El Acuerdo de París constituyó uno de los pactos más relevantes en materia de calentamiento global. Suscrito en 2015, las autoridades de casi 200 países se comprometieron a limitar la emisión de gases de efecto invernadero. El objetivo: que la temperatura no superase el 1,5 grados de incremento con respecto a la era preindustrial (1850-1900). Esta semana, un nuevo estudio internacional, que nuclea aportes de científicos y científicas de 17 naciones, anuncia que ese compromiso se quebrará en 2030. Esto es: en cuatro años, por la acción del ser humano, el mundo romperá esa barrera que se visualizaba infranqueable y alcanzará un punto de noretorno. A nivel geopolítico, el juego está trabado: más allá de que hay buenos intentos por parte de naciones centrales de recambiar sus matrices energéticas, hay potencias como Estados Unidos que solo se dedican a embarrar la cancha. Para colmo, Argentina sigue el mismo rumbo y desobedece la enorme cantidad de evidencia científica acumulada. En voz del propio Milei, el calentamiento global “es un invento del socialismo”.

El aporte, publicado en la revista Earth System Science Data, reúne la contribución de 70 científicos, provenientes de 56 instituciones repartidas en 17 países distintos. De acuerdo al informe “el sistema climático se está calentando a un tiempo récord” con impactos notables en ecosistemas y océanos. Hacia el final de la década, el mundo superará el límite de 1,5 grados de aumento de temperatura con respecto a la era preindustrial que los representantes de casi 200 naciones se habían puesto como límite. De hecho, el 2025 fue el tercer año más caluroso desde que se tiene registro.

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Titulado “Indicadores del Cambio Climático Global” (IGCC), el informe indica que ya se ha llegado a 1,37 grados para 2025 y que hacia 2030 se podría superar la barrera del 1,5. Además, asegura que en los últimos años el calor se ha acumulado en el sistema climático a una velocidad que duplica lo observado en las últimas décadas. Conocido como «desequilibrio energético», constituye un indicador fundamental porque sirve para comprender el ritmo que adquiere el problema.

Más resultados desalentadores

En paralelo, los expertos y expertas que participaron del trabajo señalan que las emisiones de gases de efecto invernadero están en un máximo histórico, alcanzando los 56.800 millones de toneladas. Es decir: lejos de cumplir con las obligaciones contraídas en los foros internacionales, los Estados incrementaron la contaminación. La quema de combustibles fósiles continúa siendo la responsable y, aunque algunas naciones desarrollan matrices de alternativa, los esfuerzos realizados no son suficientes y no culminan por inclinar la balanza en favor de una producción energética más verde y menos gris.

El estudio internacional aporta un nuevo dato que en trabajos pasados no era tan tenido en cuenta. Se trata de las olas de calor marinas, que pueden ser definidas como períodos de temperaturas oceánicas anormalmente cálidas y persistentes que provocan impactos en la vida marina. Si se compara lo que sucedió en 2025 en relación a 1991, los investigadores reportan que la cantidad de estas olas se ha triplicado, ya que se ha identificado su presencia en 65 días.

Como aporte adicional, el incremento global del nivel del mar también batió su propio récord. Se estima que subió 23 centímetros desde 1901, lo que se traduce en 1,8 mm al año. Aunque el cambio pueda parecer minúsculo, lo cierto es que una transformación de esta magnitud puede ser suficiente para multiplicar las inundaciones en zonas bajas de todo el mundo.

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Efectos que ya se pueden ver

Uno de los artículos más interesantes que mide los efectos concretos del cambio climático fue realizado, de manera reciente, por Mariano Rabassa y Christian García-Witulski, dos expertos de la UCA que aportaron datos contundentes. Según un artículo publicado en The Lancet Global Healthhacia mediados de siglo, las altas temperaturas podrían provocar entre 470 mil y 700 mil muertes prematuras adicionales por año.

Los investigadores realizaron un análisis pormenorizado de lo que sucede con personas de 156 países. Emplearon datos reunidos a partir de encuestas autodeclaradas realizadas entre 2000 y 2022, y a partir de allí proyectaron lo que sucedería en las próximas décadas. Entre los principales resultados advirtieron que cada mes que registra una temperatura media mayor a 27,8°C se traducía en el aumento de 1,44 puntos porcentuales de inactividad física. Esto es: si el calor se prolonga, empuja a las personas al sedentarismo y esto constituye un factor de riesgo decisivo para fallecimientos prematuros (es decir, de personas que mueren entre los 39 y los 65 años).

A las muertes y a la inactividad física, se le suman los impactos económicos. “La disminución de la fuerza muscular, el deterioro cognitivo y la mala calidad del sueño se traducen en un menor rendimiento laboral y un mayor absentismo”, destaca el artículo. En conjunto, hacia mediados de siglo y a nivel internacional, podría haber pérdidas de productividad anuales de entre 2.400 y 3.680 millones de dólares.

El cambio climático desnuda las flaquezas de la diplomacia internacional como espacio de resolución de conflictos. Desde 1995, las autoridades de casi 200 naciones se reúnen cada año para ponerse de acuerdo en desarrollar estrategias globales para combatir los incrementos constantes de temperatura y sus efectos devastadores en las poblaciones. El Acuerdo de París, que hasta hace poco era recordado como un mojón importante a partir del cual construir una gobernanza global, ya comienza a escurrirse de la memoria. Es que el calor derrite hasta las mejores intenciones.

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