Ediciones de la Flor sobrevivió a la censura durante la última dictadura militar argentina y a varias crisis económicas. Pero no pudo sobrevivir a la “emergencia librera”, un presente en que el papel cuesta cada vez más y dos grandes grupos concentran buena parte del mercado. Después de 60 años, la casa de Mafalda, Quino y Roberto Fontanarrosa, baja la persiana. Ana María “Kuki” Miller, su directora, habla del cierre mientras atraviesa un duelo. “Estoy como adormecida”, dice la economista de 82 años. La conmueve que sus clientes compren libros publicados hace medio siglo, pero lo que la trastorna es cerrar. La tristeza inicial bajó; la gravedad de la crisis, no.

“Nuestro sector es un desastre”

Las librerías están en una situación extrema: no se vende nada”, afirma. Las liquidaciones de las consignaciones muestran una caída que ya no admite eufemismos. Por eso comenzó a pedir que le devolvieran los ejemplares. La salida de Quino del catálogo de Ediciones de la Flor, el autor emblemático de la casa, golpeó en lo afectivo y en lo económico, pero las ventas ya habían caído en general desde el 2025 cuando la editorial tuvo que despedir a varios empleados.

Kuki lleva 56 años dedicada al libro y compara este final con la partida de un hijo que se independiza. Una puede estar contenta porque haga su propia vida, explica, pero el hueco queda. “Es cerrar una etapa importantísima. La ausencia no se puede dejar de sentir”. Miller aclara que la editorial nunca fue una inversión para “llenarse de plata”, sino una forma de intervenir en la cultura. “Por eso nunca me interesó vender la editorial: no soportaría verlo publicar libros que jamás elegiría, ni transformar el catálogo en otra cosa. Estoy muy orgullosa del trabajo que hicimos. Fueron 60 años y fue un muy buen ciclo. Hoy dos grupos dominan el mercado: las independientes construyen autores y, cuando los instalan, las compañías poderosas se los llevan. Un librero pequeño tampoco puede competir con una cadena de cincuenta locales”.

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Miller atravesó toda la mutación del oficio: empezó con libros hechos con plomo, pasó por las fotopelículas y llegó al archivo digital que va directo a la impresora. Pero el problema actual no es adaptarse: cayeron los lectores, la crisis expulsó compradores de las librerías, el papel se volvió prohibitivo y el libro digital cambió el escenario. La inteligencia artificial, agrega, representa un peligro para los derechos de autor.

La cuna de Caloi y Quino

La empresa que dirigió junto a su exmarido Daniel Divinsky –ya fallecido– publicó la obra de Fontanarrosa, Caloi, Maitena y Quino con quien terminó siendo familia. “Ingresé a la editorial el mismo año que Mafalda y lo publicamos durante unos 55 años. Quino era mi confidente”, asegura Miller a la que todavía le duele que los herederos llevaran su obra a otro sello. “Si Quino se levanta y ve lo que hicieron sus sobrinos… Él me dijo que mientras trabaje, yo sería su editora. Inicialmente dejó los derechos a la sobrina de su esposa, Alicia Colombo. Ella había trabajado con ellos 25 años y sabía perfectamente lo que Quino autorizaba. El mandato era por 30 años o de por vida, pero Alicia falleció dos años después que el autor, a los 56 años. Los sobrinos quedaron como herederos.

La pérdida de Quino tuvo un impacto económico evidente: era el autor que sostenía buena parte de las ventas de la editorial. Sin embargo, Miller insiste en que eso no determinó el cierre. “Lo determinante fue que ya no podía seguir con la editorial que yo quería. No me lo permitían la situación económica, el mercado ni la estructura editorial del momento”.

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Tampoco separa esa asfixia de la política nacional. “Este gobierno no tiene ningún respeto por la cultura ni aporta nada”, cuestiona. El cierre produjo una escena inesperada. De la Flor jamás había descartado ni saldado un libro. Conservó miles de ejemplares, aun los de menor suerte comercial, y gastó fortunas en depósitos. Ahora aparecen títulos de hace 50 años: por primera vez, ese patrimonio sale a la venta.

“Los pedidos, en vez de disminuir, aumentan. Muchas personas buscan el libro que las marcó hace treinta años, que perdieron o nunca volvieron a encontrar. Se quedan conversando con nosotros y cuentan qué lugar ocupó en sus vidas”. La venta seguirá durante septiembre y se extenderá a octubre. A finales de 2026 Ediciones de la Flor cerrará sus puertas, pero no se borrará. Queda en los lectores que hicieron de Mafalda una forma de pensar, en los autores que encontraron allí un lugar y en esos libros que resistieron medio siglo dentro de una caja para reaparecer justo al final.

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