El pasado domingo 9 de agosto, Benjamin Netanyahu hizo público su rechazo a la propuesta de Trump para avanzar en el desarme de Hamas y retirar las tropas israelíes que actualmente ocupan la Franja de Gaza. 

El ultraderechista estadounidense había anunciado el último 30 de julio el plan de 15 puntos escrito por la llamada Junta de Paz, la organización privada creada por Trump para gestionar las “tratativas de paz” en Gaza. En los hechos, funge como un administrador del genocidio sionista. Tras trascender los términos del texto, Trump dijo que tenía un “entendimiento” con Netanyahu para efectivizar el “acuerdo”.  Pasaron varios días hasta que Netanyahu decidió contradecirlo públicamente.

El rechazo del gobierno israelí al plan de Trump marca una nueva negativa del sionismo a limitar su raid genocida y racista contra el pueblo palestino, incluso a riesgo de chocar con su principal (y casi único) aliado internacional. A sólo dos meses de las elecciones en Israel, y cargando con un fuerte desgaste político, Netanyahu vuelve a elegir la fuga hacia adelante para justificarse ante la base social sionista. 

Mientras tanto, la población palestina continúa sufriendo una crisis humanitaria histórica. Las condiciones de vida en la Franja son apocalípticas gracias al bloqueo israelí. Casi dos millones de personas permanecen al borde de la hambruna y decenas de palestinos mueren diariamente por los bombardeos. 

Del cese al fuego al genocidio sin fin

Ya pasaron 10 meses desde la firma del cese al fuego auspiciado por Trump, en octubre del año pasado. El plan incluía varias fases. La primera de ellas consistía en la devolución por parte de Hamas de los rehenes israelíes restantes. A cambio, Israel debía dejar entrar ayuda humanitaria a Gaza y cesar los ataques contra la Franja. 

Los compromisos del lado palestino correspondientes a la fase 1 están largamente cumplidos. Todos los prisioneros israelíes restantes fueron entregados a Israel. Aún así, no existió un solo día de verdadero cese al fuego desde la firma del acuerdo. Los bombardeos y tiroteos continuaron día a día, solo que con una menor intensidad. De octubre a esta parte, al menos 1.252 palestinos fueron asesinados por la tropas de ocupación en Gaza. Y el ritmo está escalando desde hace varias semanas. Solo en julio, los muertos fueron 152. La mayor marca mensual desde la firma del alto al fuego. De ellos, 21 eran niños.  

Además de los bombardeos, Israel mantiene un bloqueo casi total de los envíos de ayuda humanitaria internacional hacia la Franja. No sólo impide el ingreso de la cantidad necesaria de alimentos, medicamentos, vacunas y elementos sanitarios de todo tipo. Las fuerzas de ocupación sionista también impiden el ingreso de insumos de construcción que permitan reconstruir las viviendas palestinas. La ofensiva genocida iniciada en 2023 dejó como saldo la destrucción de tres cuartas partes de las viviendas de la Franja, donde vivían más de 2 millones de personas. Los expertos estiman que, aún con el libre paso de materiales y el fin de la ocupación, se necesitarían décadas para reconstruir Gaza. Actualmente, no se permite siquiera el ingreso de carpas y tiendas de campaña para dar algún mínimo refugio a la población desplazada.

4 de agosto del 2026. Funeral masivo de familiares de palestinos masacrados en noviembre del 2023, cuyos cuerpos fueron recién recuperados dos años y medio después.

Tampoco se permite el ingreso de maquinaria que permita retirar los escombros de los edificios demolidos o restablecer los servicios esenciales como electricidad, agua potable o recolección de residuos. El panorama resultante es apocalíptico. Los informes de personal humanitario presente en la región hablan de condiciones devastadores, una población que vive hacinada entre la basura y en condiciones subhumanas, brotes de enfermedades infecciosas expandiéndose cotidianamente, ecosistemas destruidos para impedir incluso la agricultura de subsistencia. “Sólo en las últimas dos semanas se registraron 9.300 casos de varicela. La vacuna para esta enfermedad circula normalmente en Israel, pero no existe en Gaza. También aumentaron la cantidad de casos de asma, bronquitis crónica y otras enfermedades pulmonares. Se debe a la quema de plásticos u otros elementos tóxicos para cocinar y calefaccionarse”.

