En Cisjordania ocupada, la población palestina sufre cada día el aumento sostenido de la violencia de los colonos israelíes ilegales. En este escenario, la localidad de Taibe, al este de Ramala y de mayoría cristiana, se ha convertido en uno de los casos más recientes donde los residentes alertan de una presión creciente que, según afirman, busca forzar su desplazamiento y consolidar el control sobre sus tierras.
En particular, los campos agrícolas que rodean la localidad, base de la economía de las familias palestinas, se han convertido en el principal foco de esta violencia. Según relatan los propios afectados, los colonos israelíes irrumpen en tierras de propiedad privada palestina, pastorean su ganado en ellas y, además, bloquean el acceso a parcelas cultivadas durante generaciones.
De este modo, según las autoridades locales palestinas sostienen que estas acciones forman parte de una estrategia de apropiación progresiva. “Todos somos objetivo”, afirma el alcalde en funciones, Khaldoun Hanna, quien advierte de una “grave escalada” que afecta a los cerca de 1.500 habitantes palestinos de la localidad.
Como consecuencia, miles de hectáreas de tierras agrícolas palestinas han quedado inaccesibles, mientras que otras están siendo utilizadas por colonos israelíes. Asimismo, se han registrado ataques contra viviendas y vehículos de residentes palestinos, así como contra infraestructuras económicas.
Los residentes afirman que los ataques se han intensificado desde octubre de 2023. El exalcalde Suleiman Khoury describió repetidos ataques contra su propiedad, que incluyen almendros arrancados de raíz, robo de equipos y ganado pastando en su viñedo.
“La tierra es muy valiosa para nosotros”, dijo. “Si nos la quitan, no nos quedará nada”.
La identidad histórica de la ciudad también está en peligro. Taibe, ciudad que tradicionalmente se cree que albergó a Jesucristo, ha sufrido ataques contra viviendas, vehículos e incluso partes de la histórica iglesia de San Jorge, además de pintadas racistas.
El Comité Presidencial Superior para Asuntos Eclesiásticos en Palestina ha advertido que tales ataques amenazan la presencia cristiana en el territorio, e insta a la comunidad internacional a tomar medidas para proteger a los civiles.
A pesar de la creciente presión, los residentes insisten en que no se irán, y describen su lucha como una cuestión de supervivencia e identidad.







