Modelo, conductora, vedette, trabajadora sexual, mujer de la noche y mediática son algunas de las palabras que podrían definir a Natacha Jaitt. Caótica, irresponsable y parte de un libreto en donde -por lo menos desde su regreso a Argentina en 2007- el escándalo y la transgresión fueron la constante hasta el día de su muerte: el 23 de febrero de 2019 en circunstancias todavía no esclarecidas. Nadie olvida que Natacha Jaitt dijo en un tuit de 2017 que si aparecía muerta no se habría suicidado ni habría tomado drogas sino que habría sido asesinada. 

En el siglo XIX un dedo podía apuntar a una bruja, lo fuera o no, y condenarla a la hoguera al instante. Era una operación simple y en la que no se requerían atribuciones más que el género masculino para adjudicarle esa cualidad a cualquier mujer que se saliera del molde. ¿Habrá sido Natacha señalada aquel sábado santo 31 de marzo de 2018, en un día de contemplación del misterio de Jesús en el sepulcro, en la mesa de almuerzos y cenas más importante de la televisión argentina? ¿Podía una mujer como Natacha Jaitt investigar por motu proprio sobre la existencia de una red de pedofilia en Argentina? ¿Era posible que le creyeran al denunciar a referentes de la televisión, periodistas o personalidades de la política? ¿Fue marginal dentro del sistema mediático al que perteneció?

Su nombre vuelve al convite mediático porque ayer finalmente, después de 4 años y de miles de intentos fallidos, pudo verse el contenido de su tablet. Para la justicia el caso estaría resuelto salvo por lo que pudiese encontrarse en el dispositivo de Natacha. En el expediente, su muerte esta tipificada como “muerte por sobredosis”.

Su perfil podría ser un intento de atar cabos con nudos que parecen inalcanzables, sobre todo desde ese sábado santo en el que Natacha fue invitada a una cena que cambiaría los diez meses de vida que le quedaban: “¿Cómo va señora Natacha? ¿Qué tiene para decirnos?” le preguntó Mirtha Legrand con su tono robusto. Ella respondió: “¿Me querés preguntar?”.

Días después, la señora que encabeza las mesas de almuerzos y cenas de famosos desde hace más de 50 temporadas, dijo públicamente que desde su producción “la tuvieron que convencer para que Natacha fuera al programa, porque ella no quería”. Es que el programa se le fue de las manos, Natacha encendió un ventilador sin aviso que hizo volar nombres de personalidades reconocidas a lo pavote y hasta los panes de la mesa.

En los primeros minutos de la emisión el aire se cortaba con cuchillo: “¿Querés que te haga un resumen?”. Mirtha le dijo que espere, pero Natacha estaba ansiosa, tenía papeles en la mano que son la prueba de la denuncia que hizo en la UFI N° 4 de Avellaneda por los casos de abusos infantiles en el Club Independiente. A partir de ese momento, los comensales la miraron raro, Natacha ya estaba camino a su hoguera.

Los invitados al programa de Mirtha: Gustavo Grabia, Natacha Jaitt, Dalal Massad, madre de un soldado identificado en Malvinas y la notera Mercedes Ninci.

El lunes siguiente a ese sábado (que tiene doce millones de vistas en YouTube), Mirtha abrió el programa pidiendo disculpas a todas las personas que Natacha había nombrado. Y de ahí en adelante fue estigmatizada: a pocos le importaba si lo que había dicho era verdad, sino mirarla con ojos desconfiados por lo incorrecto e inesperado de sus denuncias. Pasó a ser sospechosa, loca, desquiciada.

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La causa por los abusos infantiles en el Club Independiente salió a la luz a principios de 2018 a partir de una denuncia de un chico de la categoría 2001. La investigación comenzó tras la presunta existencia de una red de pedofilia que trascendía a clubes de fútbol e iba mucho mas allá. Tras dos años y medio, la fiscalía solicitó la elevación a juicio de los seis imputados en la causa. Hasta el momento no hay fecha de juicio y cada hecho debe juzgarse en una jurisdicción diferente y no como un expediente conjunto. Esto significó un debilitamiento importante para la causa y para la hipótesis que desplegó Natacha Jaitt ese sábado de 2018.

