Doce personas, entre ellas la mano derecha del narcopiloto peruano Julio Andrés Rodríguez Granthon, preso en el penal federal de Ezeiza, fueron detenidas durante una operación llevada adelante por la Policía Federal Argentina (PFA) y la Procuraduría de Narcocriminalidad de Rosario.

Esta organización, según fuentes judiciales, era la mayor proveedora de drogas de la banda «Los Monos» y también estaba vinculada comercialmente con el narco clan Alvarado.

El grupo cayó luego de diez meses de investigaciones y una treintena de allanamientos en la ciudad de Rosario. Al cabo, fueron identificados los integrantes de la cúpula de mando, de la estructura logística y los responsables del lavado de activos del grupo criminal.

De acuerdo con los voceros, el operativo desplegado por un grupo de elite del Departamento de Investigaciones Especiales de la PFA incluyó una innovación en la modalidad de despliegue de la Fuerza Federal.

Esto se debe a que los allanamientos «fueron ejecutados de forma quirúrgica y a lo largo de 72 horas», lo que permitió mantener el secreto de las operaciones en conjunto y el monitoreo de los movimientos de los investigados.

Cómo funcionaba la organización narcocriminal

A partir del análisis de los elementos secuestrados y las declaraciones obtenidas, los detectives de la Policía Federal lograron determinar que el liderazgo de la organización estaba a cargo de Rodríguez Granthon.

El narco se encuentra alojado en una celda del Complejo Penitenciario Federal I de Ezeiza, desde donde continuaba enviando las órdenes para llevar a cabo las maniobras delictivas.

Por su parte, «el principal ejecutor de esas órdenes» era, según fuentes judiciales y policiales, Facundo Ariel Pérez, alias «Jirafa», un hombre con antecedentes por drogas y casos de sicariato, que ya estuvo detenido y cuenta con tres evasiones de distintos penales en 2018, 2019 y 2022. Entre otras tareas, daba órdenes para la entrega de estupefacientes y las cobranzas, y se encargaba también de controlar las cuentas de la organización.

Entre los eslabones intermedios de la estructura criminal se identificó a Bruno Ayala, que se encargaba -junto a otra persona aún prófuga- de la recaudación del dinero y posterior compra de divisas extranjeras que se destinaba a la adquisición de las drogas en cantidad.

Como encargados de la logística, acopio y posterior distribución de las sustancias estupefacientes, los investigadores señalaron a Mauricio Petrini, Raúl Carli, Matías Aguirre, Darién Mereles y Flavio Di Bella.

En la estructura inferior de la organización criminal, fueron identificados Ubaldo Pérez, Marcelo Núñez y Claudia Villalba, quienes quedaron acusadas de comercializar la droga en los puntos de venta ubicados en la ciudad de Rosario y alrededores. Y a partir del peritaje telefónico del Rodríguez Granthon, se identificó finalmente a David Blanco Suárez y a otra persona aún prófuga, como quienes financiaban la compra de sustancias estupefacientes.

Cuál fue el elemento clave en la investigación

Un teléfono celular secuestrado a Rodríguez Granthon en su celda del Penal de Ezeiza en agosto del año pasado fue el elemento fundamental que permitió iniciar las investigaciones que llevaron a la detención de 12 integrantes de la banda y cuyos mensajes a través de WhatsApp revelaron el supuesto tráfico de 200 kilos de cocaína, que identificaban como “200 pollos”.

“Dale, te dejé mi camioneta con los 200 pollos, descargamos eso” (sic), indica el mensaje que Rodríguez Granthon le envió el 7 de julio del 2022 a su mano derecha, Facundo Ariel Pérez, y que quedó registrado en el teléfono celular Samsung Galaxy J2 Core que se le secuestró al principal sospechoso en su celda, en el Complejo Penitenciario Federal I de Ezeiza.

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Rodríguez Granthon, condenado a 12 años de prisión por narcotráfico, fue uno de los delincuentes más temidos de Rosario, proveedor de la banda de “Los Monos” y del capo Esteban Lindor Alvarado.

Su nombre tomó gran trascendencia en el operativo “Coronas Blancas” de la PFA y en la trama del homicidio del pastor evangélico y ex concejal rosarino Eduardo Trasante, así como en el crimen de Maximiliano Jerez, el chico de 12 años muerto a tiros en medio de un enfrentamiento de bandas en el barrio Los Pumitas, en la zona norte de Rosario.

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