Luiz Inácio Lula da Silva en modo overol. De regreso al cordón industrial de San Pablo donde emergió como líder sindical a fines de los años 70 el presidente brasileño anunció el viernes un paquete de inversiones por ocho mil millones de dólares aportados por empresas automovilísticas alemanas, chinas y estadounidenses. Lo hizo en una planta de la Volkswagen, en San Bernardo do Campo, frente a cuyos portones, generalmente blindados por militares nada amistosos, discurseó hace cuatro décadas siendo jefe de los metalúrgicos paulistas antes de fundar del Partido de los Trabajadores (PT) .

Eran otros tiempos. Lula solía hablar con gorra y fumando, algo que ya no hace, y los operarios de manos callosas trabajaban en fábricas muy distintas a las actuales donse sus líneas de montaje están cada vez más automatizadas.

Este viernes, junto a varios ministros petistas, Lula, trajeado, fue recibido dentro de la planta de Volkswagen por el director de la empresa. Allí aseguró que la confianza de las automotrices se debe a la reactivación del consumo interno impulsado por su gobierno iniciado el primero de enero de 2023 cuando el Producto Bruto creció el 3,1 %, la desocupación bajó al 7,8 % – el menor índice desde 2014 – y el número de trabajadores con empleo llegó a 100,7 millones, un 3,8 % superior a 2022, ultimo año de la gestión de Jair Bolsonaro. El dato preocupante de esa estadística es que cuatro de cada diez brasileños ocupados está en el mercado informal.

Más estado

El talón de Aquiles para «tornarnos un país altamente desarrollado» , dijo Lula, es recuperar el «rol del Estado» en sectores estratégicos como infraestructura y energía, los cuales comenzaron a ser privatizados por Bolsonaro.

Durante el gobierno del militar retirado pasó a manos privadas la distribuidora de combustibles Transpetro, subsidiaria de Petrobras y fue cedida al mercado la mayoría accionaria de la gigante de electricidad Eletrobras.

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En su recorrida por tres ciudades paulistas Lula repitió algunos conceptos planteados quince días atrás en la región nordeste al retomar las obras de de la Refinería Abreu e Lima, proyecto lanzado hace casi dos décadas por Petrobras.

Con un overol anaranjado, igual al utilizado por los operarios e ingenieros de petrolera estatal, recorrió la refinería para cuya reactivación serán invertidos cerca de 1,3 mil millones de dólares hasta 2026, año en el que probablemente busque ser reelecto.

Aumentar refinación permitirá reducir la importación de gasoil y mitigar la influencia de los precios internacionales en el mercado local. Dicho más fácil: conquistar más soberanía energética.

Después de un año de gestión de exsenador petista Jean Paul Prates, la compañía incrementó la extracción de hidrocarburos en aguas ultraprofundas y la exploración en áreas con grandes reservas potenciales como la Franja Ecuatorial, parte de la cual se sitúa en la Amazonia.

Este viernes las autoridades de Petrobras celebraron que en 2023 Brasil produjo 4,3 millones de barriles de petróleo y gas diarios, un récord histórico. Sumado a esto la empresa, que cotiza en las bolsas de San pablo y Nueva York, alcanzó su mayor valor de mercado, aproximándose a los 110 mil millones de dólares.

En campaña

La gira paulista de Lula fue, de hecho, un lanzamiento extraoficial de la campaña hacia las elecciones municipales del 6 de octubre cuando serán escogidos los intendentes de 5,6 mil ciudades de todo este país continental de 203 millones de habitantes.

Los comicios testarán un gobierno cuyos indicadores económicos fueron positivos en 2023 pero tienden a decaer este año cuando el mercado proyecta un crecimiento del 1,6 % por ciento. Un avance que Lula espera sea mayor y en ese sentido recuerda que los analistas financieros a menudo yerran. Así sucedió el año pasado, cuando la economía creció tres veces más que las previsiones del FMI y consultoras.

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Bolsonaro, «esa criatura»

Cuando se refiere a su adversario y referente de la ultraderecha latinoamericana Jair Bolsonaro, Lula elude citarlo por su nombre y habitualmente lo llama, con sorna, «esa criatura». El petista no esconde, y así lo ha dicho en varias ocasiones, que estas elecciones, y en particular la votación en la ciudad de San Pablo, serán un round aparte entre él y el capitán.

Los doce millones de habitantes de San Pablo, la metrópolis más populosa de América del Sur y la segunda del continente, superada sólo por el Distrito Federal de México, van a escoger su alcalde en octubre y, al mismo tiempo, darán vida a una suerte de tercer turno de las presidenciales de 2022, cuando Lula venció por apretado margen a Bolsonaro.

Desde entonces el excapitán nunca reconoció con todas las letras que su adversario fue el legítimo ganador de aquellos comicios, tras los cuales se inició una campaña sediciosa culminada en el intento de golpe de estado violento del 8 de enero de 2023.

En lugar resignar sus pulsiones desestabilizadoras Bolsonaro parece mantenerlas intactas. Hace una semana retomó el discurso sobre la falta de transparencia en el sistema de votación brasileña, machacando en la tesis (falsa) sobre un fraude que habría permitido la victoria lulista. Eso fue lo que dijo durante una transmisión en vivo en las redes sociales, junto con sus tres hijos el senador Flavio, el diputado Eduardo y el concejal Carlos, con casi 500 mil espectadores en vivo. Una audiencia muy superior a las «lives» de Lula.

Marta Suplicy

Cerrando su periplo paulista , Lula encabezó un acto en la capital estadual durante el cual la ex intendenta Marta Suplicy se reafilió al partido con el cual había roto años atrás. Ella será la compañera de fórmula del diputado y dirigente del movimiento de los trabajadores sin techo, Guilherme Boulos. El joven legislador del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) lidera las encuestas frente al alcalde paulistano, Ricardo Nunes, que debe contar con el respaldo de Bolsonaro.

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La fórmula Boulos-Suplicy es una creación política de Lula: en ella se complementan un postulante con fuerte predicamento en las barriadas populares y una vice, respetada en las clases medias, y bien recordada en la población de menos recursos por su trabajo como alcaldesa entre 2001 y 2004.

La designación de Suplicy fue motivo de divergencias de parte de sectores del partido que recordaron su apoyo al impeachment que derrocó a Dilma Rousseff en 2016. De todos modos esas discrepancias fueron superadas en pos de conquistar una victoria mucho más que municipal.

Si el PT vuelve a gobernar la ciudad que ya gestionó tres veces, con Luiza Erundina, Marta Suplicy y Fernando Haddad, fortalecerá la proyección de Lula hacia 2026 y derrotará a un bolsonarista en la ciudad más importante del país. Esto afectaría el peso de la ultradercha en la región sudeste , donde están los tres estados más importantes: San Pablo, Rio de Janeiro y Minas Gerais. El resultado es incierto pero Lula, Boulos y Suplicy arrancaron en ventaja.

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