LA HIJA DEL CABALLERO ROJO

Natacha Jaitt era hija de uno de los “Titanes en el Ring”, un programa de lucha libre de la década del 70´: “Yo me crié con el Caballero Rojo y saltando para que no venga la momia negra, pero en mi casa era todo muy rígido” dijo en una entrevista a propósito de su infancia. De su madre hablaba muy poco, lo hizo en una charla con Pamela David en 2017 diciendo que era “mitómana y cleptómana” y que los había abandonado a Ulises y a ella de muy chicos.

En 2004 Jaitt fue finalista de la edición española de Gran Hermano. No ganó, pero su picardía fue detectada por empresarios de medios y al poco tiempo fue contratada para trabajar en “Crónicas Marcianas”, un show conducido por Javier Sardá y emitido por Telecinco. Un año más tarde debutó como conductora del ciclo «Consultorio sexual», en la señal Playboy TV.

En 2008 y ya de regreso al país, participó del ciclo «Bailando por un Sueño» y a partir de ese momento fue acomodándose en la televisión. Tal es así que en ese mismo año visitó el programa de Chiche Gelblung y tuvo un orgasmo en vivo: “Me gusta tener orgasmos, no me gusta tener una relación sexual y no haberlo sentido” dijo Natacha y el conductor un poco avergonzado pero sin dar el brazo a torcer le preguntó: “¿podrías tener un orgasmo ahora”? Ella le respondió que sí. Y lo tuvo.

Su carrera continuó de la mano de Gerardo Sofovich con quien no terminó bien porque según ella “él se había enamorado”. Hizo teatro, radio y giró por los programas de televisión de espectáculos hasta que a partir de las denuncias de abuso infantil en el Club Independiente, la producción del programa de Mirtha la invitó a ese inolvidable programa.

Después de su intervención en la mesa, Natacha pasó a ser una mediática marginal. La señora Legrand no quería que nada de lo que pudiese saber Natacha Jaitt salpicara su vínculo con el medio y por sobre todo, con muchas de las personas que había mencionado en la cena. El lunes siguiente ella y su nieto pidieron disculpas públicas a los supuestos afectados y le soltaron la mano a Natacha. Mirtha llegó a decir que ella no quería invitarla a su programa y que la “habían convencido”.

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LAS PURAS COINCIDENCIAS

Lourdes Di Natale fue secretaria de Emir Yoma y se habría ocupado de muchos asuntos de Carlos Menem cuando era presidente. Murió tras caer de un décimo piso el 3 de marzo de 2003.

Ella tomaba apuntes y fue testigo clave en el juicio por tráfico de armas a Ecuador y Croacia. El juicio tuvo 14 procesados, entre ellos el ex presidente y su cuñado, Emir Yoma. Di Natale llevó a la justicia agendas que tenían data de la interna peronista y de  su etapa como secretaria. El juicio oral recién se llevó adelante en 2008 y terminó tres años después con todos los procesados absueltos. En 2013, la Cámara Federal de Casación Penal confirmó la condena de Carlos Menem que fue ratificada en 2017, aunque el ex presidente pudo postularse como senador gracias a los fueros y a que el fallo en ese momento no estaba firme.

Lourdes Di Natale. Su muerte tiene muchos puntos en común con la de Natacha Jaitt.

Di Natale y Jaitt tienen tres cosas en común: la muerte dudosa, secretos del poder y el rally mediático. Según la causa, Natacha Jaitt murió producto del consumo combinado de sustancias en un cuerpo deteriorado. Había ido a una reunión de trabajo en el boliche Xanadú y a las pocas horas apareció en una cama, desnuda y sin vida. Su hermano, Ulises Jaitt sostiene que a Natacha la mataron pero desde hace cuatro años da pelea contra una justicia que, según él, defiende a grandes sectores de poder.

Di Natale tenía 43 años cuando cayó de un décimo piso del edificio donde vivía en la calle Mansilla 2429, del barrio de Recoleta. Tenía previsto declarar ante la justicia y su muerte fue atribuida a una disputa vecinal. Según los residentes del edificio, Di Natale cayó al vacío cuando intentaba cortar el cable de señal de televisión a unos vecinos con los que mantenía un conflicto por una filtración en la pared. La reconstrucción hecha con un muñeco demostró que ninguna persona podría haber llegado al lugar donde Di Natale fue hallada sin la ayuda de otra persona.

