“Cuando el infierno esté lleno, los muertos caminarán sobre la Tierra”, decía la publicidad de la película Zombi. ¿Realmente podrían acabar dominando el planeta? Algunos, como el neurocientífico Anders Sandberg, han realizado simulaciones sobre la evolución de una población de humanos y zombis, en lo que sería una versión de terror del clásico problema ecológico de los zorros y los conejos.
Teniendo en cuenta que su velocidad es de unos pocos kilómetros al día, las plagas de zombis suelen estar autorreguladas: empieza con una expansión rápida, luego alcanza un equilibrio, para ir desapareciendo a medida que se termina la comida. Del mismo modo, en su población abundan los ancianos y enfermos, pues son más fáciles de cazar y, por tanto, resultan ser cazadores poco eficaces. Por supuesto, existe una presión evolutiva sobre ellos. Si matan pero no muerden acaban desapareciendo, luego están obligados a evolucionar de modo que hieran al mayor número de personas posible para mantener la población.







