Este lunes por la mañana, centenares de personas llevaron en andas al cementerio Sheikh Radwan los cadáveres envueltos en sábanas de los seis periodistas asesinados en Gaza por un dron israelí, entre lágrimas y al grito de «con nuestra alma y nuestra sangre, nos sacrificamos por ti, Anas», en referencia al periodista Anas Al Sharif muerto el domingo junto con Mohammed Qreiqeh y los camarógrafos Ibrahim Zaher, Mohammed Noufal y Moamen Aliwa (el equipo completo de Al Jazeera); y Mohammed Al Khaldi, periodista freelance.

Mohamed Ahdad, editor de Al Jazeera Journalism Review, declaró a Página/12: «Nuestros corazones están rotos porque la ocupación israelí asesinó a nuestros colegas. Es tan doloroso cuando ves las fotos de sus hijos y sus familias. Esos reporteros estaban celebrando la vida, ellos amaban la vida, pero tenían que reportar la muerte, el genocidio. Israel no quiere que el mundo vea la realidad. Querían cerrar los medios. Y nuestros reporteros estaban luchando, desesperados. Nunca se sentían seguros porque habían sido amenazados. Es tan doloroso sentir que nuestros colegas se sientan solos en Gaza. Ya 237 periodistas han sido asesinados, la mayoría son sólo números. Es muy doloroso porque sienten que están solos, cuando a los medios internacionales no les permiten entrar a Gaza; no recibieron suficiente apoyo o protección. Nadie hizo nada por protegerlos».

El mundo repudia

Martin Roux, dirigente de la ONG Reporteros Sin Fronteras (RSF) declaró a BBC News Channel que es «aterrador» que Israel se haya otorgado «el derecho a matar a periodistas cuando decide que son terroristas». La ONG Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ) había acusado a Israel por su «campaña de desprestigio» contra Al Sharif. Jodie Ginsberg, directora del CPJ, dijo: «Advertimos que esto nos parecía un preludio para justificar un asesinato; esto forma parte de un patrón que se remonta a décadas, en el que se asesina a periodistas; los periodistas son civiles. Nunca deben ser objetivo en una guerra. Y hacerlo es un crimen de guerra. La ley internacional es clara en que los combatientes activos son los únicos objetivos justificados en un escenario de guerra».

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Reporteros sin Fronteras (RSF) condenó «airadamente el asesinato reconocido por el ejército israelí» de Anas Al Sharif, de quien dijo que era «uno de los periodistas más famosos de Gaza y la voz del sufrimiento que Israel ha impuesto a los palestinos». Y pide que se ponga fin a «la estrategia de bloqueo informativo de Israel, destinada a ocultar los crímenes cometidos en el enclave sitiado y hambriento».

En 2024, Al Sharif recibió el Premio Defensor de los Derechos Humanos de Amnistía Internacional. Ahora declararon: «Estamos devastados y desconsolados; Anas dedicó su vida a ponerse delante de las cámaras, denunciar las atrocidades de Israel. Los valientes periodistas que han informado desde el inicio del genocidio han estado trabajando en las condiciones más peligrosas del planeta. Arriesgando sus vidas, se han quedado para mostrar al mundo los crímenes de guerra que Israel comete contra casi dos millones de mujeres, hombres y niños; Israel no sólo está asesinando a periodistas, sino que ataca al periodismo mismo al impedir la documentación del genocidio».

Si Al Sharif tuvo tiempo de pensar, no se debe haber sorprendido: él mismo había pronosticado la noticia de su muerte. Incluso dejó preparado un testamento que fue lanzado minutos después del crimen, desde su cuenta de X: «Si estas palabras llegan a ti, debes saber que Israel ha logrado matarme y silenciar mi voz (…) Alá sabe que di todo mi esfuerzo y mis fuerzas para ser un apoyo y una voz para mi pueblo, desde que abrí los ojos a la vida en los callejones y calles del campo de refugiados de Jabalia. Esperaba que Alá me prolongara la vida para poder regresar con mi familia y seres queridos a nuestra ciudad natal, la ocupada Ashkelón (al-Majdal en árabe). Te encomiendo a mi querida hija, Sham, la luz de mis ojos, a quien nunca tuve la oportunidad de ver crecer como soñé. Y a mi querido hijo, Salah, a quien deseé acompañar toda la vida (…) Te confío a mi compañera, mi amada esposa Umm Salah, de quien la guerra me separó durante largos días y meses».

