No los unió el espanto sino el desastre, la huída o el refugio. Cuántos votos lleva perdidos ex Cambiemos en las elecciones provinciales. Proyección de números opinables y una pregunta: ¿qué rol cumplirá CFK en lo que viene?

Visto sin enrosques analíticos ni interpretaciones forzadas, la conformación final de las fórmulas presidenciales no es producto de grandes destrezas, talentos o picardías sino de puro fracaso. Fracaso devenido de uno mayor, colectivo y envolvente que es la larga crisis de representación política Fracasos que rondan lo miserable tanto en espacios políticos, proyectos o proyectuelos. Fracasos mayúsculos de nombres propios y marcas: Macri y Cambiemos, Alternativa Federal estallada, que es como decir la centrifugación de Sergio Massa, Miguel Ángel Pichetto (de aquí en adelante Miss Simpatía), Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey.

Alguien dijo por derecha que la designación de Miss Simpatía (a quien acompaña Carlitos Menem) implica una autocrítica de Macri –a criterio nuestro forzadísima y a regañadientes- y lo mismo dijo Jorge Asís sobre el medio paso al costado que dio Cristina, y tiene razón. Fue Cristina misma la que le dijo a Alberto Fernández “Yo divido” y la que insiste en que el mundo y la Argentina son otros. CFK advierte seguido que no hay que esperar –si gana su fórmula- años kirchneristas sino algo más suave, más humilde, más árido, más rosquero, menos audaz. Herencia recibida, mundo corrido a la derecha, sociedad argentina también corrida a la derecha –éxito cultural Cambiemos o global- cuyas fórmulas presidenciales incluyen dos xenófobos en una misma fórmula, híper mercadofílicos, una nueva izquierda unida por el espanto y la fórmula Espert espantosamente llamada “libertaria”.

Macri no “eligió”. Macri se quedó sin nada que ofrecer ni elegir. A las vueltas del Plan V siguió la danza patética de nombres de vices que circuló en las últimas semanas antes de que ungiera a Miss Simpatía. La especulación de nombres de vices posibles se pareció a esos programas futboleros de verano en los que periodistas chantas arriesgan 117 apellidos de jugadores que pueden pasar a River, Boca, San Lorenzo o Aldosivi. Vices radicales, famosos que arrastren siete votos, vices mujeres, vices radicales mujeres, Martín Lousteau, el salteño Urtubey, Patricia Bullrich, siguen firmas. Varios dijeron no, gracias, qué miedo.

Los radicales volvieron a quedar más achicaditos que el protagonista de The Incredible Shrinking Man (decía el pobre hombrecito: Yes, smaller than the smallest, I meant something, too. To God, there is no zero). Salió Pichetto a pura desesperación y desconcierto. Mis Simpatía, hombre inteligente, muy amargo y resentido, que perdió mal dos elecciones en su provincia seminatal (nacido en Banfield, emigrado a Río Negro), que no tiene ni votos ni territorio, pero que sí tiene altas capacidades de rosca y excelente relación con los mercados y con Comodoro Py, algo que expuso de manera brillante el senador Marcelo Fuentes –merece mayor prensa- en el programa del Gato Sylvestre.

En plena campaña, y según se dirima que Miss Simpatía pueda quedarse o no con su puesto en el Consejo de la Magistratura, solo con eso tiene un rol clave, a favor del oficialismo. Pero, ¿votos?, dudoso, se trate de peronistas y vaya a saber qué opinarán y sufragarán los radicales de base, sean jubilados de comités de barrio o muchachos de Franja Morada. Da toda la sensación de que los “rebeldes” Alfonsín, Storani y Casella se quejarán tan bajito que no serán oídos por nadie y menos por los grandes medios.

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Por la designación de Miss Simpatía se dice que ganó la batalla el ala política de ex Cambiemos –Frigerio, Monzó, Rodríguez Larreta- pero Mauricio es Macri y seguirá siendo Macri, un mediocre que no cree en la política y que se ha dejado conducir hasta ahora por Marcos Peña y Durán Barba. Su giro a la política o el realismo puede durar tanto como la fiesta de los mercados. En cuanto a Miss Simpatía, era esto o la posibilidad del destierro político.