La situación sanitaria se vuelve acuciante por el bloqueo al ingreso de insumos médicos. Falta todo tipo de elementos. Israel tiene frenados en la puertas de Gaza, por ejemplo, unos 50.000 audífonos. Se calcula que, de 2023 al presente, al menos 35.000 personas quedaron sordas por el estruendo de las bombas y por la falta de atención médica posterior. Se transforma en un problema acuciante, teniendo en cuenta que muchas veces oír es la diferencia entre la vida y la muerte cuando suenas las alarmas antiaéreas. 

Vale recordar que Israel también bloquea el ingreso de la prensa internacional a Gaza. Estrictamente, la verdadera magnitud y proporción del genocidio sionista es todavía desconocida

Es imposible saber el número total de palestinos asesinados. En los últimos días trascendió el caso de un funeral masivo realizado en la Franja, en el que se dio entierro a 112 personas (entre ellas, 44 niños) cuyos cuerpos fueron recientemente recuperados de los escombros. Permanecían allí desde octubre de 2023, cuando fueron sepultados por los bombardeos israelíes. Y se calcula que, sólo en ese sitio, se encuentran unos 150 cuerpos más. Casos como este podría haber muchísimos en todo Gaza. El número final de víctimas podría ser brutalmente superior al oficial, que hoy ronda los 73.000 muertos. Estimaciones alternativas hablan, inclusive, de que el número total de víctimas podría estar por encima de las 600.000.

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Son también desconocidas las proporciones de otros actos de brutalidad del sionismo. Por ejemplo, el uso del ecocidio como método de limpieza étnica. Es estima que solo el 1% de la superficie cultivable (unas 230 hectáreas) de la Franja de Gaza es pasible de ser trabajada hoy en día. Los bombardeos israelíes cambiaron el paisaje ecológico de la región. “Hay contaminación radiológica y química debido a la enorme cantidad de explosivos, bombas y municiones”. Ya no puede decirse que lo que resta en la zona sea “suelo”. La altísima concentración de residuos armamentísticos, químicos y de otros tipos están convirtiendo la Franja de en una zona inhabitable, en la que ni siquiera la vegetación parece capaz de subsistir. De 2023 a la fecha desaparecieron el 97% de los árboles y el 95% de los matorrales. 

Nadie sabe exactamente cuáles serán las consecuencias para la salud de la población que permanece en Gaza. Hay pocos precedentes en la historia reciente. El Estado de Israel está haciendo un experimento histórico con el genocidio y la limpieza étnica industrializada

Lo seguro es que la suma de bloqueo y destrucción ambiental es una receta macabra para el hambre. Hace pocos días, la ONU alertó que unas 212.000 personas sufren inseguridad alimentaria “de emergencia”. Otros 1,4 millones de palestinos padecen inseguridad alimentaria aguda. Se trata de prácticamente la totalidad de la población de la Franja.  

Expansionismo colonial

El aceleramiento en los ataques cotidianos contra Gaza marca el intento de presionar a Hamas hacia el desarme definitivo. Es cierto que hay una motivación propagandística en el endurecimiento racista contra los palestinos: Netanyahu busca mostrarse intransigente ante su base social y electoral sionista. También es cierto que, aún acumulando problemas, elementos de crisis y traspiés en los últimos años, el sionismo en su conjunto no cesa sino que redobla constantemente su apuesta a la expansión territorial en la región. 

En ese sentido va el accionar del sionismo en Gaza, pero también en todo el territorio fronterizo. Hace pocos días, como parte de una campaña para desacreditar las cifras de inseguridad alimentaria publicadas por la ONU, el gobierno de Netanyahu difundió un mapa regional que marcaba los territorios ocupados en el sur del Líbano y a Cisjordania como parte de Israel. Es evidente que las avanzadas territoriales de la fuerzas armadas israelíes tienen como objetivo establecer ocupaciones sostenidas y, eventualmente, avanzar hacia al anexión de nuevos territorios.

Destrucción sionista y limpiueza étnica en el sur del Líbano

En Siria, Ias fuerzas sionistas vienen aprovechando la debilidad de Damasco para avanzar en la ocupación del Golán. En Líbano, el ejército israelí ya ocupó unos 40 kilómetros de territorio. Y en Gaza, la llamada línea amarilla que marca los límites de la ocupación continúa expandiéndose cotidianamente. Según el acuerdo de alto al fuego firmado en octubre, Israel mantendría el control del 52% del territorio gazatí hasta el desarme de Hamas. Pero actualmente ya ocupa más del 60%. Y Netanyahu dio órdenes públicas de seguir avanzando hasta el 70%, además de sugerir la idea de ocupar toda la Franja.   

