Nathy Peluso nació en Luján (provincia de Buenos Aires) hace 27 años y emigró con su familia a España cuando era niña. Allá vivió infancia y adolescencia, y allá se asomó a una adultez en la que despertó su pasión musical.

“Descubrí tarde a mi pasión por el hip hop. Estaba en España, en contacto con ritmos afroamericanos y, de a poco, fui descubriendo la magia del hip hop”, le contó a VOS en agosto de 2018, cuando su tema Corashe ya se había convertido en himno en las marchas del creciente feminismo argentino.

“En Madrid vivo hace tres años, antes residía en Alicante y en Murcia, creo. He sido muy nómade. El caldo de cultivo de todo está dentro mí, no depende del lugar que habite. De todos modos, es verdad que mi carrera actual se perfiló en Madrid”, añadió por entonces.

Así que hija de inmigrantes autoexiliados por una crisis económica encuentra en España el alboroto multirracial para formatearse como rapera. Y ya consagrada, en entrevistas se expresa con un cocoliche que puede tener modismos de allá, de acá y de todas partes.

Empujada a reflotar su argentinidad en esos diálogos, Peluso reivindica su condición de bonaerense nacida (en Luján) y de porteña criada (en Saavedra), al mismo tiempo que en su patria adoptiva saca a relucir su sedimento de experiencias multiculturales en Lavapiés.

Nathy cinturea pertenencias en tiempos en los que no hay margen para hacerlo. Y es lapidada en redes, claro.

No escapa a las generales de la ley en tiempos enrarecidos en los que los artistas son encorsetados por las correcciones política y emocional, pero en su caso despierta saña, odio.

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¿Por qué? Tengo una teoría al respecto: como ella no responde a los estándares de belleza hegemónica, como es portentosa y lengualarga, debería ser sumisa y hacer todo lo que lo que la progresía intolerante espera.

Nathy Peluso, ciudadana del mundo. (Instagram @nathypeluso)
Nathy Peluso, ciudadana del mundo. (Instagram @nathypeluso)

Pero afuera del escenario, Nathy Peluso es tan extravagante como cuando está sobre él.

“Es supertriste ponerle barreras a la música”, había confirmado en 2020, cuando ya tenía publicado su primer disco para la multinacional Sony Music (Calambre) y empezaba a sortear acusaciones por apropiación cultural.

O cuando la cultura de la cancelación le señalaba que hablaba en español castizo y que cantaba como una diva sandunguera; cuando el oscurantismo de lo correcto no le perdonaba el pecado de ser apabullante-delirante a la hora de exponer sus impulsos y las fuentes de las que bebe.

Tanto en 2020 como hoy, la solemnidad de no perturbar al “deber ser” le gana terreno al desprejuicio y la desmesura.

Se puede trazar un paralelismo entre este esmerilamiento permanente de Nathy Peluso y la resistencia hippie al Charly García de los primeros ‘80, que en simultáneo al proceso de modernización de su música se expresaba divagante-amanerado y se lookeaba como un divo new wave.

Fue en ese contexto que se produjo su bajada de cierre del pantalón en Atenas, durante el show del 8 de diciembre de 1983, ofrecido en el marco de la gira que respaldaba el lanzamiento de Clics Modernos (1983).

El incidente se recordó hace unos días con el fallecimiento del periodista Jesús Quintero, quien le había preguntado sobre ello a García en una memorable emisión de El Perro Verde. “En realidad, no me bajé los pantalones –aclaró Charly–. Me bajé este (señala al cierre de su bragueta). ¿Cómo se llama este? La cremallera. Lo que pasó es que estaba cantando una canción muy solo, como esa que toque recién (señala el piano dispuesto en el estudio), y me pegó en la cabeza uno de esos brazaletes hippies de bronce”.

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Las comparaciones de Nathy Peluso con otros artistas
Las comparaciones de Nathy Peluso con otros artistas

“Y me acerqué al micrófono… Había un grupo que estaba hinchando, que me decía que era gay, qué sé yo. Entonces, me hice el gay y dije: ‘¡Ahhh! ¿Si? Mirá’. E hice así (hace el gesto de mostrar su pene). Algo así fue”, complementó.

Eso pasó en 1983. Cuesta creer que casi 40 años después se siga cuestionando a una artista por cómo habla en entrevistas o por el gentilicio que filtre en ellas.

El queerbaiting (la tendencia por la cual se intenta atraer audiencias LGBT con propósitos mercantiles) es otro recurso utilizado por la progresía para cortar con el nivel de impostación o delirio de un artista. Le pasó a Billie Eilish, a quien le cuestionaron haber emitido señales contradictorias en el video de Lost Cause (donde baila de modo sugerente con chicas), y le pasa todo el tiempo a Harry Styles cuando decide jugar a ser una persona de género fluido.

Si al exmiembro de One Direction le cuestionan salir con vestido en la tapa de Vogue, resulta increíble pensar que hace 50 años un artista como Bowie se autopercibía alienígena bisexual y sólo escandalizaba a los conservadores.

Para cerrar, vale citar a la misma Peluso: “Es supertriste ponerle barreras a la música”.

Más información

Entrevista a Nathy Peluso: Descubrí tarde mi pasión por el hip hop

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