Hasta 2008 la causa permaneció carátulada como “suicidio” hasta que la Cámara de Apelaciones ordenó reabrir el expediente y designó a la jueza Fabiana Palmaguini, quien también archivó el expediente. En 2015, la Corte Suprema reabrió la investigación y en 2017 fue archivada nuevamente sin ninguna precisión de qué fue lo que ocurrió.

Las brujas siempre saben

Las locas o las brujas, las que saben algo desde “adentro”, una de la noche y la otra de una de las oficinas del corazón menemista. Otro punto en común: las dos sabían que podía “pasarles algo”. Natacha lo advirtió en uno de sus tuits la semana posterior a su intervención en la mesa de Mirtha: “No me voy a suicidar, no me voy a pasar de merca, no me voy a ahogar en una bañera, no me voy a pegar un tiro. Asi que si eso pasa yo no fui. Guarden Tuit”. A los diez meses la pericia decía que Natacha padecía de una miocardio fibrosis con una cardiopatía crónica, enfermedad por la cual su cuerpo no resistió la injerencia de cocaína. Gustavo Delia, actual abogado de Ulises Jaitt, sostiene que presentaron los estudios que Natacha se había hecho 90 días antes de su muerte y que no había registro de ninguna enfermedad.

Lourdes Di Natale también reparó en hacer pública la posibilidad de que alguien le hiciera daño por la información que tenía. En una entrevista realizada por Página 12 a principios de los 2000 frente a la pregunta de ¿qué documentos tiene? ella responde: “Los tengo en cajas de seguridad. Y videos. Yo me autofilmé contando todo esto por si me pasaba algo y los videos están en el exterior”.

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Aquella noche de sábado hubo dos situaciones que quedaron en el olvido pero que le suman un ribete más al perfil de Natacha Jaitt. Detrás de cámara y acompañando a Natacha no solo estaba su inseparable hermano Ulises sino también Ana Polero. La mujer fue presentada como su asesora de imagen. Pero no se trataba sólo de una vestuarista, había sido también empleada de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) durante el 2017.

La segunda situación fue otra de las cosas que dijo esa noche Natacha: aseguró haber hecho trabajos para empresas privadas en distintas investigaciones, algo por lo que posteriormente fue acusada por realizar tareas de inteligencia por fuera del control judicial y del Estado.

A Ana Polero se le atribuyó ser la responsable de controlar la operación, incluso la Comisión Provincial de la Memoria participó de la imputación contra ambas. Pero pocos días después de ese sábado, Natacha publicaba en un tuit que desconocía el paradero de Polero: “Y les cuento que Ana Polero desde esa noche, desapareció, no me escribe, no me llama. No tengo nada que ver ahí. Son años de conocerla, pero nada más, de forma maternal siempre estuvo conmigo ya que no tengo madre. Esta es mi verdad”.

El fiscal Guillermo Marijuan dijo sobre la causa: “Se investiga la existencia de un grupo vinculado a los servicios de inteligencia que estaría operando y habría motivado a Jaitt a denunciar falsamente e involucrar a distintas personas”. Pero la historia no terminó ahí: cuando el juez Ramos Padilla allanó la vivienda de Marcelo D’Alessio (quien está preso desde 2019 por extorsión, tráfico de influencias y asociación ilícita) encontró una carpeta llamada Operación Jaitt. La Comisión por la Memoria describió el contenido de esa carpeta en un informe que detalla: «El documento analizado podría corresponder a una acción de contrainteligencia, es decir, detectando una supuesta operación de inteligencia con el objetivo de neutralizar a Jaitt. La supuesta operación mediática y de inteligencia habría sido pergeñada por un ex funcionario de la AFI y del Ministerio Público Fiscal de la Nación, el Dr. Eduardo Miragaya, en articulación con personajes públicos como la Srta. Natacha Jaitt y la Sra. Mirtha Legrand, entre otros, en marzo de 2018”.

Nadie sabe cuando se comenzó a acumular la yesca ni quien empezó a soplar el fuego, lo cierto es que de la vida y de la muerte de Natacha todavía salen chispas.

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