En todos los casos, la intención de ocupación permanente queda de manifiesto por la utilización de métodos de colonización, un modus operandi habitual en la historia del Estado de Israel. A medida que se desplaza la línea amarilla, llegan colonos israelíes que ocupan las casas de los pobladores originarios o construyen las propias en el territorio ocupado, impidiendo el eventual retorno de los desplazados. 

Las negociaciones de desarme y la interna de Hamas 

El mes pasado, Hamas realizó elecciones internas para elegir al sucesor de Yahya Sinwar, el último líder del grupo palestino asesinado por Israel. La elección, tras sucesivas postergaciones por los ataques selectivos israelíes, enfrentó a Khaled Meshaal y Khalil Al-Hayya. 

El primero pertenece al ala moderada de Hamas, con relaciones cercanas a Qatar y Turquía. El sector de Meshaal considera que el ataque contra Israel del 7 de octubre del 2023 fue un error, por el alto daño de las represalias sionistas. Este sector considera, además, que Hamas debe hacer un lavado de su imagen pública y mudar de nombre para favorecer la apertura de relaciones diplomáticas con las potencias occidentales. Al-Hayya, por otro lado, apareció como un candidato de continuidad con la línea sostenida por Hamas durante los últimos años. Fue cercano a Ismail Haniyeh, el líder de Hamas en octubre del 2023, asesinado por Israel el año siguiente. Es partidario de mantener la estrecha relación que Hamás viene teniendo con Irán. 

desarme de Hamas
Khaled Meshaal y Khalil Al-Hayya

La elección fue muy pareja. Al-Hayya se impuso por 35 votos contra 34. El resultado es significativamente más favorable al ala moderada que el de la última elección, en la que Meshaal había tenido que retirarse antes de los comicios. De conjunto, los números parecen expresar dos elementos. Primero, la existencia de un sector considerable dentro de Hamas que conserva dudas sobre el rumbo de los últimos años y sobre el camino a seguir en la crisis actual. Segundo, la victoria (aun ajustada) de Al-Hayya puede responder a la necesidad de mantener algún tipo de estabilidad (continuidad) en un marco de brutal incertidumbre. Un sector (mayoritario, aún si es por poco) de Hamas parece considerar que su mejor punto de apoyo es, actualmente, la relación con el régimen iraní en el marco del conflicto con Estados Unidos e Israel. 

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Esto último no es difícil de comprender. La discusión que atraviesa a Hamas es, en estos momentos, cómo emprender la vía del desarme para continuar el “plan de paz” firmado en octubre. En el marco de las constantes violaciones por parte de Israel (que no respetó siquiera uno de los puntos firmados), emprender una vía de aggiornamento y moderación podía parecer una decisión demasiado peligrosa. 

Como líder en funciones, Al-Hayya adosó su firma al Pacto de Desarme propuesto por Trump y su Junta de Paz. La única y mínima garantía estipulada por el texto para los palestinos era que Israel cumpla con sus “compromisos” pendientes de la fase 1 (permitir el ingreso de ayuda humanitaria y cesar realmente los ataques sobre Gaza) antes de iniciar el desarme de Hamas. Además, el texto firmado en Egipto estipulaba que el desarme se realizaría simultáneamente con la retirada de las IDF (Fuerzas de Defensa Israelíes) de Gaza, el ingreso de la tan mentada junta de tecnócratas palestinos que debería gobernar la Franja en lugar de Hamas, según los términos del alto al fuego firmado en octubre pasado. Esta junta sería la encargada de almacenar e inutilizar las armas de las que Hamas se desprendería, en lugar de entregarlas directamente al Estado sionista. 

La interna en Hamas se enmarca, también, en la perspectiva de nuevas elecciones legislativas a celebrarse entre la población palestina hacia fines de año. Este dato no es menor, ya que analistas señalan desde el territorio que la población gazatí da señales de agotamiento respecto a la experiencia de gobierno de Hamas. “Para la mayoría de los palestinos en Gaza, mientras tanto, la elección de liderazgo de Hamas ha recibido poca atención. Las demandas de la calle siguen siendo las mismas: que Hamas renuncie al gobierno y haga todo lo posible en la mesa de negociaciones para poner fin al bombardeo de Israel e iniciar la reconstrucción de la Franja, y que las elecciones se celebren rápidamente para designar un nuevo liderazgo palestino. La exigencia de responsabilidad para aquellos que decidieron lanzar el ataque del 7 de octubre también se siente fuertemente, pero tal responsabilidad solo podrá manifestarse en los colegios electorales”. 

