Si la diplomacia internacional fuera una disciplina olímpica, Javier Milei acabaría de marcar un récord mundial imposible de superar: la gira perfecta del repudio. En un despliegue de vértigo y desfachatez, el presidente argentino irrumpió este miércoles en la capital española para completar su séptima travesía en diez meses, consolidando su estatus de paria político en el Viejo Continente. Lo que en la cabeza del libertario pretendía ser un victorioso desembarco para bendecir a las derechas locales a poco más de un mes de las cruciales elecciones generales del 29 de noviembre, terminó convertido en un auténtico papelón diplomático que dejó un tufo a incomodidad y vergüenza ajena a ambos lados del Atlántico.
Para entender el nivel de toxicidad política que irradia el mandatario argentino en la Península Ibérica, conviene radiografiar el tablero local. España transita el tramo final hacia las urnas en un ambiente de altísima tensión política tras el adelanto electoral. Las encuestas otorgan ventaja al conservador Partido Popular (PP), de Alberto Núñez Feijóo, aunque sin la mayoría absoluta que le permita gobernar en soledad, lo que convertiría al espacio de extrema derecha Vox, liderado por Santiago Abascal, en la llave indispensable para la gobernabilidad. Frente a ellos, el presidente del Gobierno y candidato a la reelección por el PSOE, Pedro Sánchez, resiste ondeando la bandera de las conquistas sociales y el crecimiento económico. En este escenario de orfebrería electoral, donde cada voto del centro indeciso cuenta como oro en polvo, la irrupción estruendosa de un presidente extranjero insultando a diestra y siniestra cayó en el bloque conservador español con la gracia de un elefante en una cristalería.
La jornada madrileña arrancó bien temprano en un desayuno informativo de la Nueva Economía Fórum, ante un auditorio donde brilló por su ausencia cualquier miembro de la plana mayor del PP o de Vox. Allí, lejos de guardar el más elemental decoro institucional, Milei ofreció una lección magistral de modales de taberna. Desatado, calificó al jefe del Ejecutivo español de “impresentable dictador”, “delincuente”, “ladrón” y “corrupto”, instando al liberalismo a “sacar a los socialistas a patadas” en la cita del 29-N para evitar que los españoles “se suiciden” votándoles.
Habló en un escenario que solo mostró un fondo azul oscuro, sin los nombres de las empresas que auspician el foro, que, según trascendió, no quisieron aparecer con él. “Desde mi lugar como presidente argentino pondero a la nación española porque es la que trajo la civilización occidental a América”, dijo.
No contento con agredir al anfitrión, el líder libertario dedicó parte de su repertorio a la prensa local, tachando de “corta intelectualmente y miserable política” a la periodista de la Cadena SER Julia Molina por el atrevimiento de indagar si su presencia estorbaba a la derecha tradicional y ultra.
Sin embargo, el instante cumbre de la esquizofrenia discursiva del mandatario argentino llegó al abordar el fenómeno migratorio. Con tono apocalíptico, denunció que la izquierda fomenta una “invasión” en las fronteras y enclaves como Ceuta para cosechar votos a costa de “incendiar monumentos ancestrales y desintegrar la sociedad europea”. El detalle —nada menor para cualquier analista con dos dedos de frente— es que, al escupir semejante proclama xenófoba, Milei decidió ignorar convenientemente la realidad de las decenas de miles de compatriotas argentinos que residen en España, muchos de ellos expulsados de su país por los resultados de las políticas que él mismo impulsa desde que llegó a la Casa Rosada.
La disparatada travesía continuó al mediodía en la Universidad Pública Rey Juan Carlos (URJC), donde el presidente argentino pretendía ofrecer una conferencia de pretendido perfil académico. Lo que encontró, en cambio, fue una impresionante muralla de dignidad estudiantil. Centenares de jóvenes se concentraron en el campus al grito de “Milei, fascista, estás en nuestra lista”, “Milei, rata, muérete” y “Fuera reaccionarios de la universidad”, acompañados por el retumbar de cacerolas, silbatos y pancartas que rezaban “Milei, das asco”. La Plataforma URJC por la Pública denunció que invitar a un personaje que ahoga el presupuesto universitario en Argentina supone hacer propaganda reaccionaria bajo el amparo institucional. En medio de momentos de fuerte tensión con la policía antidisturbios y forcejeos en las puertas del aulario, la comitiva presidencial tuvo que ingresar y retirarse a hurtadillas, en vehículos con vidrios polarizados y escolta reforzada, mientras los estudiantes los perseguían al clamor de “No pasarán”.