Mirá También:  Los movimientos populares reclamaron al Gobierno que tome medidas de emergencia frente a los aumentos en los precios de los alimentos. En una masiva asamblea en el Obelisco, señalaron que la quita del IVA a los productos de la canasta básica, anunciada la semana pasada por el presidente Mauricio Macri en un reconocimiento de la gravedad de la crisis, no alcanza para que las familias de menores ingresos puedan hacer en sus hogares dos comidas diarias. Los comedores de las organizaciones sociales están desbordados por la demanda y hay mucha preocupación por cómo va trasladarse la devaluación al costo de los alimentos de aquí a fin de año. Esta fue la primera concentración grande de movimientos sociales después de la derrota del oficialismo en las PASO, de la posterior disparada cambiaria y del lanzamiento del paquete de medidas para paliar los efectos de la inflación sobre las familias de menos ingresos (junto con la quita del IVA, que tuvo una aplicación dispar en los supermercados, el Gobierno dispuso dos refuerzos de mil pesos para los titulares de la Asignación Universal por Hijo). Los referentes barriales que hablaron en el Obelisco denunciaron, en este sentido, que el poco de dinero que tenían en el bolsillo quedó licuado por la suba de los precios. La protesta fue convocada por la CTEP, Somos Barrios de Pie, la Corriente Clasista y Combativa y el Frente Darío Santillán. Los reclamos principales fueron un refuerzo del 40 por ciento para los comedores, un aumento del 50 por ciento en el salario social y la extensión del bono de 2 mil pesos, que hasta ahora se anunció para los trabajadores formales, a los de la economía social. En la Plaza de la República, los organizadores instalaron un micrófono para que los manifestantes pudieran hablar. Prácticamente todos lo que lo usaron llamaron a cambiar el gobierno en las elecciones de octubre y respaldaron el proceso de unidad del Frente de Todos. “Hay dos relojes, uno que marca el tiempo social y otro que marca el tiempo político. El 11 de agosto se juntaron y les dimos una paliza importantísima”, señaló Rafael Klejzer, del Movimiento Popular La Dignidad. Hablaron responsables de comedores y merenderos e históricos militantes sociales, mientras a un costado de la concentración de los Cayetanos, el Frente de Organizaciones en Lucha -agrupación con una identidad más de izquierda- compartía con los asistentes un polentazo. Esta confluencia en un mismo lugar para la protesta de movimientos que están participando de la campaña del Frente de Todos con otros de la izquierda independiente es reflejo de la importancia que todo el arco de las organizaciones sociales le otorga a la necesidad de poner fin al gobierno macrista. La asamblea en el Obelisco fue organizada como preparatoria de una jornada nacional de lucha del próximo miércoles. En principio, los movimientos la habían organizado pensando que mientras estuvieran en el Obelisco iba a sesionar el Consejo del Salario para fijar un nuevo monto del salario mínimo, vital y móvil. Luego, a mediados de esta semana, el Gobierno postergó la sesión del Consejo para el 30 de agosto. El piso del salario mínimo determina el ingreso de los cooperativistas sociales, ya que el monto del salario social es siempre la mitad del salario mínimo. "Hacemos esta asamblea para definir un plan de lucha, para expresar que tiene que haber un aumento importante del salario y las jubilaciones", dijo Esteban "Gringo" Castro, titular de la CTEP. El referente responsabilizó al Gobierno por no dar resguardo a la población más humilde en el el escenario de devaluación y aumento de los precios. "Hay pibes que no comen más de una vez por día y abuelos en la misma situación. En los barrios todos los días nos piden que abramos más merenderos. La devaluación pega a los más pobres. Como organización de los trabajadores más pobres de la Argentina, tenemos que estar en la calle, reclamando por una agenda de inclusión y reconocimiento de derechos de la economía popular".

Minutos antes de su muerte, Al Sharif había publicado su última cobertura diciendo que un intenso «cinturón de fuego» estaba golpeando las zonas este y sur de la ciudad de Gaza. Una de esas bombas era para él y seis periodistas más. Prácticamente, Al Sharif cronicó su propia muerte, víctima del terrorismo de Estado que venía denunciando.

De la amenaza al paso al acto

Esta fue la primera vez que Israel confiesa el asesinato de un periodista: «Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) atacaron al terrorista Anas al Sharif, quien se hacía pasar por periodista para la cadena Al Jazeera», afirmó el ejército israelí en Telegram. En julio de 2025, el vocero disparó: «Es uno de los seis periodistas de Al Jazeera afiliados a Hamas o la Yihad Islámica», algo que el canal qatarí –propiedad de la familia real de Qatar, aliada a EE.UU. a tal punto que le permite una base con 10 mil militares dentro de su frontera– lo negó. Al Sharif había calificado esas acusaciones de «un intento de silenciarme y detener mi cobertura en Al Jazeera y las redes sociales». Instagram y Meta ya lo habían silenciado.

Israel fue preparando el terreno contra el periodista más popular en el mundo que cronicaba la invasión. Lo acusaron de ser «el jefe de una célula terrorista de Hamás que preparaba ataques con cohetes contra civiles y tropas israelíes». Además publicaron una vieja selfie del periodista posando con líderes de Hamas y una tabla que muestra los nombres de miembros del movimiento islamista, donde aparece el nombre del periodista con su salario entre los años 2013 y 2017. Las únicas «pruebas» de esto son capturas de pantalla de hojas de cálculo. Estas «pruebas» le fueron mostradas al editor internacional de la BBC, Jeremy Bowen, quien cree que «no son convincentes».

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Comenzaron con la familia

En diciembre de 2023 Al Sharif perdió a su padre en un ataque a su casa familiar. Y había reporteado los asesinatos de sus colegas Ismail al Ghoul y Rami al Rifi. En el caso del periodista asesinado Qreiqeh, militares israelíes habían matado a su madre al irrumpir en el Hospital Al Shifa: la buscó por dos semanas y la encontró en descomposición en las escaleras. Según testigos, la asesinaron a sangre fría.

Un recuento de periodistas asesinados en Gaza hecho por Shireen.ps, un sitio web de monitoreo, eleva la cantidad a 270. En un informe de la Escuela Watson de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad Brown en EE.UU. concluyó que en Gaza ya han muerto más periodistas que en ambas guerras mundiales más las de Vietnam, Yugoslavia y Afganistán, todas sumadas. La misión palestina ante la ONU acusó a Israel de «asesinar deliberadamente» a Al Sharif y Qreiqeh, describiéndolos como unos de los «últimos periodistas que quedaban» en Gaza. Los que quedan, difícilmente se atrevan a seguir trabajando.

Y es probable que para la población de Gaza, lo peor esté aun por venir. Se acaba de votar en el Parlamento israelí una «invasión total» y el reagrupamiento de personas en campos de concentración donde quizá les decomisen los celulares, mientras se negocia por debajo de la mesa su expulsión a otros países. Sea cual sea el paso final de esta limpieza étnica, desde una perspectiva israelí sería inaceptable que haya periodistas que lo testimonien. Lo que se viene quizá sea inconfesable e inenarrable.

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