Ficción diplomática

No había pasado ni un día del acuerdo de desarme realizado en Egipto cuando Netanyahu decidió romper unilateralmente todas las garantías estipuladas. En un mensaje público, dijo que las fuerzas de ocupación no se retirarán hasta terminado el desarme de Hamas y que las tropas ocupantes seguirán atacando y bombardeando a la población a discreción. Además, por si quedaba alguna duda de la orientación histórica del Estado sionista, dejó en claro que “no se creará un Estado palestino, ni en Gaza ni en Judea y Samaria” mientras él esté en el poder. Judea y Samaria es la designación utilizada por el sionismo para designar a los territorios ocupados de Cisjordania. En los últimos meses, el Knesset israelí viene ensayando pasos para avanzar hacia su anexión formal. 

Más lejos todavía fue Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional israelí y reconocido ultraderechista y racista. “Los asesinatos selectivos en Gaza [contra miembros de Hamas o cualquier palestino que Israel decida acusar de serlo] deben continuar” decía Ben Gvir, en rechazo al pacto de Egipto. “Se debe fomentar la emigración, Israel debe ganar”. “Emigración” es el eufemismo utilizado por la ultraderecha sionista para designar el plan de desplazar a toda la población palestina del territorio gazatí. Se trata de un monstruoso proyecto de limpieza étnica definitiva

desarme de Hamas

Nicolay Mladenov, ex miembro de la ONU y cabeza de la Junta de Paz trumpista, criticó inicialmente el accionar de Netanyahu. “Dos días de ataques en Gaza han matado a civiles y destruido suministros médicos”, decía tras la ronda de bombardeos del domingo. Pero el discurso de la Junta cambió el lunes, tras una reunión de Mladenov con Netanyahu. El posterior comunicado emitido por la Junta declaraba la necesidad de “corregir” los “trascendidos” incorrectos sobre la retirada de tropas israelías. La rectificación se limitaba a aceptar los términos de Netanyahu y dar marcha atrás con lo sancionado en Egipto. 

La maniobra de Mladenov es una nueva demostración de que la llamada Junta de Paz para Gaza del trumpismo no es un cuerpo diplomático ni humanitario de ningún tipo. Es un engendro institucional creado para darle un manto de legitimidad a la administración del genocidio en Gaza y, al mismo tiempo, procesar el problema fuera de las estructuras de la diplomacia tradicional, como la ONU. 

Ficción democrática

El rechazo de Netanyahu al pacto de desarme de la Junta es un desafío público a la autoridad de Trump. El gesto fue leído con sorpresa por los analistas y, probablemente, por el propio trumpismo. Pero viene a reafirmar el curso cada vez más autónomo del sionismo en Medio Oriente. Capítulos anteriores del mismo fueron los constantes boicots de Netanyahu a las tratativas de Trump por alcanzar un acuerdo de alto al fuego con Irán. 

La radicalización parece presentarse como una tendencia general de todo el establishment sionista. Y los discursos más aberrantes de la ultraderecha israelí (incluido el propio Netanyahu) se están endureciendo a medida que avanza el calendario electoral. Las elecciones a celebrarse en octubre próximo estarán marcadas por las dudas y descontento de la población israelí respecto a la gestión de Netanyahu y el Likud durante el último período, especialmente alrededor de la cuestión Gaza y de la guerra con Irán. 

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Sucede que la política de estado de guerra permanente encarada por la coalición que comanda Netanyahu está mostrando pocos éxitos y muchos traspiés. Netanyahu encaró una guerra de exterminio contra Gaza que le ganó el repudio internacional. Luego ingresó, por iniciativa propia, en una guerra con Irán que, a pesar de la abrumadora superioridad militar de Israel y EEUU, está más cerca del fracaso que del triunfo. No extraña que, en ese marco, las encuestas del último mes marquen a Netanyahu perdiendo la mayoría en el Parlamento israelí. 

