El debate sobre los datos estadísticos publicados por el INDEC (actividad, inflación, consumo, pobreza, etc) se multiplicó en los últimos meses. En relación al consumo privado, el presidente Javier Milei festejó el “récord histórico” alcanzado en 2025. En el streaming Carajo, el ministro de Economía, Luis Caputo, agregó: “con todo respeto se los digo a los periodistas, esto ya roza lo absurdo, porque instalan que estamos en una de las peores semanas del Gobierno cuando estamos en récord de actividad, récord de consumo”.
La sensación térmica ciudadana es bastante distinta. Según los sondeos de opinión, la mayoría de los encuestados afirma que los bolsillos están cada vez más flacos. Por caso, el último trabajo conjunto de Alaska y Trespuntozero revela que apenas un 20,6 por ciento -del universo consultado- sostiene que mejoró su situación económica personal respecto a 2023. Ese porcentaje sube al 31,8 por ciento sumando a los que dicen estar igual de bien. En la otra punta, el 66,4 por ciento contesta que están peor o igual de mal. El interrogante que surge entonces es acerca de por qué se genera esa distancia entre la percepción social y los datos oficiales.
Veamos los números. En efecto, el INDEC reportó una suba del 7,87 por ciento del consumo privado en 2025. Dicho esto, los datos agregados deben ser leídos con cuidado para no extraer conclusiones equivocadas. Como dice un viejo refrán, “el diablo está en los detalles”.
El escritor Eduardo Galeano decía que “desde el punto de vista de las estadísticas, si una persona recibe 1000 dólares y otra no recibe nada, cada una de esas dos personas aparece recibiendo quinientos dólares en el cómputo del ingreso per cápita”. Esa lógica también aplica al consumo agregado. Por ejemplo, el consumo de leche cayó cerca del 13 por ciento (en 2025), pero creció muy fuerte la venta de autos de alta gama (Audi, BMW, Mercedes Benz, Volvo, Lexus, Alfa Romeo).
En particular, las ventas de BMW crecieron más del 100 por ciento y se registró un récord histórico de patentamientos de Ferraris en la Argentina. Menos leche, más Ferraris, delicias de un país dual.
Más allá de eso, el ítem “consumo privado” también incluye cuestiones tales como el pago de servicios públicos (que crecieron por la eliminación de subsidios) y financieros (que aumentaron por la toma de créditos para compensar la caída de ingresos y/o el incremento de la tasa de interés). El mayor gasto destinado al pago de las tarifas y/o a la cancelación de deudas financieras, no implica una mejora en la calidad de vida familiar.
En esa línea, la consultora Empiria estima mensualmente la proporción del presupuesto hogareño destinada a la cobertura de los gastos fijos (alquiler, expensas, servicios, transporte). En febrero de este año, los hogares habían destinado un 23 por ciento del ingreso familiar a la cobertura de gastos fijos. Hace un año, ese ratio era del 15,3 por ciento. El ingreso disponible resultante, luego de pagar los gastos fijos, viene cayendo en siete de los últimos ocho meses.
Por otro lado, el último informe de la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia (Bapro) da cuenta de la caída del consumo masivo en la Provincia de Buenos Aires. En febrero, el consumo cayó 9,5 por ciento real interanual, encadenando el décimo retroceso mensual consecutivo. El estudio del Bapro agrega que hay una “tendencia de mayor utilización del financiamiento para sostener los niveles de gasto”.
En otras palabras, las tarjetas de crédito se utilizan cada vez más para financiar consumos básicos. En el primer bimestre, las tarjetas incrementaron su participación en el consumo total en 5 puntos porcentuales, respecto del mismo período de 2025. En relación al primer bimestre de 2024, el crecimiento fue de 13 puntos porcentuales.
En síntesis, la foto actual muestra mayor consumo suntuario, menor consumo masivo e incremento del endeudamiento y de la mora. ¿Cómo seguirá la película?







