La iniciativa era una respuesta tecnológica a los atascos que a finales de los años cincuenta sufrían las comunicaciones telefónicas en los cables submarinos por el Atlántico, que suponían un freno para el desarrollo económico. Se trató de poner solución al problema con la firma de un protocolo de colaboración entre Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos para crear un sistema de telecomunicaciones vía satélite. La transmisión del Telstar no tendría inconvenientes de suministro eléctrico al llevar pilas de níquel-cadmio recargables, gracias a tres mil seiscientas células fotoeléctricas que se alimentaban del Sol; su limitación radicaba en que solamente tendría una potencia de catorce vatios, por lo que las antenas de tierra tenían que ser enormes.

La solución llevó a la construcción de una estación en Andover (Maine), con una antena en forma de cuerno paraboloide móvil, de unos cincuenta y cuatro metros y trescientas cuarenta toneladas, protegida por un radomo de poliéster con la altura de un edificio de catorce plantas. Por parte europea, se concretó en la instalación de dos antenas receptoras, una británica en Goonhilly Downs (Cornualles) y otra francesa en Pleumeur-Bodou (Bretaña), que no estuvo disponible hasta tres días antes del lanzamiento del Telstar. También se instalaron antenas en Canadá, Alemania e Italia. Aquellos ingenios tenían que localizar una esfera de menos de un metro de diámetro, que se movía a una velocidad de ocho kilómetros por segundo y a más de mil kilómetros de altura.

El Telstar mejoraba en gran medida las posibilidades en telecomunicación: desde 1960 se contaba con el Echo 1, primer satélite pasivo, que consistía en un enorme globo, de treinta metros de diámetro (podía observarse a simple vista desde la Tierra), recubierto de aluminio, que actuaba de espejo para devolver hacia la superficie las microondas que recibía. Era mucho más sofisticado; contenía en su interior mil transistores, era capaz de amplificar la señal más de diez mil veces, transformaba la frecuencia de las microondas (de 6 GHz a 4 GHz) y las transmitía en todas direcciones. Dejó de funcionar en 1963, víctima de la Guerra Fría y sus pruebas nucleares de altura, que llenaron de radiaciones el cinturón de Van Allen y dificultaron el funcionamiento de sus transistores.

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