Ejército israelí Gaza

Lo cual no significa que puedan esperarse cursos menos reaccionarios como resultado del trámite electoral. Si la población israelí tiene cada vez más dudas respecto a Netanyahu, las mismas encuestas señalan que sigue habiendo consenso para la limpieza étnica contra la población palestina. Así lo señala un sondeo reciente en el cual sólo el 3% considera “inmoral” la idea de desplazar definitivamente al pueblo palestino, tal como la sostiene el racista Ben Gvir. 

El mismo sentido emerge de la acción cotidiana incesante de los colonos israelíes. Estos grupos actúan como grupos de choque para-estatales del sionismo, desplazando, violentando y matando a cientos de palestinos día a día. Durante los últimos tres años, la actividad de los colonos se multiplicó y aceleró, avanzando sobre Cisjordania, la Franja de Gaza y, más recientemente, el sur del Líbano. 

El panorama general muestra el verdadero carácter del régimen político israelí. No se trata de ninguna “democracia”, aún si los ciudadanos israelíes tienen la posibilidad de meter una boleta en la urna cada algunos años. Los palestinos de Gaza y Cisjordania son excluidos de toda ciudadanía de todo tipo, y se les niega hasta tener un Estado propio. Israel los convierte en parias del mundo. Los palestinos residentes en Israel son en teoría «ciudadanos», pero las leyes de Israel hacen una distinción racial entre «ciudadanos» y «nacionales» judíos, los únicos con plenos derechos.

El régimen israelí tiene como único sentido de existencia la ocupación colonial y la limpieza étnica de la población palestina originaria. Se trata de un Estado racista en constante expansión territorial a costa de los Estados y pueblos de la región. Así es desde 1948 y así es en la actualidad, quizá más que nunca antes. El Estado sionista está en su máximo nivel de expansión territorial desde la última gran ocupación sobre Líbano, iniciada en 1982. Sus métodos genocidas se perfeccionan cada vez más brutalmente, sirviéndose de la industria militar más moderna, desde las bombas de fósforo hasta la Inteligencia Artificial. 

¿Qué pueden tener de democrático un régimen y un Estado que masacran a decenas, incluso cientos de miles de personas, para luego encerrarlas en un enorme ghetto a cielo abierto, hambrearlas y bombardearlas día a día? Evidentemente, nada. La “democracia” de los colonos no es tal. El Estado israelí no es la única democracia de Medio Oriente sino lo más parecido al fascismo en pleno siglo XXI. 

Ninguna solución progresiva a la cuestión palestina, ni al caos regional inducido por el sionismo, puede esperarse del próximo desenlace electoral. La base social del sionismo elegirá entre los diversos representantes que ofrece el establishment racista y genocida. Incluso para los partidos árabes habilitados para participar, la elección al Knesset israelí es un camino sin salida. No hay vía electoral que permita romper la lógica racista fundante del Estado sionista. La población árabe a la que representan estos partidos viven, dentro de Israel, en una situación de apartheid, sometidos cotidianamente a la barbarie. 

La emancipación  (o incluso cualquier mejora pasajera en la situación actual) del pueblo palestino no depende de la permanencia o salida de Netanyahu del poder. “El campo anti-Netanyahu puede necesitar una alta participación [electoral] árabe para derrotar al gobierno actual, pero rechaza el poder político árabe independiente como una base legítima para gobernar. El desacuerdo entre los partidos árabes no es realmente sobre qué influencia política importa. Es sobre qué cuenta como influencia en primer lugar, y sobre si entrar en las salas donde el poder se practica da, necesariamente, más poder a los ciudadanos palestinos”. 

Pensar una salida progresiva para Palestina y la región significa pensar más allá. El Estado de Israel es necesariamente racista, y tiene que dejar de existir. No habrá paz en Medio Oriente ni libertad para el pueblo palestino mientras exista el Estado sionista. En lo inmediato, cualquier perspectiva de mejora para la cuestión palestina tiene como mayor punto de apoyo la solidaridad internacional. Fueron las masivas movilizaciones que recorrieron el planeta las que obligaron a Trump y Netanyahu a firmar el alto al fuego de octubre. En términos históricos, la única solución de fondo a la limpieza étnica sin fin radica en la creación de una Palestina única, con igualdad de derechos para todas las religiones e identidades nacionales, democrática y socialista, que restituya el derecho a la autodeterminación del pueblo palestino y abra paso a la reconstrucción de Gaza y los territorios ocupados.

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