Al homenaje a Francisco no asistieron ni el presidente Javier Milei ni su hermana Karina, secretaria general de la Presidencia, que permanecen de gira en Israel, donde el mandatario cantó un tema de Nino Bravo.

Mandó una carta en alusión a la fecha y recibió una protocolar respuesta de la Conferencia Episcopal. “Le agradecemos sinceramente sus palabras en esta fecha tan significativa”, dice la misiva de respuesta que cierra pidiendo por “el futuro de nuestra Nación, y especialmente por la paz en el mundo”.

Tampoco fue la vicepresidenta, Victoria Villarruel, cuya presencia estaba confirmada hasta último minuto. Se debería haber sentado a la par de Adorni, el funcionario nacional más cuestionado de las últimas semanas. Quiso evitarlo.

Las versiones más extendidas entre las fuentes libertarias advirtieron que, en la previa, Karina Milei bajó una orden desde el exterior: el gabinete debía viajar a Luján con el objetivo de opacar la imagen de la vice, que había anticipado su presencia.

Los ministros Alejandra Monteoliva, Diego Santilli, Mario Lugones y Carlos Presti entraron juntos, rodeando al polémico Adorni, para quien la ocasión iba a funcionar como una especie de blanqueo, en medio de los cuestionamientos por casos de corrupción que ahora provienen también desde dentro del propio gobierno.

Villarruel estuvo representada institucionalmente por Bartolomé Abdala, el presidente provisional del senado, y su inesperada ausencia le permite cumplir dos objetivos: evitar una foto incómoda con Adorni y ganar el centro de la conversación pública, justo lo que Karina Milei quería evitar.

Los insultos de Milei a Francisco son públicos desde sus tiempos de panelista de televisión, tanto como sus coqueteos con el judaísmo, un combo que hubiera vuelto incómoda su presencia en el homenaje. Villarruel, como contrapartida, es católica practicante.

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La otra ausente del gabinete nacional, en abierta rebeldía a Karina Milei, es la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, que en las últimas semanas viene practicando sucesivos gestos de autonomía.

Uno de ellos, que cayó muy mal entre sus colegas, fue el despido de su jefe de gabinete, Leandro Massaccesi, por acceder a uno de los escandalosos préstamos hipotecarios del Banco Nación. Es inevitable preguntarse como quedará esa relación después de hoy.

Pettovello tampoco tuvo una relación fluida con la iglesia. En los primeros meses de 2024 se descubrió que retenía en galpones mercadería por vencer, a pesar del hambre que campeaba en los barrios populares. Esas denuncias periodísticas derivaron en causas judiciales y en sucesivas sentencias contra Pettovello y otros funcionarios.

Para intentar descomprimir esa situación, Pettovello despidió al entonces secretario de Niñez y Adolescencia, Pablo De La Torre, otro hombre de estrecha relación con la curia.

Quienes se pusieron al frente de ese reclamo, “repartan la comida”, tan incómodo para los funcionarios, fueron los integrantes del Equipo de Curas Villeros, que respondían directamente a Francisco, y los más combativos e inconducibles Curas en Opción Preferencial por los Pobres (OPP).

El mensaje de Marcelo Colombo

Colombo actualmente preside la Conferencia Episcopal Argentina y, desde ese rol, encabeza también los reclamos del sector de discapacidad, cuya ley el gobierno incumple.

En su homilía, hizo centralmente un repaso del recorrido de Francisco durante su papado, desde su temprana presencia en Lampedusa, como gesto hacia los inmigrantes y refugiados, allá en 2013, a su ya célebre recomendación a los jóvenes en Río de Janeiro. “Hagan lío”, dijo entonces.

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Aunque ese fue el tono general, también se refirió a “aquellos que no lo trataron bien o no estuvieron a la altura” y llamó a terminar con “la agresividad permanente en el lenguaje y los gestos”.

Su homilía incluyó citas de las encíclicas de Francisco, como la que reivindica la importancia del diálogo para mantener unidas las comunidades, una crítica apenas solapada al ya desgastado estilo presidencial.

“Acercarse, expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar puntos de contacto, todo eso se resume en el verbo dialogar. Para encontrarnos y ayudarnos mutuamente necesitamos dialogar. No hace falta decir para qué sirve el diálogo. Me basta pensar qué sería el mundo sin ese diálogo paciente de tantas personas generosas que han mantenido unidas a familias y a comunidades. El diálogo persistente y corajudo no es noticia como los desencuentros y los conflictos, pero ayuda discretamente al mundo a vivir mejor, mucho más de lo que podamos darnos cuenta”, recordó en referencia a la Encíclica Fratelli tutti, n. 198 de Francisco.

Siguiendo esa línea de las eseñanzas del argentino, Colombo retomó la Exhortación apostólica, de la Encíclica Fratelli tutti, n. 202 en la que señaló: “La falta de diálogo implica que ninguno, en los distintos sectores, está preocupado por el bien común, sino por la adquisición de los beneficios que otorga el poder, o en el mejor de los casos, por imponer su forma de pensar. Así las conversaciones se convertirán en meras negociaciones para que cada uno pueda rasguñar todo el poder y los mayores beneficios posibles, no en una búsqueda conjunta que genere bien común. Los héroes del futuro serán los que sepan romper esa lógica enfermiza y decidan sostener con respeto una palabra cargada de verdad, más allá de las conveniencias personales. Dios quiera que esos héroes se estén gestando silenciosamente en el corazón de nuestra sociedad.”

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