Massita suelto

Sergio Massa tampoco eligió. No le quedó otra a partir de la sabia movida de Cristina de abrirse y cederle el paso a Alberto Fernández y poner en crisis a toda Alternativa Federal y parcialmente al macrismo (que a su vez, según reiteran varios encuestadores, creció desde que nació la fórmula F-F a golpe de polarización). Massa, el primer vanidoso, en disputa brava en esa materia con Lavagna, se cansó de repetir la bonita expresión “feria de vanidades”. Pero por más coacheo que practicó en EE.UU. y por más asesor catalán que lo convenció de hacerse opositor tenaz, adelgazó, se consumió, perdió perfil, fue perdiendo votos, lo gastaron en mil idiomas periodistas de todos los palos (por advenedizo, irresoluto, oportunista), lo fue apretando la mayor parte de su propia fuerza (políticos, intendentes) para sumarse a eso que ni siquiera puede llamarse poskirchnerismo.

Oh, Sergio. Ya no tenía a dónde ir. Okey entonces, a unirse con el peronismo y el post kirchnerismo de manera obligada. Eso sí, no sin antes pretender mostrarse como alto líder con su propia fuerza sobreofertada y su propia identidad, diciendo que era él quien convocaba a una coalición (la primera fue Cristina, hace mil años, en la primera movilización a Comodoro Py), reiterando que era él quien quería proponer un “programa de gobierno”. Cuando Alberto Fernández lo sobró descaradamente en C5N invitándolo al famoso café, haciéndolo con enorme naturalidad, Massa quedó tecleando, sin poder abandonar su tono de muñeco de campaña. Medio enfurecido, fue tan mezquino que quiso quedarse con la última palabra chicaneando a Alberto F. con la referencia a Tigre campeón. Con elegante fallutería Alberto lo aplaudió. Sí, Massita, sí, felicidades.

Tan devaluado llegó al cierre final Massa que uno duda de que merezca el favor o intercambio político de ser el primer candidato a diputado bonaerense y mucho menos queda claro que merezca (pueda) conducir el futuro bloque peronista. Eso sin contar las coordinaciones y acuerdos finísimos que se necesitan para eso con el Ejecutivo (y el Senado que podría conducir Cristina). O sin contar cuánto puede demorar Massa en darse vuelta en caso de dificultades en el gobierno, que las habrá y muchas.

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Yo, Lavagna, y danza de números

En cuanto a Roberto Lavagna, cuyo lema fue El Consenso Soy Yo, ya viene cobrando parejo desde el establishment no solo por su vanidad sino por haber contribuido decisivamente a que implosionara Alternativa Federal. El mejor aliado de CFK, le han espetado, y ya le pega el periodismo hegemónico desde hace días para bajarle el precio y subir el de Macri. Menos apoyo empresario también, y la compañía opinable del socialismo, Barrionuevo y vaya a saber ya si Eduardo Duhalde, tres radicales y la señora Stolbizer, rayita miope en los ojos claros. Premio consuelo: el muy conservador Urtubey, quien se supone está bastante a la derecha del perfil mínimamente industrialista y mercado internista de Lavagna. Siguen pues los forzamientos de dudoso efecto político.

El que escribe puede pifiarla en la opinión que sigue: excepto la movida de CFK –que no deja de expresar una resignación a un gobierno menos osado- la designación de las otras fórmulas parece mucho más artificiosa y con menores posibilidades de arrastre de votos. En provincia de Buenos Aires Kicillof-Magario fidelizan aunque puede que no atraigan moderados, excepto los cachos insondables no tanto de Massa sino de dirigentes e intendentes de su espacio. No olvidar tampoco que la fórmula F-F viene (habría que mostrarlo más) con Solanas, Vicky Me Cambio y Voy Donda, movimientos sociales, sindicatos de respetables a espantosos. Nada de eso sucede con Cambiemos, electores muy solitos pero de a millares a los que Marcos Peña pretende aterrorizar a golpe de uasap.

Las encuestas últimas vienen jodidas, perversitas, nunca se sabe si operadas. Hablan de una mejoría de Macri sea por más polarización, dólar manso o la excusa que sea.

