Para el Gobierno, el hecho de que los jubilados estén pagando una buena parte del ajuste fiscal es algo normal y esperable, lo cual desde ya que choca de lleno con el slogan de campaña acerca de que las medidas económicas afectarían a «la casta». El presidente, Javier Milei, en una entrevista televisiva, y el vocero Manuel Adorni, justificaron que «el segmento etario que menos pobres tiene es el de los jubilados». Menos sensibilidad en un momento socioeconómico dramático, imposible.

Al mismo tiempo, el Gobierno oficializó este viernes la entrega de un bono de 70 mil pesos para los jubilados. Para quienes cobran la mínima (134.445 pesos), el bono será entregado en su totalidad, pero para quienes perciban mejores haberes, el monto será entregado en parte hasta llegar al tope de 204.445,30 pesos –nuevo valor del haber mínimo–, que es menos de la mitad de la Canasta Básica de enero último (596.823 pesos), según establece el Decreto 177/2024 que lleva la firma de Milei, el jefe de Gabinete, Nicolás Posse; y de la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello.

Si se suma el bono al incremento del 27,18 por ciento en jubilaciones y pensiones a partir de marzo, se calcula que las jubilaciones acumulan para el mes próximo una caída del 33,8 por ciento en términos reales. Esto si se tiene en cuenta una canasta de inflación general, pero considerando el explosivo aumento de los medicamentos y de los alimentos, que son básicamente los dos bienes que más consumen los jubilados, el recorte del poder adquisitivo es mucho más profundo, ni hablar si además entra en juego cómo subieron las cuotas de las empresas de medicina prepaga.

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La contracara del profundo deterioro de las jubilaciones es el festín que están haciendo los laboratorios y otros actores de la cadena de valor de los medicamentos. Durante el mes pasado, los remedios volaron: el aumento entre los diez que más subieron fue del 31 por ciento, con picos del 83 por ciento y el 45 por ciento en apenas un mes, de acuerdo a los datos recolectados por el CEPA.

“El inicio de la era Milei y el auge de la desregulación económica trajo como consecuencia una fenomenal aceleración de los precios, con un impacto altamente negativo en el rubro de medicamentos”, indica aquel informe.

Contra los jubilados

El Gobierno parece aceptar esto alegremente: «El problema en Argentina es que todos se empobrecieron. ¿Sabés cuál es el segmento etario que menos pobres tiene en Argentina? Los jubilados«, dijo el jueves por la noche Milei en una entrevista a TN.

“Pero no podemos ajustar a los jubilados”, le contestó el periodista, que le remarcaba que con 200 mil pesos no se puede vivir. “Bueno, el problema es que no hay plata… Estás ajustando a los más chicos también, ahí hay más de 60 por ciento de pobreza«, contestó Milei. Para atajarse, el presidente dijo que la Ley Ómnibus, que planteaba una suba de impuestos, hubiera permitido que el ajuste sobre los jubilados no fuera tan fuerte. Así, el presidente presenta como una especie de «represalia» sobre la oposición algo que en realidad afecta ni más ni menos que a los jubilados.

A su turno, el vocero presidencial, Manuel Adorni, dijo que la Argentina estaba inmersa en un «túnel hiperinflacionario» y que el Gobierno de Javier Milei lo pudo evitar. Habló del «mal trago» del ajuste, especialmente sobre los jubilados.

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«Cuando se hace un ajuste de cinco puntos del Producto Bruto Interno (PBI) ocurre lo que ocurrió con el ajuste previsional, porque el gasto previsional es la mayor parte del presupuesto nacional. Ante un movimiento presupuestario lo que más se va a mover es el gasto previsional porque es lo más representativo del presupuesto».

La lectura de Adorni es correcta, ya que es imposible hacer tamaño ajuste fiscal –que economistas de toda índole consideran innecesariamente sanguinario– en un lapso tan breve sin afectar a las jubilaciones. Al mismo tiempo, pone al descubierto la estafa publicitaria de la campaña electoral, que se resume en el ya viejo lema «la casta tiene miedo».

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