El ejercicio de revisar la famosa Piazza San Pietro en Ciudad del Vaticano nos demuestra el claro dominio dramático de la humanidad. Además del uso de la elipse para las disposiciones focales de la columnata que envuelve la galería perimetral de acuerdo a las órbitas celestes que el astrónomo Kepler descubre en contraposición al menos complejo círculo; está el remate mismo de esta procesión de piedra y mármol; la Basílica de San Pedro. Desde la distancia, se ve la cúpula qué, en claro signo de humildad; ni da Vinci, ni Michelangelo, ni Bernini, ni ningún otro genio se atrevió a superar en magnitud a la del famoso Panteón Romano. Ya dentro del remate en promenada de ésta avenida, y a medida que uno se acerca, tanto la cúpula como la cruz que la corona se pierden detrás de la clásica fachada grecor-romana de pilastras y puertas; hasta ingresar a un interior dotado de toda la magnificencia del barroco, dado que su finalización superó la vida de varios personajes del renacimiento.