Como no sabemos decidir qué encuestas son serias, ni qué porcentaje de indecisos queda, ni cuánto podrá moverse el voto de aquí en adelante, vamos a algunas certezas. Ejemplo: gracias a la malaria que tira hacia abajo Macri, a Vidal se le complica su reelección en un territorio determinante (10 puntos de distancia a favor del kirchnerismo dijo Aurelio, 12 exageró el Gato Sylvestre). Los 10 puntos puede que funcionen para la fórmula presidencial pero no necesariamente para la gobernación.

La web electrónica El Economista publicó datos duros que sí permiten orejear mejor el futuro. Con solo las primeras diez elecciones provinciales a las que al macrismo-radicalismo le fue mal, ex Cambiemos perdió 427.860 votos en relación con los comicios de 2015. Los peronismos, en sentido contrario, sumaron 354.286 votos más que en ese año, “mientras que las fuerzas provinciales aumentaron en 105.788 su caudal electoral”. Incluso después, el domingo pasado, en Jujuy, Gerardo Morales ganó, pero perdiendo casi 53 mil votos de los 226.600 que obtuvo en 2015.

Mucho voto perdido hasta ahora, amiguites de ex Cambiemos.

En la segunda vuelta de 2015 la fórmula Macri-Michetti obtuvo casi 13 millones de votos, más que seguramente muy nutridos de los muchos votos que obtuvo Massa. La fórmula Scioli-Zannini obtuvo 12.309.575. Diferencia de 600 mil votos. Hecha la actualización con las elecciones del domingo pasado lo que perdió ex Cambiemos –dice algún medidor- son 600 mil votos y el peronismo recuperó 730 mil. ¿Cuántos votos de Massa (¡más de cinco millones en el remoto 2015!) ahora irían a F-F? Muy difícil saberlo. ¿Cuatro puntos de lo que conserve su espacio? ¿Qué es cuánto? ¿Cuatro puntos “decisivos”? Presuntamente, si hay segunda vuelta, a Macri irían casi todos los (¿pocos? ¿5, 6, 8 por ciento?) que obtenga Lavagna, más los libertarios, que de tan libertarios de pronto te votan en blanco con gesto de asco o ponen una feta de mortadela (o caviar) en la urna. Como sea, esos más de 600 mil votos que ya perdió ex Cambiemos, dato duro y real, más los que siga perdiendo en Santa Fe, Buenos Aires, buena parte del voto cordobesiano a Schiaretti  e incluso en Capital Federal, acaso esos sean los datos decisivos. Acaso. Si quieren más optimismo, y en caso de que efectivamente puedan votar, quedan por computar las nuevas oleadas de votos de jóvenes a incorporar en el padrón, que mayoritariamente no tienen particular simpatía por Macri.

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¿Y Cristina qué onda?

Para seguirla en alguna eventual nota futura añadimos como bonus-track cierta (mera) intuición sobre lo que está sucediendo con el rol de CFK. Aunque dos operadores suyos –Máximo Kirchner y Wado de Pedro- tienen roles centrales en las negociaciones con quien sea, y obviamente que son de su absoluta confianza, se la ve en la suya. Presentando Sinceramente en Santiago del Estero y disfrutando el cariño de las multitudes, preocupada por la salud de su hija Florencia y por los juicios que afronta. En principio, pero solo en principio, no se la ve, aunque vaya todos los días al Instituto Patria, en un rol centralísimo. Nadie nunca le preguntó ni a ella ni Alberto qué se dijeron o negociaron cuando CFK le ofreció la vicepresidencia. ¿Cuánto va a meterse CFK en el día a día del gobierno? ¿Qué le pidió o exigió Alberto al respecto? Ella anuncia que vendrán –como se escribió más arriba- tiempos menos épicos y más espinosos, lejanos del “Vamos a volver”. Él se mueve entre el liberal Guillermo Neilsen, Matías Kulfas y otros economistas progres y respetables. Pero también recibe presiones de los gobernadores que quieren “un gabinete federal” y puestazos estratégicos en el gabinete.

¿Preferirá CFK una tarea menos demoledora, la legislativa, que solía gustarle mucho, dado también su perfil institucionalista que la derecha le niega? ¿Se mantendrá levemente al margen? ¿Podrá con su genio? Hipótesis de respuesta: estas dudas también alimentan la idea de que el próximo gobierno, más peruca al centro que kirchnerista, será de transición moderada y no de banderas rojas, ticks de la revolución o implacable rocanrol.

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