Para los palestinos, la aparición de múltiples “líneas” está reduciendo el espacio habitable y transformando la vida en todo el enclave. Más de dos millones de personas están ahora confinadas en áreas cada vez más reducidas, en medio de condiciones humanitarias que se deterioran y restricciones continuas.

Y mientras Israel continúa reconfigurando hechos sobre el terreno, los esfuerzos políticos para avanzar hacia la siguiente fase del alto el fuego permanecen estancados. Las conversaciones en El Cairo en las últimas semanas, bajo mediación de Estados Unidos, han logrado escasos avances: Israel insiste en el desarme de Hamás antes de avanzar, mientras que el grupo palestino sostiene que primero deben cumplirse los términos ya acordados.

En paralelo, Israel ha continuado con violaciones diarias del alto el fuego, con 828 palestinos muertos y 2.342 heridos, según el Ministerio de Salud de Gaza.

8.000 cuerpos siguen atrapados mientras se estanca la remoción de escombros

El alto el fuego estaba destinado a poner fin a una ofensiva israelí de dos años sobre Gaza, que dejó más de 72.000 palestinos muertos y 172.000 heridos, además de destruir el 90% de la infraestructura civil.

Sin embargo, el número de víctimas palestinas en el genocidio podría ser mucho mayor. Más de seis meses después de que un alto el fuego mediado por Estados Unidos buscara silenciar las armas y poner fin al dolor, Gaza sigue siendo un vasto cementerio a cielo abierto.

Según la Defensa Civil de Gaza y un informe reciente del medio israelí Haaretz, al menos 8.000 palestinos permanecen atrapados bajo los escombros de sus propios hogares.

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En muchos casos, los restos se encuentran más allá de la llamada “Línea Amarilla”, en áreas que siguen bajo control directo del ejército israelí. Más allá de esta –e incluso en partes bajo control palestino– la recuperación debe ser coordinada con la parte israelí, un proceso que con frecuencia termina en un callejón sin salida.

A pesar de la tregua, la recuperación física del enclave es prácticamente inexistente: hasta ahora, se ha retirado menos del 1% de los 68 millones de toneladas métricas de escombros. Y la magnitud de la devastación es difícil de dimensionar. 

Una evaluación conjunta de las Naciones Unidas, el Banco Mundial y la Unión Europea estima que solo la remoción de escombros costará más de 1.700 millones de dólares. Al ritmo actual, se necesitarán al menos siete años para despejar el enclave, indicó el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Este desafío logístico se agrava por la presencia generalizada de municiones sin detonar y por la dura realidad de miles de restos humanos en descomposición. 

Para las familias en Gaza, la espera es mucho más que un retraso burocrático. Los equipos de defensa civil siguen recibiendo miles de llamadas de familiares que conocen las coordenadas exactas de los restos de sus seres queridos, pero no pueden llegar a ellos.

Sin embargo, la falta de maquinaria pesada y de equipos especializados ha paralizado los esfuerzos de recuperación en algunas de las zonas más afectadas, como los barrios de Shujaiya y Tuffah, en la Ciudad de Gaza.

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