De enemigos a aliados

Hace años que los investigadores ya apoyaban la idea de que los perros fueron entrando en contacto con los humanos porque venían a hurgar entre los restos de basura. Este estudio concreta qué resto específico propició la domesticación: la carne magra.

No podemos saber si el excedente se dio como comida a los lobos de manera voluntaria por parte de los humanos de la prehistoria, o si fueron los animales los que se las apañaron para hacerse con estos restos. En palabras de María Lahtinen, del Museo de Historia Natural de Finlandia que encabezó el estudio:

“En nuestra opinión, la primera opción habría conducido más a la domesticación que la alimentación involuntaria. Los cazadores-recolectores tienen mascotas en muchas culturas. Esto no es una sorpresa y es probable que haya ocurrido también durante el período Paleolítico. Es parte del comportamiento humano típico”

En cualquier caso, los beneficios de estar juntos pronto fueron recíprocos entre humanos y lobos, que pasarían a ser perros. Los animales veían una fuente de alimento fiable estar alrededor de aquellos seres que caminaban a dos patas. Los humanos vieron en los perros animales de compañía, útiles para la caza, como animales de carga y, en momentos se supervivencia extrema, fuente de alimento.

El primer entierro de perro realizado por humanos tiene más de 14 000 años de antigüedad. Es obvio que por esas fechas la unión entre personas y cánidos ya era lo suficientemente estrecha como para enterrarlos al modo humano. Un proceso que pudo haber iniciado hace 40 000 años según pruebas genéticas y que ahora cuenta con un elemento destacado: la carne que sobró a los humanos.

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Referencias:

Lahtinen, M. et al. 2021. Excess protein enabled dog domestication during severe Ice Age winters. Scientific Reports 11, 7. DOI: 10.1038/s41598-020-78214-4.

 

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