1% de tierra cultivable disponible equivale a unas 230 hectáreas para dos millones de bocas que alimentar.
A los bombardeos y la incursión militar se sumó el accionar de topadoras, dedicadas a aplanar toda infraestructura civil y, por si no alcanzara con eso, destruir la tierra habitable. La demolición con estos mecanismos logró mezclar los residuos tóxicos que se acumulan en la superficie con las distintas capas del suelo, contaminando además fuentes de agua potable. “La capa superior fértil, la capa que sustenta la vida, ha sido completamente arrancada. Lo que nos queda no es suelo son residuos tóxicos”, dice Abd Rabou, científico medioambiental graduado en la Universidad de Gaza, hoy destruida.
Las consecuencias sobre la biodiversidad de la región son directas. El 97% de los cultivos arbóreos y el 95% de los matorrales existentes en la Franja desaparecieron de 2023 a la actualidad. El ganado había sido prácticamente aniquilado por los bombardeos. Ahora ni siquiera existen condiciones ambientales para que pueda regenerarse. De conjunto, menos del 5% de la agricultura de Gaza permanece operativa. Se estima que la recuperación, si terminaran los ataques israelíes y la zona recibiera ayuda internacional masiva, aún tomaría varias décadas. Y la recuperación sólo sería parcial.
Sionismo sin freno
Hace pocas horas trascendió el anuncio realizado por Hamás de que dejará el mando del gobierno en Gaza. Con esta medida, el grupo palestino abre la puerta a la llegada del gobierno de tecnócratas estipulado por la Junta de Paz que gestiona (en favor del sionismo) el acuerdo firmado en octubre del 2025.
Aún con el anuncio de Hamás sobre la mesa, el gobierno israelí continúa bloqueando la entrada de la junta de tecnócratas a Gaza. La excusa es repetida: exige que Hamás no sólo esté dispuesto a dejar el mando del gobierno, sino que además se desarme antes de la entrada en funciones de los tecnócratas. A cambio, el sionismo no ofrece ninguna garantía. Aún cuando es el propio gobierno israelí el que viola diariamente todos los términos del acuerdo de cese al fuego, impidiendo la entrada de ayuda humanitaria suficiente, aumentando la ocupación y continuando los bombardeos y la matanza sistemática de civiles palestinos.

Esta semana, el gobierno israelí fijó para octubre de este año la nueva fecha de elecciones. Serán los primeros comicios desde el comienzo de la invasión sobre Gaza en 2023.
La elección se acerca en un contexto interno adverso para Netanyahu. La población sionista lo ve como el principal responsable de la irrupción de Hamás sobre el territorio en 2023. Además, el saldo del último raid guerrerista contra Irán es adverso. La gran mayoría de los israelíes consideran (con razón) que Netanyahu está en el bando perdedor del conflicto con el régimen de los ayatolás y la Guardia Islámica. Y la ocupación del sur del Líbano mantiene latente la tensión con Hezbolá. Si bien la milicia libanesa no tiene poder de fuego suficiente para nivelar las agresiones sionistas, sí es capaz de perturbar la vida cotidiana de la población en el norte de Israel. Todos estos elementos (sumados a los viejos escándalos de corrupción freezados con la excusa de la guerra permanente) contribuyen a mellar la imagen pública y las expectativas electorales de Netanyahu.
Al día de hoy, las encuestas anticipan una eventual salida del gobierno de Netanyahu en octubre. De efectivizarse (todavía falta mucho para vaticinar resultados), significaría un cambio de ciclo en la gestión interna del Estado sionista. Netanyahu fue la figura central de la política sionista durante las últimas tres décadas. En todo caso, la salida de Netanyahu no implicaría ningún cambio de fondo en el proyecto genocida y racista del sionismo. El Estado de Israel es racista, colonial y expansionista desde su origen. Es un Estado de ocupación y limpieza étnica, con un régimen político que configura lo más cercano al fascismo en la actualidad.
El carácter racista y colonial del sionismo en su conjunto se plasma en cada paso que da su personal político. Mientras Netanyahu se deshace en dudas sobre su futuro y otros sectores del establishment sionista compiten para quedarse con su puesto, todos encuentran puntos de acuerdo suficientes para avanzar todavía más en la ocupación de los territorios palestinos.
Desde hace meses, permanece en primer plano la campaña de los colonos sionistas para ocupar mayores porciones de Cisjordania. El desalojo de la población palestina es cotidiano. Día a día, los colonos israelíes violentan, asesinan y desplazan a los palestinos. Luego ocupan sus hogares o directamente los demuelen, con el único fin de impedir el eventual retorno de sus propietarios.
El movimiento de los colonos racistas sobre el territorio se refleja en los gestos simbólicos y legales del gobierno de Netanyahu para avanzar hacia la eventual anexión definitiva de Cisjordania. Normativamente, la anexión de estos territorios al Estado de Israel está vetada por la ONU. En 2025, Netanyahu eliminó esta idea de su proyecto de gobierno como respuesta a un pedido de Trump. Pero esto no evita que, en los hechos, el sionismo avance en esa dirección. Hace algunos meses, el propio Netanyahu posó con un mapa que mostraba a Cisjordania como parte del territorio israelí. En febrero de este año, derogó leyes que impedían a colonos israelíes comprar tierras en Cisjordania. En octubre del año anterior, el Kneset (el Parlamento sionista) había tratado un proyecto de ley que establecía la aplicación de “la soberanía israelí” sobre el territorio cisjordano. Se trataba, lisa y llanamente, de un proyecto de anexión.






